La historia oficial centroamericana suele resumirse en un puñado de
nombres masculinos: Morazán, Barrundia, del Valle. Pero detrás de la Federación
Centroamericana —ese proyecto unionista que soñó con una región integrada y que
terminó fracasando entre guerras civiles— hubo una mujer que sostuvo, financió
y sobrevivió a todo el proceso: María Josefa Lastiri Lozano.
De heredera acaudalada a esposa de un caudillo
Nació en Tegucigalpa el 20 de octubre de 1792, hija de un comerciante
español y una criolla de Comayagua. Recibió la educación "esmerada"
que su familia acomodada podía costear —una instrucción limitada, centrada en
religión y labores domésticas, como correspondía a las mujeres de su época—,
pero que aun así la formó como una mujer de carácter, frecuentadora de los
salones de Tegucigalpa.
En 1818 se casó con el acaudalado hacendado Esteban Travieso, con quien
tuvo cuatro hijos. Cuando él murió en 1825, Josefa heredó una considerable
fortuna, incluyendo la hacienda de Jupuara. Fue justamente ahí, en su propia
hacienda, donde conoció a Francisco Morazán: Travieso había intervenido para
liberarlo de una prisión política en Comayagua, y en agradecimiento lo invitó a
su casa. El vínculo entre Josefa y Morazán, viuda y militar ambicioso,
escandalizó a la sociedad conservadora de Comayagua —tanto que su matrimonio,
celebrado el 30 de diciembre de 1825, tardó meses en concretarse por la presión
social.
Una vida marcada por la guerra
Lo que siguió no fue precisamente la vida tranquila de una primera dama.
Apenas año y medio después de su boda, en abril de 1827, las tropas federales
sitiaron Comayagua mientras Morazán salía a organizar la resistencia. Josefa
quedó en la ciudad con sus hijos cuando esta cayó y fue saqueada. Meses
después, cuando Morazán regresó victorioso tras la batalla de La Trinidad,
Josefa presenció el júbilo popular que lo recibió como nuevo Jefe de Estado de
Honduras.
Ese patrón se repitió una y otra vez durante los siguientes quince años:
Morazán marchaba a la guerra —contra fuerzas federales, contra Guatemala,
contra El Salvador, contra Nicaragua— y Josefa lo seguía de Estado en Estado,
convirtiéndose sucesivamente en Primera Dama de Honduras (1827-1830), de la
República Federal de Centroamérica (1830-1834 y 1835-1839), de El Salvador
(1839-1840) y finalmente de Costa Rica (1842), a los 49 años.
En 1839, mientras Morazán gobernaba El Salvador, una revuelta en San
Salvador tomó a Josefa y a su familia como rehenes para presionar su renuncia.
Morazán respondió con una frase que revela el precio que pagaba su familia por
sus ambiciones políticas: "pasaré sobre los cadáveres de mis
hijos" antes que ceder. Atacó a los amotinados y los venció; en su
huida, los rebeldes abandonaron a Josefa y a sus hijos sin causarles daño. Poco
después, Morazán la envió a un exilio forzado en Costa Rica, luego Panamá,
siempre huyendo un paso adelante de la próxima guerra.
El final, el mismo día que hoy celebramos
El desenlace llegó en Costa Rica. El 11 de septiembre de 1842, una
sublevación en San José y Alajuela atrapó a Josefa y a su hija Adela, de apenas
cuatro años, en medio de un combate feroz —se calcula que se dispararon más de
200.000 tiros esa noche. Madre e hija cayeron en poder de los sublevados y
estuvieron a punto de ser fusiladas, hasta que fueron puestas bajo la
protección de un sacerdote y luego de un comerciante local.
Morazán logró escapar del cerco, pero fue traicionado por quien creía un amigo y entregado a sus enemigos. El 15 de septiembre de 1842 —exactamente el mismo día en que hoy Centroamérica celebra el aniversario de su independencia— Francisco Morazán fue fusilado en San José, entre la expectación popular y el silencio doloroso de sus seguidores. Josefa se enteró de la muerte de su esposo una semana después, y sufrió, según los testimonios de la época, "dolorosas convulsiones y llanto sin tregua".
Los años finales, en la pobreza
Viuda, con su patrimonio familiar completamente consumido en financiar
las campañas militares de Morazán, Josefa se trasladó a El Salvador, donde
vivió sus últimos años en Cojutepeque, en la pobreza. Murió en San Salvador en
1846, a los 54 años.
La historiadora Anarella Vélez la sitúa junto a otras mujeres de la
independencia latinoamericana —Juana Azurduy, Manuela Sáenz, Policarpa
Salavarrieta, Micaela Bastidas— como parte de ese grupo de mujeres que fueron
indispensables para las gestas emancipadoras del continente, pero que la
historiografía tradicional relegó al rol de "esposas de". Josefa no
empuñó un arma ni dirigió una batalla, pero sin su fortuna, su resistencia ante
el exilio repetido y su disposición a arriesgarlo todo —incluida su propia vida
y la de su hija— el proyecto unionista de Morazán simplemente no habría sido
posible.
📚 Bibliografía:
- Vélez, Anarella.
"María Josefa Lastiri Lozano". Historia crítica, blog de
la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Aporte: la
biografía académica más completa y detallada sobre Josefa, con abundante
cita de fuentes primarias y testimonios de época.
- Castañeda, Elvia (1992). La
batalla del amor, María Josefa Lastiri. Tegucigalpa.
- Mejía Nieto, Arturo (1947). Morazán,
Presidente de la desaparecida República Centroamericana. Buenos Aires:
Editorial Nova.
- Guier, Enrique (1982). El
General Francisco Morazán. San José: Editorial Studium.
- Montúfar, Lorenzo. Reseña
Histórica de Centro-América.
🔗 Enlaces de interés:
- María Josefa Lastiri Lozano — Historia
crítica, blog de Anarella Vélez (UNAH): la biografía de referencia
usada en este artículo.
- María Josefa Lastiri Lozano — Wikipedia: ficha
biográfica con cronología de sus matrimonios y su rol como primera dama en
cuatro países centroamericanos.
- "Bicentenario en Honduras se
escribirá con nombre de mujer" — Criterio.hn:
artículo sobre la invisibilización de mujeres como Josefa Lastiri en la
historia oficial hondureña.