El 23 de
octubre de 1915, decenas de miles de mujeres marcharon por la Quinta Avenida de
Nueva York para exigir el derecho a voto. No fue un gesto simbólico ni una
protesta espontánea: fue una demostración de fuerza cuidadosamente organizada,
pensada para mostrarle a la ciudad, y a los hombres que decidían en las urnas,
que el sufragio femenino tenía una base enorme y decidida.
Por qué ese día
El
desfile ocurrió pocos días antes de un momento clave. El 2 de noviembre de
1915, los hombres del estado de Nueva York votaron en un referendo sobre el
sufragio femenino. La marcha fue la gran movilización final de esa campaña:
había que mostrar, con los cuerpos en la calle, que las mujeres existían, eran
muchas y no se iban a ir.
Marchar para ser vistas
Hasta entonces,
el espacio público no era un lugar cómodo para las mujeres. Salir a la calle a
pedir derechos era visto como una falta de decoro, y las sufragistas lo sabían.
Por eso eligieron un camino distinto al de la súplica: marchar, ordenadas y
masivas, por la avenida más emblemática de la ciudad, de modo que nadie pudiera
decir que no las había visto.
Lo que
hacía fuerte al desfile era justamente su carácter masivo. No era un puñado de
mujeres de élite: marchaban mujeres de distintas ocupaciones, edades y barrios,
y esa diversidad era parte del mensaje. Caminar en grupo convertía el reclamo
individual en fuerza política colectiva.
Una derrota que sirvió
Pese a la
movilización, el referendo de noviembre de 1915 se perdió. Fue una derrota
dolorosa, pero no el final de la historia. El movimiento sacó la lección de que
la presencia en la calle tenía que traducirse en organización permanente, de
distrito en distrito, y siguió trabajando. En noviembre de 1917, dos años
después del desfile, las mujeres de Nueva York ganaron el voto estatal, y en
1920 la Enmienda 19 de la Constitución lo extendió a todo el país.
Es decir:
la marcha no consiguió el voto ese día, pero fue parte del camino que sí llegó
a conseguirlo.
Lo que esa marcha dejó
La calle
como herramienta política. Las sufragistas demostraron que la movilización
masiva, pacífica y disciplinada podía cambiar la opinión pública, una lección
que los movimientos posteriores aprendieron y repitieron.
La visibilidad como estrategia.
Hacerse ver era ya una forma de poder.
Un
recordatorio incómodo. El movimiento sufragista de la época tuvo sus propias
exclusiones: las mujeres negras e inmigrantes no siempre ocuparon el mismo
lugar en las organizaciones y en los desfiles, y aun cuando la Enmienda 19 se
aprobó, en la práctica muchas mujeres negras del sur siguieron impedidas de
votar durante décadas, hasta la Ley de Derecho al Voto de 1965.
Y en Chile
Mientras
las estadounidenses marchaban en 1915, las chilenas todavía estaban lejos del
voto: el derecho al sufragio municipal llegó en 1934, y el voto pleno, recién
en 1949. Es una historia que este blog ha contado desde distintos ángulos, por
ejemplo: al hablar del MEMCH, y que nos recuerda que ningún derecho llegó solo:
todos se ganaron en la calle.
📚 Para ampliar
- Flexner, Eleanor (1959). Century of
Struggle: The Woman's Rights Movement in the United States. Cambridge,
Mass.: Harvard University Press.
- DuBois, Ellen Carol (1998). Woman Suffrage and Women's Rights. Nueva York: New York University Press.
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