Cada 28 de mayo, el mundo conmemora el Día
de la Salud e Higiene Menstrual. Para el movimiento feminista, esta fecha no es
un simple recordatorio de cuidado personal; es una jornada de exigencia
política, de reapropiación del cuerpo y de justicia social.
Durante siglos, la menstruación ha sido el
blanco perfecto para el control patriarcal. Es hora de arrancar de raíz los
mitos que nos han impuesto y exigir que la gestión del ciclo biológico sea
tratada como lo que es: un derecho humano y un asunto de salud pública.
El
mito de la "impureza": El peso de la religión sobre nuestros cuerpos
Para entender por qué hoy en día la
menstruación sigue rodeada de tanto secretismo, es necesario mirar hacia las
estructuras que han moldeado la cultura. Históricamente, diversas doctrinas
religiosas han catalogado a la mujer que menstrua como un ser "impuro"
o "contaminado".
Bajo estas narrativas dogmáticas, se nos ha aislado, se nos ha prohibido participar en la vida comunitaria durante el sangrado y se nos ha sembrado una profunda culpa y vergüenza por el simple hecho de que nuestros cuerpos funcionen de manera natural.
Esta idea del "cuerpo obscuro" e impuro no es inofensiva. Es una herramienta de control que busca que las mujeres vivamos nuestra biología desde el rechazo y la sumisión. Menstruar no nos hace impuras; nos hace humanas. Desmantelar estos discursos es un acto de liberación necesario para reclamar la soberanía sobre nuestra propia corporalidad.
Irlanda:
Desmitificar la regla desde la política pública
Mientras algunos sectores se resisten a soltar los prejuicios del pasado, la realidad avanza y demuestra que el cambio es posible a través de la voluntad política. El caso de Irlanda es un faro de dignidad en este camino.
Irlanda ha liderado un cambio histórico al garantizar el acceso gratuito y universal a productos de higiene menstrual para niñas y mujeres en escuelas, universidades y dependencias públicas.Esta medida no solo combate de frente la
pobreza menstrual —que obliga a miles de estudiantes a faltar a clases por no
poder costear toallas o tampones—, sino que lanza un mensaje contundente al
mundo: la menstruación no es un lujo que deba pagar impuestos, ni un secreto
que deba esconderse. Es una realidad vital que el Estado tiene la obligación de
garantizar.
Hablar
de la regla es un acto feminista
Quitar el tabú de la menstruación implica
llamarla por su nombre, sin metáforas, sin esconder las toallas higiénicas en
la manga y sin pedir perdón por sangrar. Hablar de ello abiertamente es
fundamental porque:
·
Garantiza
la educación: Conocer nuestro ciclo nos permite entender nuestra salud,
prevenir padecimientos y decidir sobre nuestros cuerpos.
·
Derriba
la brecha de género: Ninguna niña o mujer debería ver frenado su desarrollo
educativo o laboral por razones biológicas.
· Sana la relación con nosotras mismas: Cambia la narrativa de la vergüenza por una de autonomía y orgullo.
La salud menstrual es justicia social, es
igualdad y es un derecho. Sigamos escribiendo, hablando y cuestionando hasta
que la regla deje de ser un tabú y pase a ser un motivo de dignidad colectiva.



























