El 16 de septiembre de 1885 nació en Blankenese, cerca de Hamburgo, la
mujer que se atrevería a hacer lo que casi ningún psicoanalista de su
generación se permitió: cuestionar a Freud desde adentro del propio movimiento
que él había fundado.
Una infancia bajo la mirada de un padre severo
Karen Danielsen —su apellido de nacimiento— creció en un hogar donde su
padre, un capitán de barco mercante noruego, protestante y conservador,
criticaba abiertamente su inteligencia, sus intereses y su apariencia. Su madre,
holandesa, era una mujer más libre de pensamiento, pero también atravesada por
sus propios conflictos emocionales. Karen, más cercana a ella, resumió su
respuesta a esa infancia con una frase que se volvería célebre: "Como
no pude ser bonita, decidí que sería inteligente".
En 1906, contra los deseos explícitos de su padre y las convenciones de
la época, entró a la escuela de medicina. En 1909 se casó con Oscar Horney, con
quien tuvo tres hijas, y hacia 1910 comenzó a formarse en la recién creada
Asociación Psicoanalítica de Berlín, fundada por Karl Abraham, uno de los
discípulos más cercanos de Freud.
Cuando su propio análisis se usó en su contra
Aquí está uno de los episodios menos conocidos —y más incómodos— de su
historia: Karl Abraham fue, durante un tiempo, el propio analista didáctico de
Karen Horney. En 1920, en el VI Congreso Internacional de Psicoanálisis
celebrado en La Haya, Abraham presentó una comunicación titulada "Manifestaciones
del complejo de castración femenino", en la que afirmaba que muchas
mujeres reprimían el deseo de ser hombres y rechazaban su identidad sexual —una
tesis que, en parte, construyó a partir de lo recogido en el propio análisis de
Horney.
Es decir: la teoría de la "envidia del pene" que ella
dedicaría buena parte de su carrera a desmontar se apoyó, en sus primeros
pasos, en material extraído de su propia terapia. Pocos datos ilustran mejor
por qué Horney terminó desconfiando de un sistema que pretendía explicar la
psicología femenina exclusivamente a través de una mirada masculina.
"¿Envidia de pene? No, desigualdad"
A medida que Horney trataba a sus propias pacientes y realizaba sus
estudios en el Instituto Psicoanalítico de Berlín —del que fue una de las
fundadoras en 1920—, la conducta real de las mujeres que veía en consulta no
encajaba con lo que la teoría freudiana predecía. Entre 1922 y 1935 escribió
catorce trabajos donde refutaba sistemáticamente la tendencia antifeminista de
Freud, enfatizando causas sociales y culturales por sobre las biológicas en la
psicología femenina.
Su argumento central era demoledor en su simpleza: las mujeres no
envidiaban el pene de los hombres. Envidiaban su independencia, su poder y los
privilegios que la sociedad les reservaba solo a ellos. El "sentimiento de
desventaja" no era un hecho psíquico primario y universal, como sostenía
Freud, sino la consecuencia lógica de desventajas reales y concretas:
económicas, sociales, legales.
Horney fue incluso más lejos, dándole la vuelta completa al argumento freudiano:
propuso la existencia de una envidia
del útero (womb envy) —la idea de que son los hombres quienes,
inconscientemente, envidian la capacidad femenina de gestar y dar vida, una
"superioridad fisiológica absolutamente incuestionable", en sus
propias palabras.
También cuestionó el Complejo de Edipo tal como Freud lo planteaba: para
Horney, las dificultades emocionales entre padres e hijos no nacían de un deseo
incestuoso reprimido, sino de una lucha de poder generacional dentro de la
familia —una lectura mucho más social que sexual del vínculo familiar.
El precio de pensar distinto
En 1932, a los 47 años, emigró a Estados Unidos, primero al Instituto
Psicoanalítico de Chicago y luego al de Nueva York. Allí publicó sus obras más
influyentes: La personalidad neurótica de nuestro tiempo (1937) y Nuevos
caminos en el psicoanálisis (1939). Fue precisamente por este último libro
—que se apartaba cada vez más del marco freudiano ortodoxo en la formación de
nuevos analistas— que el Instituto Psicoanalítico de Nueva York la apartó de la
formación de estudiantes en 1941.
Lejos de retroceder, ese mismo año fundó su propia institución: el Instituto Americano de Psicoanálisis, que dirigió hasta su muerte. Se convirtió también en una de las precursoras de la psicología humanista —Abraham Maslow llegó a reconocerla explícitamente como una de sus fundadoras— y renovó la técnica terapéutica al cuestionar la relación jerárquica y autoritaria entre analista y paciente, apostando por una psicoterapia más colaborativa.
El olvido y el regreso
Karen Horney murió de cáncer el 4 de diciembre de 1952, en Nueva York, a
los 67 años. A pesar de la fama que alcanzó en vida, su pensamiento cayó en un
relativo olvido durante más de una década. No fue sino hasta 1967 —quince años
después de su muerte— cuando se publicó Psicología femenina, una
recopilación de los ensayos que había escrito décadas antes, que su obra volvió
a circular con la fuerza que merecía. Para entonces, el movimiento feminista de
la segunda ola encontró en sus escritos de los años veinte y treinta una base
teórica que se había adelantado varias décadas a su tiempo.
📚 Bibliografía:
- Horney, Karen (1967). Feminine Psychology.
Nueva York: W. W. Norton & Company. (Recopilación póstuma de sus
ensayos de 1922-1937).
- Horney, Karen (1937). La personalidad
neurótica de nuestro tiempo.
- Horney, Karen (1939). Nuevos caminos en el
psicoanálisis.
- Horney, Karen (1945). Nuestros conflictos
interiores.
- Quinn, Susan (1987). A Mind of Her Own: The
Life of Karen Horney. Nueva York: Summit Books. Aporte: la
biografía académica de referencia sobre su vida y su ruptura con el
círculo freudiano.
🔗 Enlaces de interés:
- Karen
Horney — Wikipedia: ficha
biográfica completa, con cronología de su formación y ruptura con el
psicoanálisis ortodoxo.
- Karen
Horney Psychoanalytic Institute and Center: institución que continúa su legado clínico en Nueva York, fundada
tras su muerte.