viernes, 18 de septiembre de 2026

Sargento Candelaria Pérez: de fondera del Callao a heroína de Yungay

 

Candelaria Contreras, más conocida como Candelaria Pérez, nació alrededor de 1810 en el barrio de La Chimba, en Santiago, hija de un chacarero de la Cañadilla y de una agricultora del mismo barrio. Su origen no podía ser más humilde; su destino, sin embargo, la llevaría a convertirse en una de las primeras mujeres en recibir un grado militar formal en la historia de Chile.

De empleada doméstica a dueña de fonda en el Callao

Desde joven trabajó como empleada doméstica para una familia santiaguina. Viajó después a Valparaíso junto a una familia holandesa, con quienes se trasladó a Lima en 1833. Ahí, tras años de servicio doméstico, hizo algo que muy pocas mujeres de su condición social lograban en esa época: abrió su propio negocio, un bodegón llamado "La Fonda de la Chilena", en el puerto del Callao, que se convirtió en punto de encuentro de los chilenos residentes en Perú.

Ese mismo negocio terminaría poniéndola en el centro de la guerra. En octubre de 1837, al estallar el conflicto entre Chile y la Confederación Perú-Boliviana, Candelaria fue apresada acusada de reunir chilenos en su fonda, que fue embargada y destruida. Cuando el ejército chileno entró a Lima, ella fue liberada —y en vez de simplemente retirarse, acudió directamente a los mandos militares chilenos a pedir su enrolamiento.

De cantinera a sargento

Fue aceptada en el batallón Carampangue, bajo el mando del general Manuel Bulnes, valorada explícitamente por "sus conocimientos locales y sus inteligencias personales en el Callao". Participó como cantinera y como soldado en las batallas de Pan de Azúcar y de Yungay (1839). En Pan de Azúcar, según el relato de Benjamín Vicuña Mackenna, "fusil en mano, trepó la empinada cuesta, animando a los bravos cazadores de su fiel Carampangue" — una actuación que le valió que el propio general Bulnes la nombrara sargento dentro de su batallón.

El historiador Gonzalo Bulnes describiría después su papel en el combate con estas palabras: "marchaba a la cabeza de la columna con una osadía superior a su sexo, señalando el camino y el peligro. Sin desmayar, antes bien infundiendo energía, llegó hasta la puerta del castillo, donde retó en alta voz a los sitiados que salvasen sus impenetrables murallas. Candelaria era tan esforzada en el peligro, como amable y caritativa en el vivaque".

Reconocimiento y vejez

Tras el triunfo chileno, volvió a Santiago en octubre de 1839, donde llevó una vida privada austera, aunque fue reconocida en distintos momentos como heroína de guerra. Su popularidad entre la sociedad chilena de la época impulsó al gobierno a otorgarle el grado de subteniente, junto con una pequeña pensión vitalicia que recibió hasta su muerte.

En 1869, ya anciana, fue visitada por el propio Benjamín Vicuña Mackenna, quien por entonces investigaba la guerra y a sus sobrevivientes. La entrevistó, describió su vivienda y su estado de salud, y recopiló los datos que en 1872 publicaría bajo el título "La sargento Candelaria y la monja alférez" —el mismo texto que se convertiría en la fuente principal para todos los estudios posteriores sobre su vida, incluyendo el extenso trabajo de Ignacio Silva de 1904, La sargento Candelaria Pérez: recuerdos de la campaña de 1838 contra la Confederación Perú-Boliviana.

Candelaria Pérez murió en 1870. Tras su muerte, el periodista Ventura Blanco impulsó públicamente, a través del semanario La Estrella de Chile, una campaña para financiar su sepultura y encargar los epitafios de su tumba.

📚 Bibliografía:

  • Vicuña Mackenna, Benjamín (1872). "La sargento Candelaria y la monja alférez". En: Miscelánea: Colección de artículos, discursos, biografías, impresiones de viaje, ensayos, estudios sociales, económicos, etc.: 1849-1872, Tomo I. Santiago: Imprenta de la Librería del Mercurio.
  • Bulnes, Gonzalo (1878). Historia de la Campaña del Perú en 1838. Santiago: Imprenta Los Tiempos.
  • Silva, Ignacio (1904). La Sarjento Candelaria Pérez: recuerdos de la campaña de 1838 contra la Confederación Perú-Boliviana. Santiago: Imprenta Cervantes.
  • Larraín, Paz (2006). La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico. Santiago: Ediciones Centro de Estudios Bicentenario / Ediciones Universidad Gabriela Mistral.
  • García Huidobro, María (2024). Mujeres en la Historia de Chile. Santiago: Taurus.

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jueves, 17 de septiembre de 2026

Chile Emancipado por sus Mujeres.

 


Heroínas anónimas, estrategas y pioneras en la gesta de la Independencia Nacional

El triunfo de la Independencia de Chile no se escribió únicamente en los campos de batalla con espadas y cañones; se gestó en la penumbra de los salones, en las redes secretas de espionaje, en el coraje campesino y en el sostenimiento cotidiano de los campamentos militares.

A continuación, se detalla el legado de las mujeres que resultaron claves en la emancipación nacional, junto con la bibliografía de respaldo y enlaces de interés.

v  Las Protagonistas y su Rol Clave

Mentes Políticas y Estrategas

  • Javiera Carrera Verdugo (1781–1862): Considerada la «Madre de la Patria Vieja», fue la ideóloga y motor político del clan Carrera. Coordinó el acopio nocturno de armas para la resistencia, organizó tertulias clandestinas y bordó la primera bandera nacional en 1812.
  • Águeda Monasterio de Lattapiat (1776–1817): Transformó su hogar en el centro neurálgico del espionaje patriota en Santiago durante la Reconquista. Soportó presiones, cárcel y tortura psicológica sin delatar la red de contactos, pagando con su vida días antes de la victoria en Chacabuco.
  • Luisa Recabarren de Marín (1777–1839): Anfitriona de las reuniones políticas más influyentes de la época. Difundió las ideas emancipadoras y actuó como enlace clave entre la resistencia interna y el Ejército Libertador en Mendoza, lo que le valió el encierro en el Monasterio de las Agustinas.



Logística, Resistencia Rural y Apoyo Financiero

  • Paula Jaraquemada Almarza (1768–1851): Tras la derrota patriota en Cancha Rayada (1818), transformó su hacienda de Paine en hospital de campaña y centro de reabastecimiento. Encaró con célebre aplomo a los oficiales realistas que intentaron saquear sus tierras, protegiendo a sus peones y pertrechos.
  • Isabel Riquelme y Meza (1758–1839): Madre de Bernardo O'Higgins, cuya hacienda y patrimonio financiero estuvieron constantemente al servicio del proceso emancipador. Soportó el confinamiento realista y el posterior exilio sin quebrantar su compromiso patriota.
  • Mercedes Rosales: Ejemplo del compromiso económico con la causa, entregó públicamente sus joyas y bienes personales para costear el equipamiento de las tropas chilenas en momentos de extrema necesidad financiera.



Inteligencia, Redes Secretas y Resistencia Popular

  • Cornelia Olivares: Patriota de Chillán que llamó abiertamente a la rebelión popular contra el dominio español. Fue apresada por las autoridades realistas, rapada y expuesta al escarnio público en la plaza de armas como castigo ejemplar, manteniéndose firme en sus ideas.
  • Carmen Ureta: Agente de inteligencia estratégica. Logró filtrar información crítica sobre los desplazamientos de las tropas realistas hacia las fuerzas trasandinas, mérito por el cual fue reconocida oficialmente por el Estado de Chile.
  • Rafaela Riesco y Josefa Landa: Representantes de la resistencia civil urbana y la mensajería clandestina. Arriesgaron su seguridad para mantener activas las comunicaciones internas durante los periodos de mayor represión.
  • Ana María Cotapos y Mercedes Fontecilla: Esposas de Juan José y José Miguel Carrera, respectivamente, quienes sostuvieron las redes de financiamiento y contactos políticos en medio del asedio, la persecución patrimonial y el exilio.

La Fuerza Anónima del Pueblo

  • Las Cantineras, Soldaderas y Enfermeras: Cientos de mujeres anónimas pertenecientes a las clases populares caminaron junto a los batallones. Cocinaron, confeccionaron uniformes, curaron a los heridos bajo el fuego cruzado y mantuvieron en pie la logística de los campamentos militares del Ejército Libertador.

 

📚 Bibliografía:

  • Grez, Vicente (1878).
    Las mujeres de la Independencia. Imprenta Gutenberg, Santiago de Chile. (Obra pionera que rescata las biografías y acciones de las principales heroínas patriotas).
  • Graham, Maria (1824). Diario de su residencia en Chile (1822). (Testimonio contemporáneo sobre el liderazgo y carácter de Javiera Carrera y la sociedad de la época).
  • Vicuña Mackenna, Benjamín (1857). El ostracismo de los Carreras. Imprenta del Ferrocarril, Santiago. (Estudio historiográfico sobre el clan Carrera, las conspiraciones de la época y el exilio).
  • Amunátegui, Miguel Luis (1870). Los precursores de la independencia de Chile. Imprenta de la República, Santiago. (Análisis de la aristocracia y la gestación de las redes revolucionarias en Chile).
  • Vitale, Luis (1993). Historia de la mujer en América Latina. Editorial Enebro, Santiago. (Enfoque histórico que abarca el rol de las mujeres populares, cantineras y soldaderas en los procesos de emancipación).


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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Karen Horney: la mujer que le devolvió la pregunta a Freud


El 16 de septiembre de 1885 nació en Blankenese, cerca de Hamburgo, la mujer que se atrevería a hacer lo que casi ningún psicoanalista de su generación se permitió: cuestionar a Freud desde adentro del propio movimiento que él había fundado.

Una infancia bajo la mirada de un padre severo

Karen Danielsen —su apellido de nacimiento— creció en un hogar donde su padre, un capitán de barco mercante noruego, protestante y conservador, criticaba abiertamente su inteligencia, sus intereses y su apariencia. Su madre, holandesa, era una mujer más libre de pensamiento, pero también atravesada por sus propios conflictos emocionales. Karen, más cercana a ella, resumió su respuesta a esa infancia con una frase que se volvería célebre: "Como no pude ser bonita, decidí que sería inteligente".

En 1906, contra los deseos explícitos de su padre y las convenciones de la época, entró a la escuela de medicina. En 1909 se casó con Oscar Horney, con quien tuvo tres hijas, y hacia 1910 comenzó a formarse en la recién creada Asociación Psicoanalítica de Berlín, fundada por Karl Abraham, uno de los discípulos más cercanos de Freud.

Cuando su propio análisis se usó en su contra

Aquí está uno de los episodios menos conocidos —y más incómodos— de su historia: Karl Abraham fue, durante un tiempo, el propio analista didáctico de Karen Horney. En 1920, en el VI Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en La Haya, Abraham presentó una comunicación titulada "Manifestaciones del complejo de castración femenino", en la que afirmaba que muchas mujeres reprimían el deseo de ser hombres y rechazaban su identidad sexual —una tesis que, en parte, construyó a partir de lo recogido en el propio análisis de Horney.

Es decir: la teoría de la "envidia del pene" que ella dedicaría buena parte de su carrera a desmontar se apoyó, en sus primeros pasos, en material extraído de su propia terapia. Pocos datos ilustran mejor por qué Horney terminó desconfiando de un sistema que pretendía explicar la psicología femenina exclusivamente a través de una mirada masculina.

"¿Envidia de pene? No, desigualdad"

A medida que Horney trataba a sus propias pacientes y realizaba sus estudios en el Instituto Psicoanalítico de Berlín —del que fue una de las fundadoras en 1920—, la conducta real de las mujeres que veía en consulta no encajaba con lo que la teoría freudiana predecía. Entre 1922 y 1935 escribió catorce trabajos donde refutaba sistemáticamente la tendencia antifeminista de Freud, enfatizando causas sociales y culturales por sobre las biológicas en la psicología femenina.

Su argumento central era demoledor en su simpleza: las mujeres no envidiaban el pene de los hombres. Envidiaban su independencia, su poder y los privilegios que la sociedad les reservaba solo a ellos. El "sentimiento de desventaja" no era un hecho psíquico primario y universal, como sostenía Freud, sino la consecuencia lógica de desventajas reales y concretas: económicas, sociales, legales.

Horney fue incluso más lejos, dándole la vuelta completa al argumento freudiano: propuso la existencia de una envidia del útero (womb envy) —la idea de que son los hombres quienes, inconscientemente, envidian la capacidad femenina de gestar y dar vida, una "superioridad fisiológica absolutamente incuestionable", en sus propias palabras.

También cuestionó el Complejo de Edipo tal como Freud lo planteaba: para Horney, las dificultades emocionales entre padres e hijos no nacían de un deseo incestuoso reprimido, sino de una lucha de poder generacional dentro de la familia —una lectura mucho más social que sexual del vínculo familiar.

El precio de pensar distinto

En 1932, a los 47 años, emigró a Estados Unidos, primero al Instituto Psicoanalítico de Chicago y luego al de Nueva York. Allí publicó sus obras más influyentes: La personalidad neurótica de nuestro tiempo (1937) y Nuevos caminos en el psicoanálisis (1939). Fue precisamente por este último libro —que se apartaba cada vez más del marco freudiano ortodoxo en la formación de nuevos analistas— que el Instituto Psicoanalítico de Nueva York la apartó de la formación de estudiantes en 1941.

Lejos de retroceder, ese mismo año fundó su propia institución: el Instituto Americano de Psicoanálisis, que dirigió hasta su muerte. Se convirtió también en una de las precursoras de la psicología humanista —Abraham Maslow llegó a reconocerla explícitamente como una de sus fundadoras— y renovó la técnica terapéutica al cuestionar la relación jerárquica y autoritaria entre analista y paciente, apostando por una psicoterapia más colaborativa.

El olvido y el regreso

Karen Horney murió de cáncer el 4 de diciembre de 1952, en Nueva York, a los 67 años. A pesar de la fama que alcanzó en vida, su pensamiento cayó en un relativo olvido durante más de una década. No fue sino hasta 1967 —quince años después de su muerte— cuando se publicó Psicología femenina, una recopilación de los ensayos que había escrito décadas antes, que su obra volvió a circular con la fuerza que merecía. Para entonces, el movimiento feminista de la segunda ola encontró en sus escritos de los años veinte y treinta una base teórica que se había adelantado varias décadas a su tiempo.

📚 Bibliografía:

  • Horney, Karen (1967). Feminine Psychology. Nueva York: W. W. Norton & Company. (Recopilación póstuma de sus ensayos de 1922-1937).
  • Horney, Karen (1937). La personalidad neurótica de nuestro tiempo.
  • Horney, Karen (1939). Nuevos caminos en el psicoanálisis.
  • Horney, Karen (1945). Nuestros conflictos interiores.
  • Quinn, Susan (1987). A Mind of Her Own: The Life of Karen Horney. Nueva York: Summit Books. Aporte: la biografía académica de referencia sobre su vida y su ruptura con el círculo freudiano.

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martes, 15 de septiembre de 2026

Josefa Ortiz de Domínguez: El aviso que no pudieron silenciar.

Josefa Ortiz de Domínguez no fue una figura aislada de la Nueva España; su lucha dialoga directamente con la memoria de todas las mujeres que, en distintas latitudes de nuestra América, se rebelaron contra el dominio colonial. Desde la mirada de quienes escribimos y leemos desde el Sur, comprender su figura es reconocer que las redes insurgentes y la convicción política de las mujeres recorrieron todo el continente.

En septiembre, cuando en México se conmemora el inicio de su independencia —y en Chile preparamos las nuestras—, la historia oficial suele repetirse con el mismo sesgo: un relato dominado por próceres masculinos donde las mujeres quedan relegadas al margen o a la simple categoría de "esposas de". Sin embargo, al mirar el mapa de nuestras revoluciones americanas, descubrimos figuras cuya audacia política transformó el destino de todo un país. Una de las más determinantes fue Josefa Ortiz de Domínguez.

Conocida tradicionalmente bajo el título patriarcal de "La Corregidora", Josefa no fue una mera acompañante en los eventos de 1810 en Querétaro. Fue una pensadora republicana, una articuladora política y una estratega militar en la sombra.

En un tiempo donde la vida pública le estaba vedada a las mujeres, Josefa utilizó su posición para transformar su propio espacio doméstico en un centro de conspiración ideológica. Sensible a la opresión del sistema colonial sobre las comunidades indígenas, mestizas y criollas, no se limitó a simpatizar con la causa: financió el movimiento, organizó reuniones clandestinas y colaboró en la planificación del levantamiento insurgente.

El aviso que adelantó una revolución

Su papel más decisivo ocurrió en septiembre de 1810. Al ser descubierta la conspiración por las autoridades españolas el 13 de septiembre, su propio esposo, el corregidor Miguel Domínguez, se vio obligado a realizar cateos en las casas de la ciudad para capturar a los insurgentes. Para protegerla de ser arrestada junto al resto de los conspiradores, la encerró bajo llave en sus habitaciones —un gesto ambiguo, tan protector como silenciador, que terminaría siendo insuficiente para contenerla.

Lejos de resignarse, Josefa logró hacer llegar una advertencia urgente al alcalde Ignacio Pérez, quien se encargó de alertar a los líderes rebeldes de que la conspiración había sido descubierta. Aquella maniobra audaz desde el encierro obligó a Miguel Hidalgo e Ignacio Allende a adelantar el levantamiento armado, previsto originalmente para el 1 de octubre, a la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Sin la rapidez mental de Josefa, la insurgencia mexicana habría sido aplastada antes de nacer.


El precio de la convicción

El precio que pagó por su convicción fue alto: años de prisión en conventos e internados religiosos —primero en Santa Teresa, luego en Santa Catalina de Siena—, aislamiento de su familia y el constante intento del poder real por quebrantar su espíritu. Jamás se retractó.

Incluso tras el triunfo de la independencia, cuando el efímero Imperio de Agustín de Iturbide buscó cooptar su imagen ofreciéndole el cargo de dama de honor de la emperatriz Ana María Huarte, Josefa lo rechazó categóricamente, por considerarlo contrario a los ideales republicanos por los que había arriesgado todo. Mantuvo esa postura firme contra cualquier nueva forma de absolutismo hasta el final de su vida, afiliándose en sus últimos años a grupos liberales radicales.

Mirar a Josefa Ortiz de Domínguez desde un feminismo latinoamericano implica despojarla del bronce oficial y devolverle su agencia política. Ella, al igual que las estrategas y espías que operaron en los Andes o en Nueva Granada, demuestra que la libertad de América no fue una concesión ni una idea exclusivamente masculina, sino un proyecto continental teñido por la determinación de sus mujeres.

📚 Bibliografía:

  • Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). "Josefa Ortiz de Domínguez: acusaciones realistas". Incluye el testimonio original del alcalde Juan Ochoa al Virrey Calleja (11 de septiembre de 1810), que documenta el rol activo de Josefa en la conspiración.
  • García de Alba, Gabriel. Serie Historia, Tomo CVIII, y Serie Hernández y Dávalos, Tomo V. Archivo General de la Nación (México). Aporte: fuentes documentales primarias sobre el proceso judicial contra los conspiradores de Querétaro.
  • Secretaría de Gobernación (SEGOB), Portal de Fomento Cívico. Aporte: cronología oficial de su vida, incluyendo su filiación con las logias yorkinas tras la independencia.

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lunes, 14 de septiembre de 2026

María Josefa Lastiri: la mujer detrás del sueño centroamericano


La historia oficial centroamericana suele resumirse en un puñado de nombres masculinos: Morazán, Barrundia, del Valle. Pero detrás de la Federación Centroamericana —ese proyecto unionista que soñó con una región integrada y que terminó fracasando entre guerras civiles— hubo una mujer que sostuvo, financió y sobrevivió a todo el proceso: María Josefa Lastiri Lozano.

De heredera acaudalada a esposa de un caudillo

Nació en Tegucigalpa el 20 de octubre de 1792, hija de un comerciante español y una criolla de Comayagua. Recibió la educación "esmerada" que su familia acomodada podía costear —una instrucción limitada, centrada en religión y labores domésticas, como correspondía a las mujeres de su época—, pero que aun así la formó como una mujer de carácter, frecuentadora de los salones de Tegucigalpa.

En 1818 se casó con el acaudalado hacendado Esteban Travieso, con quien tuvo cuatro hijos. Cuando él murió en 1825, Josefa heredó una considerable fortuna, incluyendo la hacienda de Jupuara. Fue justamente ahí, en su propia hacienda, donde conoció a Francisco Morazán: Travieso había intervenido para liberarlo de una prisión política en Comayagua, y en agradecimiento lo invitó a su casa. El vínculo entre Josefa y Morazán, viuda y militar ambicioso, escandalizó a la sociedad conservadora de Comayagua —tanto que su matrimonio, celebrado el 30 de diciembre de 1825, tardó meses en concretarse por la presión social.

Una vida marcada por la guerra

Lo que siguió no fue precisamente la vida tranquila de una primera dama. Apenas año y medio después de su boda, en abril de 1827, las tropas federales sitiaron Comayagua mientras Morazán salía a organizar la resistencia. Josefa quedó en la ciudad con sus hijos cuando esta cayó y fue saqueada. Meses después, cuando Morazán regresó victorioso tras la batalla de La Trinidad, Josefa presenció el júbilo popular que lo recibió como nuevo Jefe de Estado de Honduras.

Ese patrón se repitió una y otra vez durante los siguientes quince años: Morazán marchaba a la guerra —contra fuerzas federales, contra Guatemala, contra El Salvador, contra Nicaragua— y Josefa lo seguía de Estado en Estado, convirtiéndose sucesivamente en Primera Dama de Honduras (1827-1830), de la República Federal de Centroamérica (1830-1834 y 1835-1839), de El Salvador (1839-1840) y finalmente de Costa Rica (1842), a los 49 años.

En 1839, mientras Morazán gobernaba El Salvador, una revuelta en San Salvador tomó a Josefa y a su familia como rehenes para presionar su renuncia. Morazán respondió con una frase que revela el precio que pagaba su familia por sus ambiciones políticas: "pasaré sobre los cadáveres de mis hijos" antes que ceder. Atacó a los amotinados y los venció; en su huida, los rebeldes abandonaron a Josefa y a sus hijos sin causarles daño. Poco después, Morazán la envió a un exilio forzado en Costa Rica, luego Panamá, siempre huyendo un paso adelante de la próxima guerra.

El final, el mismo día que hoy celebramos

El desenlace llegó en Costa Rica. El 11 de septiembre de 1842, una sublevación en San José y Alajuela atrapó a Josefa y a su hija Adela, de apenas cuatro años, en medio de un combate feroz —se calcula que se dispararon más de 200.000 tiros esa noche. Madre e hija cayeron en poder de los sublevados y estuvieron a punto de ser fusiladas, hasta que fueron puestas bajo la protección de un sacerdote y luego de un comerciante local.

Morazán logró escapar del cerco, pero fue traicionado por quien creía un amigo y entregado a sus enemigos. El 15 de septiembre de 1842 —exactamente el mismo día en que hoy Centroamérica celebra el aniversario de su independencia— Francisco Morazán fue fusilado en San José, entre la expectación popular y el silencio doloroso de sus seguidores. Josefa se enteró de la muerte de su esposo una semana después, y sufrió, según los testimonios de la época, "dolorosas convulsiones y llanto sin tregua".

Los años finales, en la pobreza

Viuda, con su patrimonio familiar completamente consumido en financiar las campañas militares de Morazán, Josefa se trasladó a El Salvador, donde vivió sus últimos años en Cojutepeque, en la pobreza. Murió en San Salvador en 1846, a los 54 años.

La historiadora Anarella Vélez la sitúa junto a otras mujeres de la independencia latinoamericana —Juana Azurduy, Manuela Sáenz, Policarpa Salavarrieta, Micaela Bastidas— como parte de ese grupo de mujeres que fueron indispensables para las gestas emancipadoras del continente, pero que la historiografía tradicional relegó al rol de "esposas de". Josefa no empuñó un arma ni dirigió una batalla, pero sin su fortuna, su resistencia ante el exilio repetido y su disposición a arriesgarlo todo —incluida su propia vida y la de su hija— el proyecto unionista de Morazán simplemente no habría sido posible.

📚 Bibliografía:

  • Vélez, Anarella. "María Josefa Lastiri Lozano". Historia crítica, blog de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Aporte: la biografía académica más completa y detallada sobre Josefa, con abundante cita de fuentes primarias y testimonios de época.
  • Castañeda, Elvia (1992). La batalla del amor, María Josefa Lastiri. Tegucigalpa.
  • Mejía Nieto, Arturo (1947). Morazán, Presidente de la desaparecida República Centroamericana. Buenos Aires: Editorial Nova.
  • Guier, Enrique (1982). El General Francisco Morazán. San José: Editorial Studium.
  • Montúfar, Lorenzo. Reseña Histórica de Centro-América.

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