domingo, 11 de octubre de 2026

Cuerpos conquistados: la violencia sexual en la Conquista de América

 

Durante siglos, la historia oficial habló del 12 de octubre como un "descubrimiento" o un "encuentro de dos mundos". Pero los documentos de la época cuentan otra cosa. Cuentan cómo se sometió a millones de personas con una violencia sistemática, y cómo en esa violencia los cuerpos de las mujeres indígenas fueron un territorio más que se tomaba.

Este texto se apoya sobre todo en el estudio del historiador Esteban Mira Caballos, que analiza un proceso judicial del siglo XVI contra un conquistador, el capitán Lázaro Fonte, y de paso reconstruye cómo veían la violación los propios contemporáneos de la Conquista.

El terror como método

Los conquistadores eran pocos y los pueblos que sometían, muchos. Por eso el terror fue una herramienta planificada: matanzas de caciques, mutilaciones, ejecuciones públicas, castigos ejemplares para que nadie se atreviera a resistir. Ni siquiera el poder era un freno. El cronista Bartolomé de las Casas escribió que "matar ni robar indios nunca se tuvo en estas Indias por crimen", y el cronista indígena Guaman Poma de Ayala dejó dicho que, en tiempos de la Conquista, ni había justicia ni había rey.

En ese contexto, las mujeres sufrieron de una manera específica. No eran solo víctimas de la guerra: la violación, el cautiverio y la servidumbre sexual fueron parte del botín.

Un botín con cuerpo de mujer

Mira Caballos recuerda que la violación se toleraba ampliamente en la sociedad española de la época, y que aún más cuando la víctima era esclava o pertenecía a otra religión. Viajar a América multiplicó esas condiciones: lejos del poder, casi sin mujeres españolas y con decenas de miles de mujeres indígenas en situación de esclavitud o servidumbre, los abusos fueron, según el autor, algo "absolutamente habitual".

Los testimonios de la época lo confirman. Un religioso denunciaba en 1543 que algunos conquistadores tenían encerradas a las indígenas, las castigaban y las trasquilaban para doblegarlas, y que como todos hacían lo mismo, todo se tapaba. Los dominicos denunciaron que los mineros enviaban a los hombres a sacar oro mientras abusaban de sus esposas. Y según Las Casas, ya en el fuerte Navidad, levantado por Colón en 1492, los españoles que se quedaron se dedicaron a tomar por la fuerza mujeres y oro, y por eso terminaron muertos. El historiador advierte que los indicios apuntan en esa dirección, aunque no hay certeza total.

El mito de la "conquista erótica"

Existe una versión muy difundida y bastante cómoda: la de las indígenas "enamoradas" de los españoles, de las que habría nacido el mestizaje como una fusión armoniosa. El propio Mira Caballos reconoce que hubo mujeres que convivieron con españoles, casi siempre como concubinas y muy pocas como esposas. También hubo caciques que entregaron a sus hijas como forma de alianza, como ocurrió con la Malinche, regalada a Cortés, o con Inés Huaylas, hermana del Inca Huáscar, entregada a Pizarro.

Pero el autor concluye que esas uniones fueron minoritarias frente a la violación. Y cuando una mujer es entregada como moneda de cambio político, o convive con quien tiene el poder de matar a su gente, hablar de libre elección es, como mínimo, discutible. El mestizaje, en buena medida, nació de ahí.

Esclavas, crianza y negocio

La violencia sexual fue también un negocio. Un español que participó en la conquista de Yucatán se jactaba de haber dejado embarazadas a decenas de esclavas indígenas, porque así podía venderlas más caras. Otros vendían a mujeres embarazadas de sus propios hijos. Más tarde, ya avanzado el siglo XVI, se hizo común que las indígenas fueran obligadas a amamantar a los hijos de las españolas, en desmedro de sus propios hijos; solo a comienzos del siglo XVII se prohibió esa práctica, al menos en la ley.

Las esclavas indígenas, igual que las africanas, estaban especialmente expuestas: la ley no las protegía de sus dueños.

Un sistema entero, no solo los capitanes

La violencia no vino únicamente de los soldados. Según el estudio, también participaron funcionarios públicos, encomenderos y personas comunes, y hasta presidentes de audiencia, oidores y protectores de indios, es decir, las mismas autoridades que debían impedirla. El autor cita el caso de Nuño de Guzmán, presidente de la Audiencia de México, que según los registros violaba a jóvenes indígenas.

La impunidad: lo que decía la ley y lo que pasaba

Aquí está quizás el dato más revelador. En 1536, una real cédula mostraba la perplejidad del rey ante una sentencia: un español que intentó violar a una indígena y, cuando ella se refugió en una casa, la quemó viva, fue condenado a pagar apenas cinco pesos de oro. Lo que se juzgó fue el asesinato; el intento de violación ni siquiera pareció un delito.

La ley tampoco distinguía bien las edades. Las Siete Partidas trataban todas las violaciones por igual, y aunque el emperador Carlos V ordenó en 1533 penas de muerte para quienes violaran a niñas, en América, concluye Mira Caballos, eso quedó "en mero papel mojado".

El caso de Lázaro Fonte

El expediente de Lázaro Fonte lo muestra con claridad. Fonte, un capitán nacido en Cádiz, fue procesado en el Nuevo Reino de Granada, en la actual Colombia, por varios delitos. Entre ellos, la matanza de indígenas en Fusagasugá y la violación de niñas, que numerosos testigos españoles confirmaron. Pero según el estudio, la causa central del juicio no fue ninguna de esas atrocidades, sino que había comerciado esmeraldas en contra de una prohibición y se había enemistado con el teniente de gobernador, Gonzalo Jiménez de Quesada.

Fonte fue condenado a muerte, pero la pena se redujo a destierro. Después fue absuelto por un gobernador que, según los documentos, lo indultó a cambio de quedarse con sus propiedades. Años más tarde, la Corona llegó a recomendar que se le concediera una encomienda "en gratificación por sus servicios". Los testigos que presenciaron los hechos, además, no intervinieron: a lo más, le reprocharon su "bellaquería" después. La voz de las víctimas, en el expediente, simplemente no está.

El autor resume la conclusión con una frase que pesa: no conoce ni un solo caso de ejecución de una condena a muerte contra un español por haber asesinado o violado a indígenas.

Una advertencia del propio historiador

Para ser justas con la fuente, Mira Caballos aclara que esa violencia no fue exclusiva de España: otros imperios europeos usaron el terror y el abuso en sus colonias, y también hubo violencia entre los propios pueblos indígenas. Su punto es que se puede, y se debe, reconocer lo ocurrido "sin complejos y sin sentimientos de culpa". Es una postura que se puede discutir, pero que explica el tono del estudio. Lo que importa de su documentación es que muestra cómo funcionaba el poder: quiénes eran castigados, por qué, y quiénes quedaban sin castigo.

Leer la historia desde los cuerpos

Mirar la Conquista desde la violencia sexual no es morbo: es entender que el colonialismo se ejerció también sobre los cuerpos de las mujeres, y que esa jerarquía de impunidad dejó marcas que llegan hasta hoy. Pensadoras indígenas y decoloniales como Rita Segato y Lorena Cabnal, entre otras, han propuesto leer esa continuidad entre la violencia colonial y la violencia contra las mujeres y sus territorios en el presente, con ideas como el "cuerpo-territorio". Son lecturas que valen la pena explorar con calma, y que cada 12 de octubre nos recuerdan que la resistencia indígena también fue, y sigue siendo, una resistencia de mujeres.

📚 Bibliografía:

  • Mira Caballos, Esteban (2007). "Terror, violación y pederastia en la Conquista de América: el caso de Lázaro Fonte". Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, 44. Böhlau Verlag, Köln/Weimar/Wien.
  • Las Casas, Bartolomé de. Historia de las Indias y Brevísima relación de la destrucción de las Indias.
  • Fernández de Oviedo, Gonzalo. Historia general y natural de las Indias.
  • Benzoni, Girolamo. Historia del Nuevo Mundo.
  • Konetzke, Richard (1953). Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810.
  • Friederici, Georg (1973). El carácter del descubrimiento y de la conquista de América.
  • Todorov, Tzvetan (1999). La conquista de América. El problema del otro.

(Fuentes que cita el estudio de Mira Caballos; el texto se apoya en su lectura de ellas.)

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Día de la Niña: una deuda pendiente con todas las niñas

 

Cada 11 de octubre, desde 2012, la ONU conmemora el Día Internacional de la Niña. No es una fecha para regalar flores ni para repetir que "las niñas son el futuro". Es una fecha para hacer las cuentas de lo que se les debe hoy: seguridad, educación, salud y tiempo para ser niñas.

Este texto repasa los problemas que más las golpean, y termina con lo que, como sociedad, podemos y debemos hacer.

Niñas en tiempos de guerra

Cuando hay un conflicto armado, las niñas pierden su casa, su escuela y, muchas veces, a su familia. Quedan más expuestas a la violencia sexual, al reclutamiento, al desplazamiento forzado y a los matrimonios que sus familias aceptan para "protegerlas" o para sobrevivir. Cada año, la ONU documenta violaciones graves contra niñas y niños en las guerras, entre ellas la violencia sexual.

Algunas de esas historias llegaron a ser símbolos. Sadako Sasaki tenía dos años cuando cayó la bomba sobre Hiroshima, y murió a los 12 de una leucemia causada por la radiación. Malala Yousafzai tenía 15 cuando los talibanes le dispararon por defender el derecho de las niñas a estudiar. Pero detrás de cada nombre conocido hay millones de niñas anónimas.

La violencia sexual: casi siempre cerca de casa

La violencia sexual contra las niñas no ocurre solo en las guerras. Según estimaciones recientes de UNICEF, una de cada ocho niñas en el mundo sufre violación o abuso sexual antes de cumplir los 18 años, y en la mayoría de los casos el agresor es alguien cercano: un familiar, una pareja o un conocido.

En Chile lo vimos con crudeza en el caso de las niñas de Alto Hospicio, a las que el Estado trató como "fugadas" en vez de buscarlas. Y la ley chilena de tres causales reconoce que las niñas menores de 14 años violadas pueden interrumpir un embarazo hasta las 14 semanas de gestación, porque una niña embarazada por una violación no puede ser obligada a ser madre.

Matrimonio infantil y uniones forzadas

Millones de niñas se casan antes de los 18 años, a veces con hombres mucho mayores, por pobreza, por tradición o por "honor". El matrimonio infantil suele terminar con su educación, aumenta el riesgo de violencia y de embarazos tempranos, y las deja dependientes económicamente. Es una violencia que se presenta como un acuerdo entre adultos, pero la niña nunca decide. La edad mínima de 18 años, sin excepciones, es el piso de cualquier legislación que proteja a las niñas.

Mutilación genital femenina

La mutilación genital femenina se practica en decenas de países, sobre todo en África, y ha afectado ya a cientos de millones de niñas y mujeres. No tiene ningún beneficio médico, puede causar hemorragias, infecciones, dolor crónico y complicaciones en el parto, y se hace casi siempre a niñas pequeñas, que no pueden consentir. Es una violación de sus derechos y una forma de control sobre su cuerpo y su sexualidad. Ya lo contamos con más detalle en este blog, y seguiremos insistiendo: se abandona con educación, con leyes que la sancionen y con el trabajo de las propias comunidades.

Afganistán: el apartheid de género

Desde que los talibanes volvieron al poder en 2021, Afganistán es el único país del mundo donde se prohíbe la educación secundaria a las niñas, y también la universitaria a las mujeres. A eso se suman restricciones al trabajo, a la movilidad y a la vida pública. Una niña afgana que termina la primaria hoy ya sabe que no podrá seguir estudiando, y no por falta de talento ni de recursos, sino por una política deliberada.

Organismos de derechos humanos y expertos de la ONU hablan de "apartheid de género" para describir este sistema de segregación y exclusión sistemática de mujeres y niñas. Lo desarrollamos antes en este blog; hoy corresponde recordar que cada año que pasa es una generación de niñas a las que se les roba el futuro.

Niñas indígenas: una discriminación que se suma a otra

Las niñas indígenas enfrentan varias desigualdades a la vez: por ser niñas, por ser indígenas y, con frecuencia, por vivir en zonas rurales lejanas, con escuelas precarias, sin atención de salud cercana y con educación que no respeta su lengua ni su cultura. En muchos territorios, además, la presencia de empresas extractivas y de actores armados aumenta el riesgo de violencia contra ellas. El acceso a la educación intercultural bilingüe, a servicios de salud con pertinencia cultural y a la protección frente a la violencia no son favores: son derechos.

Y es una historia de larga data: en el texto que publicamos el 12 de octubre sobre la violencia sexual en la Conquista, vemos cómo el cuerpo de las mujeres indígenas fue desde el principio un territorio de poder.

Las "pequeñas madres": cuidar antes de crecer

En muchísimas familias, las niñas cargan desde muy temprano con el cuidado de sus hermanos menores y las tareas de la casa. Según estimaciones de UNICEF, las niñas de entre 5 y 14 años dedican muchas más horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los niños de su edad. Ese tiempo es el que les falta para estudiar, jugar, descansar y cuidarse. Les cuesta el rendimiento escolar, el sueño, el juego y, a la larga, su salud física y mental, y es una de las razones por las que muchas dejan la escuela.

Conviene mirarlo bien: esto no se resuelve culpando a las madres. Muchas de ellas trabajan, crían solas y no tienen salas cuna, apoyo ni una pareja que comparta el cuidado. La carga que le pasan a sus hijas es la misma que a ellas les pasaron, parte de un sistema que da por hecho que cuidar es "cosa de mujeres". Lo que hay que cambiar es ese sistema: que los padres asuman su parte, y que el Estado ofrezca servicios de cuidado accesibles.

Salud: lo que se queda sin atender

Todo lo anterior se traduce en salud. Las niñas y adolescentes sufren embarazos precoces, que son una de las principales causas de muerte entre las adolescentes en el mundo; anemia y malnutrición; falta de información y de productos para manejar la menstruación con dignidad; y problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, agravados por la violencia y el estrés de la sobrecarga. Sin educación sexual integral, sin acceso a anticonceptivos y a atención de salud adecuada, quedan expuestas a riesgos que son prevenibles.

¿Qué debemos hacer como sociedad?

  • Garantizar educación gratuita, segura y de calidad hasta el final de la secundaria, con apoyo para que las niñas que están en riesgo de abandonar puedan seguir: becas, alimentación escolar, transporte seguro y baños dignos.
  • Prohibir el matrimonio infantil sin excepciones y sancionar efectivamente la violencia sexual, con sistemas de protección que escuchen y crean a las niñas.
  • Educación sexual integral en todas las escuelas, desde edades tempranas, adaptada a cada etapa: enseña a reconocer el abuso, a pedir ayuda y a decidir sobre el propio cuerpo.
  • Servicios de salud accesibles y amigables para adolescentes, incluidos los de salud mental y salud sexual y reproductiva, y productos de higiene menstrual gratuitos.
  • Redistribuir el cuidado: más salas cuna y servicios públicos, y corresponsabilidad real de padres y de toda la sociedad, para que las niñas no sean las cuidadoras de reemplazo.
  • Educación intercultural y servicios con pertinencia cultural para las niñas indígenas, con participación de sus propias comunidades y organizaciones.
  • Exigir justicia y presión internacional por las niñas de Afganistán y de todos los conflictos: financiar su educación, proteger a las refugiadas y no normalizar a quienes les niegan sus derechos.
  • Trabajar también con niños, hombres y familias, porque ningún cambio dura si no cambian las ideas que lo sostienen.

Un último compromiso

Las niñas no necesitan que las admiremos por su resiliencia: necesitan que dejemos de exigírsela. Cada niña que está en la escuela, que se siente segura en su casa, que decide sobre su cuerpo y que puede jugar, es una niña a la que se le cumplió un derecho. Todavía faltan demasiadas.

📚 Fuentes:

  • Organización de las Naciones Unidas. "Día Internacional de la Niña" (resolución 66/170 de la Asamblea General, 2011).
  • UNICEF. Informes sobre violencia sexual en la niñez, matrimonio infantil, mutilación genital femenina y trabajo doméstico y de cuidados.
  • ONU. Informe anual del Secretario General sobre los niños y los conflictos armados.
  • ONU Mujeres y UNESCO. Informes sobre la situación de las mujeres y niñas en Afganistán.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Salud de las y los adolescentes y mutilación genital femenina.
  • Ley chilena N.º 21.030 (interrupción voluntaria del embarazo en tres causales).

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sábado, 10 de octubre de 2026

Luisa Capetillo: mucho más que los pantalones

 

A Luisa Capetillo se la recuerda, sobre todo, por una anécdota: en 1915, en La Habana, fue arrestada por salir a la calle con pantalones. Se defendió ella misma ante el juez, argumentando que ninguna ley prohibía a las mujeres usar ropa de hombre, y ganó. Es una buena historia, pero reducirla a eso es un error. Capetillo fue lectora de fábrica, escritora, organizadora de huelgas y una de las primeras voces del anarquismo y el feminismo obrero en Puerto Rico.

Una autodidacta en las fábricas de tabaco

Nació en Arecibo el 28 de octubre de 1879 (algunas fuentes dan 1882), hija de un obrero de origen español y de una madre francesa que trabajaba como empleada doméstica y le transmitió su idioma. Capetillo se formó sola, a fuerza de lectura, y llegó a leer literatura en francés. Trabajó en la industria de la aguja, escribió desde 1904 en periódicos de su pueblo y, en 1906, se hizo lectora en las fábricas de tabaco: la persona que leía en voz alta a las y los torcedores mientras trabajaban, y que les llevaba, de paso, noticias, novelas y ideas. En ese ambiente conoció a la Federación Libre de Trabajadores, el sindicato desde el cual empezó a organizar a las obreras del tabaco y de la caña.

Escribir para cambiarlo todo

En 1907 publicó Ensayos libertarios, donde expone sus ideas para una sociedad igualitaria; le siguió La humanidad en el futuro (1910) y, en 1916, Influencias de las ideas modernas, que reúne obras de teatro y cuentos. Defendió el amor libre, la escuela racionalista, el vegetarianismo y el ejercicio, y reclamó el voto para todas las mujeres, aunque su mayor preocupación fue que se organizaran en sindicatos. Una de sus frases más citadas resume su convicción: "La mujer debe de cambiar de situación cueste lo que cueste."

Viajes, huelgas y destierro

Desde 1912 vivió y militó en Nueva York, Tampa y Cuba, y más tarde apoyó huelgas en República Dominicana. En 1915, en Cuba, además del arresto por los pantalones, las autoridades la tuvieron en la mira por anarquista extranjera, y fue deportada a Puerto Rico. Al volver fue una de las líderes de las huelgas agrícolas del país, y en 1916 participó en la gran huelga de la caña, que según varias biografías reunió a unos 40.000 trabajadores de 32 municipios y terminó con un aumento salarial del 13%.

Ya en la década de 1920 colaboró con la campaña del Partido Socialista. Enferma de tuberculosis, murió en 1922, a los 42 años. La mayoría de las fuentes en español sitúa su muerte el 10 de octubre; algunas, incluida la versión en inglés de Wikipedia, dicen que fue el 10 de abril del mismo año.

Una historia que se perdió y se recuperó

Durante décadas su nombre estuvo casi borrado. Fue redescubierta en los años setenta, y la periodista Norma Valle Ferrer le dedicó en 1990 la biografía Luisa Capetillo, historia de una mujer proscrita, además de compilar su obra en Mi patria es la libertad. Hoy es reconocida como un ícono de las luchas libertarias, obreras y feministas de Puerto Rico.

📚 Bibliografía:

  • Valle Ferrer, Norma (1990). Luisa Capetillo, historia de una mujer proscrita.
  • Valle Ferrer, Norma, ed. Luisa Capetillo: Obra completa. "Mi patria es la libertad".
  • Hewitt, Nancy A. (2005). "Luisa Capetillo: Feminist of the Working Class". En: Latina Legacies: Identity, Biography, and Community. Nueva York: Oxford University Press, pp. 120-134.
  • Capetillo, Luisa (1907). Ensayos libertarios.
  • Capetillo, Luisa (1910). La humanidad en el futuro.
  • Capetillo, Luisa (1916). Influencias de las ideas modernas.

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miércoles, 7 de octubre de 2026

Domitila Pareja: la costurera que encendió la primera antorcha anarcofeminista de Bolivia

 

Murió a los 26 años, de tuberculosis, en octubre de 1926. Apenas tuvo tiempo de vivir, militar y luchar durante poco más de un lustro. Y, sin embargo, Domitila Pareja es recordada como la primera anarcofeminista de Bolivia —un título que se ganó no por longevidad, sino por la contundencia de lo poco que alcanzó a hacer.

(Nota: no debe confundirse con Domitila Barrios de Chungara, la célebre dirigente minera boliviana de la segunda mitad del siglo XX. Son dos mujeres bolivianas distintas, separadas por una generación completa, que por coincidencia comparten el mismo nombre de pila.)

De costurera a fundadora de un periódico

Domitila trabajaba como costurera en La Paz cuando, en 1923, se convirtió en una de las siete personas fundadoras del grupo anarquista La Antorcha, junto al mecánico e ideólogo Luis Cusicanqui, Jacinto Centellas, Modesto Escobar y el español Nicolás Mancilla, entre otros. Ese mismo año, el grupo lanzó el periódico que llevó el mismo nombre del colectivo —La Antorcha—, convirtiéndose en una de las publicaciones libertarias más activas de la ciudad.

Domitila no fue una fundadora pasiva o secundaria. Se convirtió en oradora del grupo, insistiendo en un argumento que no era habitual escuchar en los espacios anarquistas mixtos de la época: el de la doble sumisión de las mujeres, obligadas a cargar simultáneamente con la explotación obrera y con el mandato de la maternidad.

El sindicato que cruzó clase y etnia

Más allá del periódico, Domitila trabajó activamente en el Sindicato Femenino de Oficios, un espacio donde confluían trabajadoras domésticas, niñeras y vendedoras ambulantes —en su mayoría mujeres indígenas— que debatían ahí sus propias condiciones de explotación y discriminación frente a la burguesía local paceña. Fue precisamente esa capacidad de entrelazar la crítica de clase con la condición étnica de las trabajadoras lo que distinguió su militancia del discurso anarquista boliviano más general de la época, centrado casi siempre en categorías de clase sin esa misma atención a la dimensión indígena.

La represión tras la Masacre de Uncía

En junio de 1923, el ejército boliviano masacró a trabajadores mineros en Uncía. Un año después, el grupo La Antorcha intentó publicar un manifiesto de denuncia titulado "La tragedia de Uncía", dirigido al proletariado boliviano. La publicación nunca pudo concretarse —según los propios registros del grupo, por la "maldad de los hombres dominados por el sectarismo y la envidia"—, y al día siguiente la policía persiguió y detuvo a varios miembros de la agrupación, entre ellos a la propia Domitila, quien fue liberada poco después. Sus compañeros, en cambio, fueron confinados a las regiones más apartadas e inhóspitas del país.

Un texto de 1928 titulado "De Bolivia. La vida del grupo La Antorcha" la describiría, años después de su muerte, con palabras que contrastaban deliberadamente su militancia con la de otros sectores del feminismo de la época:

"Luchadora de verdad, que supo llevar su aliento a los centros obreros y sufrió las persecuciones de la tirana, modesta y sencilla militante de la anarquía, que contrastaba notablemente con las feministas de plazuela que proclaman graciosamente el voto para la mujer y un puesto en el parlamento."

El último gesto

Enfermó de tuberculosis muy joven, y murió en octubre de 1926, a los 26 años. Cuenta la tradición oral del movimiento libertario boliviano que, poco antes de morir, un sacerdote se acercó a su cama para ofrecerle los últimos oficios religiosos. Domitila lo abofeteó. Fue, según quienes han reconstruido su historia, su último acto de coherencia: ni siquiera frente a la muerte estuvo dispuesta a transigir con la institución que tanto había criticado en vida.

Su muerte dejó, en palabras de quienes investigaron después al grupo La Antorcha, "un vacío en la militancia libertaria de Bolivia que nunca llegó a solucionarse del todo".

Una memoria a veces distorsionada

Incluso en los intentos más recientes de rescatar su figura, Domitila ha sido en ocasiones mal representada: en el video documental "Voces de Libertad", se la representa visualmente como una "chola" —una categoría social y étnica específica del altiplano boliviano—, cuando en realidad, según la investigación de la historiadora Silvia Rivera Cusicanqui, correspondía más bien a la categoría urbana de "birlocha". Es un recordatorio de que incluso cuando se intenta honrar a estas mujeres, persiste el riesgo de simplificar o distorsionar las identidades específicas que ellas mismas habitaron.

📚 Bibliografía:

  • Hubble Porcelli. "El tranvía que no paraba nunca: Mujeres anarquistas en cuatro cuadros". Casa del Tiempo, Universidad Autónoma Metropolitana.
  • Rivera Cusicanqui, Silvia. "La identidad ch'ixi de un mestizo: En torno a La Voz del Campesino, manifiesto anarquista de 1929". Sociedad de Amigos Contra el Estado, 2011.
  • "Huellas libertarias: Un manifiesto indígena y anarquista en Bolivia". Portal OACA.
  • Choque, Roberto (2009). Investigación citada sobre la circulación de La Voz del Campesino y el contexto del anarquismo paceño.
  • "De Bolivia. La vida del grupo La Antorcha" (1928), documento de época citado en estudios sobre anarquismo boliviano, SciELO Bolivia.

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