Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del
Suicidio, instaurado en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención
del Suicidio (IASP) y respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Cada año, más de 800.000 personas mueren por suicidio en el mundo —una cada 40
segundos—, convirtiéndolo en una de las principales causas de muerte a nivel
global, especialmente entre personas jóvenes.
Mirar esta cifra desde una perspectiva feminista no significa restarle gravedad al sufrimiento de nadie. Significa entender que el suicidio, como casi todo lo que atraviesa nuestras vidas, también está marcado por el género.
La paradoja de género en el suicidio
Los datos muestran un patrón que la propia OMS reconoce como una paradoja:
las mujeres reportan más depresión, más ansiedad y más ideación e intentos de
suicidio que los hombres, pero mueren por esta causa con menos frecuencia.
Según cifras globales ajustadas por edad, la tasa de mortalidad por suicidio en
hombres duplica o hasta cuadruplica la de las mujeres, dependiendo del país y
la región, mientras que los intentos de suicidio son entre dos y tres veces más
frecuentes entre mujeres.
Esta "paradoja" no tiene una explicación puramente biológica:
tiene una explicación de género. Los estudios que analizan este fenómeno
señalan factores como:
- El mandato de
masculinidad y el silencio: a los hombres se les
enseña desde niños a no pedir ayuda, a no hablar de sus emociones, a
resolver el dolor solos. Esa misma norma que los empuja a callar también
los deja sin herramientas cuando el sufrimiento se vuelve insoportable.
- La letalidad de los
métodos: existe evidencia de que los hombres tienden
a recurrir a métodos de mayor letalidad, mientras que las mujeres suelen
usar métodos que dejan más margen para la supervivencia y la intervención
médica a tiempo.
- Las redes de apoyo: las mujeres, en general, mantienen más y mejores vínculos de
contención emocional —amigas, familia, redes comunitarias— lo que puede
actuar como factor protector frente a un intento ya iniciado, aunque no
elimina el sufrimiento de base.
Los riesgos específicos que enfrentan las
mujeres
Que las mujeres mueran menos no significa que sufran menos, ni que estén
exentas de factores de riesgo propios. Al contrario: enfrentan un conjunto de
violencias estructurales que inciden directamente en su salud mental:
- La violencia de
género, en todas sus formas —física, psicológica,
económica, digital—, es uno de los factores de riesgo más documentados
para la ideación e intento suicida en mujeres. La reciente Ley Olimpia en
Argentina, que tipifica la violencia digital contra las mujeres, reconoce
explícitamente su vínculo con la instigación al suicidio.
- La sobrecarga de
cuidados, la precariedad económica y la dependencia
financiera —los mismos temas que hemos abordado antes en este espacio— son
factores de estrés crónico que rara vez se nombran cuando se habla de
salud mental femenina.
- Los trastornos de
conducta alimentaria y la presión estética, que
afectan de forma desproporcionada a mujeres y niñas, están asociados a
mayor riesgo de ideación suicida.
- La discriminación
por orientación sexual o identidad de género y la discapacidad elevan de forma
significativa el riesgo en poblaciones ya de por sí vulnerabilizadas —la
OMS identifica explícitamente al colectivo LGBTIQ+ y a las personas con
discapacidad entre los grupos de mayor riesgo.
Prevenir con enfoque de género
Una intervención que ignora el contexto de la persona es una oportunidad
perdida. Prevenir el suicidio con perspectiva de género no significa tratar a
hombres y mujeres de forma distinta por capricho, sino reconocer que las
violencias, presiones y mandatos que enfrentan son diferentes, y que las
estrategias de prevención deben responder a esa realidad: espacios donde los
hombres puedan hablar sin ser juzgados por su masculinidad, protocolos de salud
mental que incorporen la violencia de género como factor de riesgo evaluable, y
redes de contención que lleguen a quienes enfrentan discriminación múltiple.
Ninguna cifra ni ninguna teoría reemplaza lo más simple y lo más
urgente: preguntar, escuchar sin juzgar, y acompañar. Hablar abiertamente sobre
el suicidio no aumenta el riesgo de que ocurra —al contrario, según coinciden
múltiples organismos de salud, reduce la posibilidad y puede ser la primera
oportunidad real de ayuda para quien está sufriendo en silencio.
📚 Fuentes
- Organización Mundial
de la Salud (OMS). "Día Mundial para la Prevención del
Suicidio". who.int
- Organización
Panamericana de la Salud (OPS).
"Día Mundial de la Prevención del Suicidio".
- Canetto, S. S. y
Sakinofsky, I. (1998). "The gender paradox in
suicide". Suicide and Life-Threatening Behavior.
- Infocop (2026). "La prevención del suicidio: avanzar desde la evidencia hacia
la acción".
- INEGI (2026). Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE) y estadísticas de
mortalidad por suicidio, México.
🔗 Enlaces de interés
- OMS — Día Mundial para la Prevención del Suicidio
- OPS — Prevención del suicidio
- Diferencia de género en el suicidio — Wikipedia: revisión de estudios sobre la paradoja de género en la conducta
suicida.
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