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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Karen Horney: la mujer que le devolvió la pregunta a Freud


El 16 de septiembre de 1885 nació en Blankenese, cerca de Hamburgo, la mujer que se atrevería a hacer lo que casi ningún psicoanalista de su generación se permitió: cuestionar a Freud desde adentro del propio movimiento que él había fundado.

Una infancia bajo la mirada de un padre severo

Karen Danielsen —su apellido de nacimiento— creció en un hogar donde su padre, un capitán de barco mercante noruego, protestante y conservador, criticaba abiertamente su inteligencia, sus intereses y su apariencia. Su madre, holandesa, era una mujer más libre de pensamiento, pero también atravesada por sus propios conflictos emocionales. Karen, más cercana a ella, resumió su respuesta a esa infancia con una frase que se volvería célebre: "Como no pude ser bonita, decidí que sería inteligente".

En 1906, contra los deseos explícitos de su padre y las convenciones de la época, entró a la escuela de medicina. En 1909 se casó con Oscar Horney, con quien tuvo tres hijas, y hacia 1910 comenzó a formarse en la recién creada Asociación Psicoanalítica de Berlín, fundada por Karl Abraham, uno de los discípulos más cercanos de Freud.

Cuando su propio análisis se usó en su contra

Aquí está uno de los episodios menos conocidos —y más incómodos— de su historia: Karl Abraham fue, durante un tiempo, el propio analista didáctico de Karen Horney. En 1920, en el VI Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en La Haya, Abraham presentó una comunicación titulada "Manifestaciones del complejo de castración femenino", en la que afirmaba que muchas mujeres reprimían el deseo de ser hombres y rechazaban su identidad sexual —una tesis que, en parte, construyó a partir de lo recogido en el propio análisis de Horney.

Es decir: la teoría de la "envidia del pene" que ella dedicaría buena parte de su carrera a desmontar se apoyó, en sus primeros pasos, en material extraído de su propia terapia. Pocos datos ilustran mejor por qué Horney terminó desconfiando de un sistema que pretendía explicar la psicología femenina exclusivamente a través de una mirada masculina.

"¿Envidia de pene? No, desigualdad"

A medida que Horney trataba a sus propias pacientes y realizaba sus estudios en el Instituto Psicoanalítico de Berlín —del que fue una de las fundadoras en 1920—, la conducta real de las mujeres que veía en consulta no encajaba con lo que la teoría freudiana predecía. Entre 1922 y 1935 escribió catorce trabajos donde refutaba sistemáticamente la tendencia antifeminista de Freud, enfatizando causas sociales y culturales por sobre las biológicas en la psicología femenina.

Su argumento central era demoledor en su simpleza: las mujeres no envidiaban el pene de los hombres. Envidiaban su independencia, su poder y los privilegios que la sociedad les reservaba solo a ellos. El "sentimiento de desventaja" no era un hecho psíquico primario y universal, como sostenía Freud, sino la consecuencia lógica de desventajas reales y concretas: económicas, sociales, legales.

Horney fue incluso más lejos, dándole la vuelta completa al argumento freudiano: propuso la existencia de una envidia del útero (womb envy) —la idea de que son los hombres quienes, inconscientemente, envidian la capacidad femenina de gestar y dar vida, una "superioridad fisiológica absolutamente incuestionable", en sus propias palabras.

También cuestionó el Complejo de Edipo tal como Freud lo planteaba: para Horney, las dificultades emocionales entre padres e hijos no nacían de un deseo incestuoso reprimido, sino de una lucha de poder generacional dentro de la familia —una lectura mucho más social que sexual del vínculo familiar.

El precio de pensar distinto

En 1932, a los 47 años, emigró a Estados Unidos, primero al Instituto Psicoanalítico de Chicago y luego al de Nueva York. Allí publicó sus obras más influyentes: La personalidad neurótica de nuestro tiempo (1937) y Nuevos caminos en el psicoanálisis (1939). Fue precisamente por este último libro —que se apartaba cada vez más del marco freudiano ortodoxo en la formación de nuevos analistas— que el Instituto Psicoanalítico de Nueva York la apartó de la formación de estudiantes en 1941.

Lejos de retroceder, ese mismo año fundó su propia institución: el Instituto Americano de Psicoanálisis, que dirigió hasta su muerte. Se convirtió también en una de las precursoras de la psicología humanista —Abraham Maslow llegó a reconocerla explícitamente como una de sus fundadoras— y renovó la técnica terapéutica al cuestionar la relación jerárquica y autoritaria entre analista y paciente, apostando por una psicoterapia más colaborativa.

El olvido y el regreso

Karen Horney murió de cáncer el 4 de diciembre de 1952, en Nueva York, a los 67 años. A pesar de la fama que alcanzó en vida, su pensamiento cayó en un relativo olvido durante más de una década. No fue sino hasta 1967 —quince años después de su muerte— cuando se publicó Psicología femenina, una recopilación de los ensayos que había escrito décadas antes, que su obra volvió a circular con la fuerza que merecía. Para entonces, el movimiento feminista de la segunda ola encontró en sus escritos de los años veinte y treinta una base teórica que se había adelantado varias décadas a su tiempo.

📚 Bibliografía:

  • Horney, Karen (1967). Feminine Psychology. Nueva York: W. W. Norton & Company. (Recopilación póstuma de sus ensayos de 1922-1937).
  • Horney, Karen (1937). La personalidad neurótica de nuestro tiempo.
  • Horney, Karen (1939). Nuevos caminos en el psicoanálisis.
  • Horney, Karen (1945). Nuestros conflictos interiores.
  • Quinn, Susan (1987). A Mind of Her Own: The Life of Karen Horney. Nueva York: Summit Books. Aporte: la biografía académica de referencia sobre su vida y su ruptura con el círculo freudiano.

🔗 Enlaces de interés:

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

10 de septiembre: Prevenir el suicidio también es una tarea feminista


Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, instaurado en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, más de 800.000 personas mueren por suicidio en el mundo —una cada 40 segundos—, convirtiéndolo en una de las principales causas de muerte a nivel global, especialmente entre personas jóvenes.

Mirar esta cifra desde una perspectiva feminista no significa restarle gravedad al sufrimiento de nadie. Significa entender que el suicidio, como casi todo lo que atraviesa nuestras vidas, también está marcado por el género.

La paradoja de género en el suicidio

Los datos muestran un patrón que la propia OMS reconoce como una paradoja: las mujeres reportan más depresión, más ansiedad y más ideación e intentos de suicidio que los hombres, pero mueren por esta causa con menos frecuencia. Según cifras globales ajustadas por edad, la tasa de mortalidad por suicidio en hombres duplica o hasta cuadruplica la de las mujeres, dependiendo del país y la región, mientras que los intentos de suicidio son entre dos y tres veces más frecuentes entre mujeres.

Esta "paradoja" no tiene una explicación puramente biológica: tiene una explicación de género. Los estudios que analizan este fenómeno señalan factores como:

  • El mandato de masculinidad y el silencio: a los hombres se les enseña desde niños a no pedir ayuda, a no hablar de sus emociones, a resolver el dolor solos. Esa misma norma que los empuja a callar también los deja sin herramientas cuando el sufrimiento se vuelve insoportable.
  • La letalidad de los métodos: existe evidencia de que los hombres tienden a recurrir a métodos de mayor letalidad, mientras que las mujeres suelen usar métodos que dejan más margen para la supervivencia y la intervención médica a tiempo.
  • Las redes de apoyo: las mujeres, en general, mantienen más y mejores vínculos de contención emocional —amigas, familia, redes comunitarias— lo que puede actuar como factor protector frente a un intento ya iniciado, aunque no elimina el sufrimiento de base.

Los riesgos específicos que enfrentan las mujeres

Que las mujeres mueran menos no significa que sufran menos, ni que estén exentas de factores de riesgo propios. Al contrario: enfrentan un conjunto de violencias estructurales que inciden directamente en su salud mental:

  • La violencia de género, en todas sus formas —física, psicológica, económica, digital—, es uno de los factores de riesgo más documentados para la ideación e intento suicida en mujeres. La reciente Ley Olimpia en Argentina, que tipifica la violencia digital contra las mujeres, reconoce explícitamente su vínculo con la instigación al suicidio.
  • La sobrecarga de cuidados, la precariedad económica y la dependencia financiera —los mismos temas que hemos abordado antes en este espacio— son factores de estrés crónico que rara vez se nombran cuando se habla de salud mental femenina.
  • Los trastornos de conducta alimentaria y la presión estética, que afectan de forma desproporcionada a mujeres y niñas, están asociados a mayor riesgo de ideación suicida.
  • La discriminación por orientación sexual o identidad de género y la discapacidad elevan de forma significativa el riesgo en poblaciones ya de por sí vulnerabilizadas —la OMS identifica explícitamente al colectivo LGBTIQ+ y a las personas con discapacidad entre los grupos de mayor riesgo.

Prevenir con enfoque de género

Una intervención que ignora el contexto de la persona es una oportunidad perdida. Prevenir el suicidio con perspectiva de género no significa tratar a hombres y mujeres de forma distinta por capricho, sino reconocer que las violencias, presiones y mandatos que enfrentan son diferentes, y que las estrategias de prevención deben responder a esa realidad: espacios donde los hombres puedan hablar sin ser juzgados por su masculinidad, protocolos de salud mental que incorporen la violencia de género como factor de riesgo evaluable, y redes de contención que lleguen a quienes enfrentan discriminación múltiple.

Ninguna cifra ni ninguna teoría reemplaza lo más simple y lo más urgente: preguntar, escuchar sin juzgar, y acompañar. Hablar abiertamente sobre el suicidio no aumenta el riesgo de que ocurra —al contrario, según coinciden múltiples organismos de salud, reduce la posibilidad y puede ser la primera oportunidad real de ayuda para quien está sufriendo en silencio.

📚 Fuentes

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). "Día Mundial para la Prevención del Suicidio". who.int
  • Organización Panamericana de la Salud (OPS). "Día Mundial de la Prevención del Suicidio".
  • Canetto, S. S. y Sakinofsky, I. (1998). "The gender paradox in suicide". Suicide and Life-Threatening Behavior.
  • Infocop (2026). "La prevención del suicidio: avanzar desde la evidencia hacia la acción".
  • INEGI (2026). Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE) y estadísticas de mortalidad por suicidio, México.

🔗 Enlaces de interés

 

viernes, 31 de julio de 2026

El porno no educa, adiestra.

 

En los últimos años, la sociedad observa con una alarma creciente un fenómeno indiscutible: los agresores sexuales son cada vez más jóvenes, y las formas de agresión, más explícitas y violentas. Lo que antes se manifestaba principalmente en etapas adultas hoy salpica las aulas de educación secundaria y primaria. Niños y adolescentes reproducen conductas de acoso, agresiones grupales, coerción y violencia sexual física o digital a edades alarmantemente tempranas.

¿Qué está fallando en la formación de las nuevas generaciones? La respuesta apunta de forma directa a un factor determinante: la pornografía mainstream se ha convertido en el principal educador sexual de los jóvenes, operando en un marco de impunidad digital, daño neurobiológico y profunda incompatibilidad con la igualdad de género.

Plataformas Pornográficas: Lucro, Impunidad y Falta de Control de Edad

El acceso a internet a través de dispositivos personales ha adelantado la edad media del primer contacto con la pornografía a los 12 o 13 años. Sin embargo, la industria del porno online no aplica mecanismos efectivos de verificación de edad.

Para las grandes corporaciones pornográficas, el control de acceso se reduce a una casilla de advertencia ("Soy mayor de 18 años"). Esta intencionada permisividad responde a un modelo de negocio basado en la captación de usuarios desde edades tempranas. A las plataformas pornográficas no les interesa la salud mental ni la seguridad de la infancia; les interesa el tráfico web, la monetización de datos personales y la creación de hábitos de consumo adictivos.

El Impacto de la Pornografía en la Mente Joven

El cerebro adolescente se encuentra en una etapa crítica de plasticidad y neurodesarrollo. La exposición repetida a contenidos pornográficos violentos y machistas genera secuelas profundas en el plano cognitivo, psicológico y relacional:

  • Alteración neurobiológica: El consumo sistemático afecta a la corteza prefrontal (encargada del control de impulsos y la toma de decisiones), al sistema de recompensa y a las neuronas espejo, condicionando la capacidad de empatizar con la otra persona.
  • Distorsión del consentimiento y normalización de la violencia: Al presentar prácticas de sumisión, humillación o agresión como estándar de la relación sexual, se internalizan falsas creencias sobre el consentimiento, asumiendo el "no" como un mero trámite o una resistencia simulada.
  • Dificultad para establecer relaciones sanas: Promueve una sexualidad impersonal, desvinculada del afecto, que daña la autoestima sexual, favorece la adicción y genera aislamiento y soledad.

Cuando un menor consume sistemáticamente pornografía violenta, no está aprendiendo erotismo; está ensayando dinámicas de dominación y violencia sexual que después imita en sus relaciones reales.

Pornografía y Feminismo: Una Incompatibilidad Radical

Frente a discursos que intentan justificar o blanquear el consumo de pornografía bajo el paraguas del "empoderamiento" o la "libertad individual", la crítica feminista abolicionista señala la imposibilidad estructural de conciliar pornografía e igualdad.

  1. La pornografía como prostitución grabada: Etimológica y políticamente, la pornografía mercantiliza y cosifica el cuerpo de las mujeres, transformándolo en un producto de consumo sujeto a las leyes del mercado.
  2. El mito de la "libre elección": En una sociedad atravesada por la desigualdad socioeconómica y de género, el consentimiento contractual de las actrices no elimina la violencia ni la deshumanización que sustenta la industria.
  3. Mantenimiento de la cultura de la violación: La pornografía constituye una herramienta de aprendizaje social del patriarcado que naturaliza la subordinación femenina y legitima el acceso masculino al cuerpo de las mujeres.

Luchar contra la pornografía es una exigencia feminista central. No es posible construir una sociedad libre de violencia machista mientras el sometimiento de las mujeres siga siendo la principal forma de entretenimiento e instrucción sexual de los varones.

La Solución: Educación Sexual Integral y Afectiva (ESI)

Prohibir o bloquear el acceso digital es una medida necesaria pero insuficiente si no abordamos la raíz del problema. La respuesta preventiva más eficaz frente al modelo pornográfico es la implantación de una Educación Sexual Integral y Afectiva (ESI) en las aulas y los hogares:

  • Basada en el consentimiento explícito y continuo: Enseñar que el deseo mutuo, el cuidado y la comunicación son los únicos pilares válidos de las relaciones íntimas.
  • Desmitificación de la violencia: Promover un modelo relacional donde el placer no esté ligado al dominio, la dominación o la cosificación.
  • Pensamiento crítico y alfabetización digital: Dotar a la juventud de herramientas cognitivas para identificar y cuestionar los estereotipos de género, la violencia encubierta y los discursos machistas presentes en los medios.

Desmantelar la pornografía no es una postura moralista; es una necesidad pedagógica, de salud pública y de derechos humanos para proteger a la infancia y garantizar que niños y niñas crezcan en relaciones basadas en la igualdad, la empatía y la dignidad.

Bibliografía y Fuentes de Referencia:

  1. Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) & Dale Una Vuelta. (2024). El impacto de la pornografía en menores [Infografía PDF]. Recuperado de https://www.aepd.es/infografias/el-impacto-de-la-pornografia-en-menores.pdf
  2. Cruz Roja Española. (2023). ¿Es el acceso a la pornografía en personas cada vez más jóvenes la causa del aumento de las agresiones sexuales? Revista Ahora. Recuperado de https://www2.cruzroja.es/web/ahora/-/es-el-acceso-a-la-pornografia-en-personas-cada-vez-mas-jovenes-la-causa-del-aumento-de-las-agresiones-sexuales
  3. De la Fuente Crespo, L. (2019). Por qué la pornografía no puede ser feminista. Tribuna Feminista. Recuperado de https://tribunafeminista.org/2019/11/por-que-la-pornografia-no-puede-ser-feminista/
  4. Prada Prada, N. (2010). ¿Qué decimos las feministas sobre la pornografía? Los orígenes de un debate. La manzana de la discordia, 5(1), 7–26. Dialnet. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8892986
  5. Save the Children. (2020). (Des)información sexual: pornografía y adolescencia. Informe de investigación sobre hábitos de consumo e impacto en menores. Recuperado de https://www.savethechildren.es/informe-desinformacion-sexual-pornografia-y-adolescencia
  6. SOM360. Efectos de la pornografía en el desarrollo afectivo-sexual de adolescentes. Plataforma de Adicciones Conductuales. Recuperado de https://adiccionesconductuales.som360.org/es/blog/efectos-pornografia-desarrollo-afectivo-sexual-adolescentes

 

viernes, 8 de mayo de 2026

Psiquiatría y control: el genio confinado.

"A veces, la locura es solo el nombre que el patriarcado le da a nuestra libertad".

A lo largo de la historia, el patriarcado no solo ha intentado controlar el cuerpo de las mujeres a través de leyes y mandatos sociales; ha ejecutado un control mucho más obscuro y silencioso: el de la mente. Científicas, artistas, músicas y escritoras que decidieron vivir con libertad o expresar su sabiduría fueron sistemáticamente tildadas de "locas" o "histéricas". Cuando una mujer resultaba incómoda, la "ciencia" médica y el aparato institucional se convertían en el brazo ejecutor del encierro.

El machismo patriarcal ha operado bajo una premisa devastadora: si no puedes silenciar su obra o su voz, destruye a la autora.


El plagio y el encierro: Zelda Fitzgerald


Zelda fue mucho más que la "esposa de". Era una escritora brillante cuyo diario y vivencias fueron plagiados por su esposo, F. Scott Fitzgerald, para construir sus novelas más famosas. Cuando Zelda intentó publicar su propia obra y reclamar su voz, fue diagnosticada con esquizofrenia. Pasó sus días entre instituciones mentales, sometida a tratamientos que buscaban anular su voluntad, mientras su marido brillaba con palabras que, en muchos casos, ella había escrito primero.


La lobotomía del deseo: Rosemary Kennedy

El caso de Rosemary es uno de los más dramáticos de la política moderna. Por
el simple hecho de ser una mujer con una sexualidad vibrante, cambios de humor y una personalidad que "no encajaba" en los planes dinásticos de su padre, Joseph Kennedy, fue sometida a una lobotomía prefrontal a los 23 años. La intervención la dejó con la capacidad mental de un niño de dos años, incapaz de hablar o caminar con normalidad. Fue escondida del mundo durante décadas para no "avergonzar" el apellido familiar.

El sacrificio de la escultura: Camille Claudel

Tras su ruptura con Auguste Rodin, Camille cayó en una crisis profunda, exacerbada por el robo intelectual de sus ideas. Su familia la internó en un manicomio donde permaneció 30 años, hasta su muerte. A pesar de que los informes médicos sugerían que podía ser dada de alta si su familia la acogía, su madre y su hermano (el poeta Paul Claudel) se negaron sistemáticamente. Sus cartas pidiendo libertad son un testimonio desgarrador de un alma brillante devorada por el abandono.

El viaje al infierno de Leonora Carrington

Tras sufrir una violación grupal y el trauma de la guerra que separó a su pareja de ella, Leonora sufrió un colapso en España. Fue internada en un hospital en Santander donde le administraron Cardiazol, un fármaco que provocaba convulsiones terribles y un estado de terror absoluto. Leonora describió esta experiencia como un viaje al infierno, pero tuvo la fuerza de convertir ese horror en su obra Memorias de abajo, rescatando su cordura a través de la escritura.

Picasso y el desguace emocional: Dora Maar


Dora Maar fue una fotógrafa surrealista excepcional antes de conocer a Pablo Picasso. Él no solo la utilizó como modelo para su "Mujer que llora", sino que destruyó su confianza y la empujó a una crisis nerviosa. Tras ser abandonada por él, terminó internada y sometida a electroshocks, bajo la mirada cómplice de un entorno que prefería verla como una "musa rota" antes que como una artista independiente.

El silenciamiento institucional en Estados Unidos: El caso de El sustituto (Changeling)

La situación en los Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX es un reflejo idéntico de estas prácticas. En la película El sustituto (Changeling, 2008), dirigida por Clint Eastwood y basada en hechos reales, se expone cómo la policía de Los Ángeles utilizó el sistema psiquiátrico para silenciar a una mujer. Cuando la madre soltera Christine Collins desafía al departamento de policía al asegurar que el niño que le devolvieron no es su hijo desaparecido, es declarada "incompetente" y encerrada en el pabellón psiquiátrico. La cinta es una fuente audiovisual y de estudio indispensable para comprender cómo el poder estatal operaba para desacreditar la razón y la exigencia de justicia de las mujeres.

La codicia tras el diagnóstico: Natalie Kohen

Incluso en esferas más contemporáneas, el diagnóstico de incapacidad mental ha sido utilizado como herramienta de despojo. Natalie Kohen fue internada contra su voluntad en un proceso donde el interés real no era su salud, sino el control de sus bienes por parte de su núcleo familiar, demostrando que la mente de la mujer sigue siendo un territorio en disputa cuando existen intereses económicos.

 

Bibliografía y Fuentes Sugeridas:

·         Carrington, Leonora. (1944). Memorias de abajo. (Un relato en primera persona sobre el encierro y la tortura psiquiátrica).

·         Millett, Kate. (1990). Lo que hay que aguantar. Editorial Seix Barral. (Un análisis sobre la relación entre el sistema psiquiátrico y el control de la mujer).

·         Showalter, Elaine. (1985). The Female Malady: Women, Madness and English Culture, 1830–1980. Penguin Books.

·         Larson, Kate Clifford. (2015). Rosemary: The Hidden Kennedy Daughter. St. Martin's Press.

·         Eastwood, Clint (Director). (2008). El sustituto (Changeling). [Película]. Imagine Entertainment / Universal Pictures. (Recomendada como fuente de estudio sobre el abuso psiquiátrico y estatal en EE. UU.).