Murió a los 26 años, de tuberculosis, en octubre de 1926. Apenas tuvo
tiempo de vivir, militar y luchar durante poco más de un lustro. Y, sin
embargo, Domitila Pareja es recordada como la primera anarcofeminista de Bolivia —un título que se ganó no
por longevidad, sino por la contundencia de lo poco que alcanzó a hacer.
(Nota: no
debe confundirse con Domitila Barrios de Chungara, la célebre dirigente minera
boliviana de la segunda mitad del siglo XX. Son dos mujeres bolivianas
distintas, separadas por una generación completa, que por coincidencia
comparten el mismo nombre de pila.)
De costurera a fundadora de un periódico
Domitila trabajaba como costurera en La Paz cuando, en 1923, se
convirtió en una de las siete personas fundadoras del grupo anarquista La Antorcha, junto al mecánico e
ideólogo Luis Cusicanqui, Jacinto Centellas, Modesto Escobar y el español
Nicolás Mancilla, entre otros. Ese mismo año, el grupo lanzó el periódico que
llevó el mismo nombre del colectivo —La Antorcha—, convirtiéndose en una
de las publicaciones libertarias más activas de la ciudad.
Domitila no fue una fundadora pasiva o secundaria. Se convirtió en
oradora del grupo, insistiendo en un argumento que no era habitual escuchar en
los espacios anarquistas mixtos de la época: el de la doble sumisión de las mujeres, obligadas a cargar simultáneamente
con la explotación obrera y con el mandato de la maternidad.
El sindicato que cruzó clase y etnia
Más allá del periódico, Domitila trabajó activamente en el Sindicato Femenino de Oficios, un
espacio donde confluían trabajadoras domésticas, niñeras y vendedoras
ambulantes —en su mayoría mujeres indígenas— que debatían ahí sus propias
condiciones de explotación y discriminación frente a la burguesía local paceña.
Fue precisamente esa capacidad de entrelazar la crítica de clase con la
condición étnica de las trabajadoras lo que distinguió su militancia del
discurso anarquista boliviano más general de la época, centrado casi siempre en
categorías de clase sin esa misma atención a la dimensión indígena.
La represión tras la Masacre de Uncía
En junio de 1923, el ejército boliviano masacró a trabajadores mineros
en Uncía. Un año después, el grupo La Antorcha intentó publicar un manifiesto
de denuncia titulado "La tragedia de Uncía", dirigido al
proletariado boliviano. La publicación nunca pudo concretarse —según los
propios registros del grupo, por la "maldad de los hombres dominados por
el sectarismo y la envidia"—, y al día siguiente la policía persiguió y
detuvo a varios miembros de la agrupación, entre ellos a la propia Domitila,
quien fue liberada poco después. Sus compañeros, en cambio, fueron confinados a
las regiones más apartadas e inhóspitas del país.
Un texto de 1928 titulado "De Bolivia. La vida del grupo La
Antorcha" la describiría, años después de su muerte, con palabras que
contrastaban deliberadamente su militancia con la de otros sectores del
feminismo de la época:
"Luchadora de verdad, que supo llevar su aliento a los centros
obreros y sufrió las persecuciones de la tirana, modesta y sencilla militante
de la anarquía, que contrastaba notablemente con las feministas de plazuela que
proclaman graciosamente el voto para la mujer y un puesto en el
parlamento."
El último gesto
Enfermó de tuberculosis muy joven, y murió en octubre de 1926, a los 26
años. Cuenta la tradición oral del movimiento libertario boliviano que, poco
antes de morir, un sacerdote se acercó a su cama para ofrecerle los últimos
oficios religiosos. Domitila lo abofeteó. Fue, según quienes han reconstruido
su historia, su último acto de coherencia: ni siquiera frente a la muerte
estuvo dispuesta a transigir con la institución que tanto había criticado en
vida.
Su muerte dejó, en palabras de quienes investigaron después al grupo La
Antorcha, "un vacío en la militancia libertaria de Bolivia que nunca llegó
a solucionarse del todo".
Una memoria a veces distorsionada
Incluso en los intentos más recientes de rescatar su figura, Domitila ha
sido en ocasiones mal representada: en el video documental "Voces de
Libertad", se la representa visualmente como una "chola"
—una categoría social y étnica específica del altiplano boliviano—, cuando en
realidad, según la investigación de la historiadora Silvia Rivera Cusicanqui,
correspondía más bien a la categoría urbana de "birlocha". Es un
recordatorio de que incluso cuando se intenta honrar a estas mujeres, persiste
el riesgo de simplificar o distorsionar las identidades específicas
que ellas mismas habitaron.
📚 Bibliografía:
- Hubble Porcelli. "El tranvía que no paraba nunca: Mujeres
anarquistas en cuatro cuadros". Casa del Tiempo, Universidad
Autónoma Metropolitana.
- Rivera Cusicanqui, Silvia. "La identidad ch'ixi de un mestizo:
En torno a La Voz del Campesino, manifiesto anarquista de
1929". Sociedad de Amigos Contra el Estado, 2011.
- "Huellas libertarias: Un manifiesto indígena y anarquista en
Bolivia". Portal OACA.
- Choque, Roberto (2009). Investigación citada sobre la circulación
de La Voz del Campesino y el contexto del anarquismo paceño.
- "De Bolivia. La vida del grupo La Antorcha" (1928),
documento de época citado en estudios sobre anarquismo boliviano, SciELO
Bolivia.
🔗 Enlaces de interés:
- Portal OACA — Huellas libertarias: Un manifiesto
indígena y anarquista en Bolivia
- Casa del Tiempo (UAM) — Mujeres anarquistas en cuatro
cuadros
- Sociedad de Amigos Contra el Estado — La identidad
ch'ixi de un mestizo
- Wikipedia (inglés) — Anarchism in Bolivia:
contexto general del movimiento anarquista boliviano y el grupo La
Antorcha.


