miércoles, 9 de septiembre de 2026

10 de septiembre: Prevenir el suicidio también es una tarea feminista


Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, instaurado en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, más de 800.000 personas mueren por suicidio en el mundo —una cada 40 segundos—, convirtiéndolo en una de las principales causas de muerte a nivel global, especialmente entre personas jóvenes.

Mirar esta cifra desde una perspectiva feminista no significa restarle gravedad al sufrimiento de nadie. Significa entender que el suicidio, como casi todo lo que atraviesa nuestras vidas, también está marcado por el género.

La paradoja de género en el suicidio

Los datos muestran un patrón que la propia OMS reconoce como una paradoja: las mujeres reportan más depresión, más ansiedad y más ideación e intentos de suicidio que los hombres, pero mueren por esta causa con menos frecuencia. Según cifras globales ajustadas por edad, la tasa de mortalidad por suicidio en hombres duplica o hasta cuadruplica la de las mujeres, dependiendo del país y la región, mientras que los intentos de suicidio son entre dos y tres veces más frecuentes entre mujeres.

Esta "paradoja" no tiene una explicación puramente biológica: tiene una explicación de género. Los estudios que analizan este fenómeno señalan factores como:

  • El mandato de masculinidad y el silencio: a los hombres se les enseña desde niños a no pedir ayuda, a no hablar de sus emociones, a resolver el dolor solos. Esa misma norma que los empuja a callar también los deja sin herramientas cuando el sufrimiento se vuelve insoportable.
  • La letalidad de los métodos: existe evidencia de que los hombres tienden a recurrir a métodos de mayor letalidad, mientras que las mujeres suelen usar métodos que dejan más margen para la supervivencia y la intervención médica a tiempo.
  • Las redes de apoyo: las mujeres, en general, mantienen más y mejores vínculos de contención emocional —amigas, familia, redes comunitarias— lo que puede actuar como factor protector frente a un intento ya iniciado, aunque no elimina el sufrimiento de base.

Los riesgos específicos que enfrentan las mujeres

Que las mujeres mueran menos no significa que sufran menos, ni que estén exentas de factores de riesgo propios. Al contrario: enfrentan un conjunto de violencias estructurales que inciden directamente en su salud mental:

  • La violencia de género, en todas sus formas —física, psicológica, económica, digital—, es uno de los factores de riesgo más documentados para la ideación e intento suicida en mujeres. La reciente Ley Olimpia en Argentina, que tipifica la violencia digital contra las mujeres, reconoce explícitamente su vínculo con la instigación al suicidio.
  • La sobrecarga de cuidados, la precariedad económica y la dependencia financiera —los mismos temas que hemos abordado antes en este espacio— son factores de estrés crónico que rara vez se nombran cuando se habla de salud mental femenina.
  • Los trastornos de conducta alimentaria y la presión estética, que afectan de forma desproporcionada a mujeres y niñas, están asociados a mayor riesgo de ideación suicida.
  • La discriminación por orientación sexual o identidad de género y la discapacidad elevan de forma significativa el riesgo en poblaciones ya de por sí vulnerabilizadas —la OMS identifica explícitamente al colectivo LGBTIQ+ y a las personas con discapacidad entre los grupos de mayor riesgo.

Prevenir con enfoque de género

Una intervención que ignora el contexto de la persona es una oportunidad perdida. Prevenir el suicidio con perspectiva de género no significa tratar a hombres y mujeres de forma distinta por capricho, sino reconocer que las violencias, presiones y mandatos que enfrentan son diferentes, y que las estrategias de prevención deben responder a esa realidad: espacios donde los hombres puedan hablar sin ser juzgados por su masculinidad, protocolos de salud mental que incorporen la violencia de género como factor de riesgo evaluable, y redes de contención que lleguen a quienes enfrentan discriminación múltiple.

Ninguna cifra ni ninguna teoría reemplaza lo más simple y lo más urgente: preguntar, escuchar sin juzgar, y acompañar. Hablar abiertamente sobre el suicidio no aumenta el riesgo de que ocurra —al contrario, según coinciden múltiples organismos de salud, reduce la posibilidad y puede ser la primera oportunidad real de ayuda para quien está sufriendo en silencio.

📚 Fuentes

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). "Día Mundial para la Prevención del Suicidio". who.int
  • Organización Panamericana de la Salud (OPS). "Día Mundial de la Prevención del Suicidio".
  • Canetto, S. S. y Sakinofsky, I. (1998). "The gender paradox in suicide". Suicide and Life-Threatening Behavior.
  • Infocop (2026). "La prevención del suicidio: avanzar desde la evidencia hacia la acción".
  • INEGI (2026). Módulo de Bienestar Autorreportado (BIARE) y estadísticas de mortalidad por suicidio, México.

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