01 noviembre 2026

"La Mujer Nueva", la pluma combativa que unió a las trabajadoras de Chile

 


En noviembre de 1935, apenas seis meses después de la fundación del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH), vio la luz el primer número de La Mujer Nueva.

        Lejos de ser un folletín informativo o una revista de la élite, este periódico nació con una misión política clara: convertirse en la voz, el escudo y la trinchera de las mujeres obreras, empleadas y pobladoras de Chile.


La propuesta editorial: Prensa hecha por y para mujeres

Bajo la dirección y pluma de figuras como Elena Caffarena, Marta Vergara y Olga Poblete, La Mujer Nueva irrumpió con un tono directo, crítico y pedagógico. Su distribución no se limitó a las librerías o eventos intelectuales; el periódico se vendía en la puerta de las fábricas, en las plazas públicas, en las faenas textiles y en los sindicatos de todo el país.

Su línea editorial conectaba de forma brillante tres ámbitos que hasta entonces se le presentaban a la mujer como fragmentados:

  • El trabajo fabril: Publicaba crónicas sobre las deplorables condiciones de salubridad y seguridad en los talleres.
  • El hogar y la vida privada: Abordaba el costo de la vida, la desnutrición infantil, el costo de los alimentos y la violencia intrafamiliar.
  • La alta política: Explicaba de forma accesible los proyectos de ley sobre el sufragio femenino, la reforma al Código Civil y la protección a la maternidad.

El impacto social y político de "La Mujer Nueva"

El periódico no solo informaba; organizaba y politizaba. Su impacto en la sociedad chilena de las décadas de 1930 y 1940 se tradujo en hitos fundamentales:

A) Romper el aislamiento de las trabajadoras

Por primera vez, las obreras de las industrias textiles de Santiago o las trabajadoras del calzado en Valparaíso leían testimonios de pares que vivían sus mismas injusticias. Esto generó una profunda conciencia de clase y de género, transformando el malestar individual en organización colectiva.

B) Visibilización de la brecha salarial

La Mujer Nueva fue pionera en colocar la disparidad de sueldos en la mesa del debate público. A través de cuadros comparativos e investigaciones periodísticas, demostró cómo las empresas pagaban hasta un 50% menos a las mujeres por la misma jornada laboral, desmontando el mito del "salario complementario".

C) Plataforma para el Sufragio Universal

El periódico sirvió como el principal canal de difusión para educar sobre la importancia del voto. Explicaba por qué el derecho a elegir a las autoridades no era un lujo burgués, sino una herramienta concreta para exigir leyes de protección laboral y derechos reproductivos.

D) Red de solidaridad y comités locales

En las páginas finales de cada edición se publicaban las direcciones y horarios de reunión de los comités del MEMCH a lo largo de Chile. Esto permitió que el periódico funcionara como un motor de expansión territorial, logrando articular comités desde Arica hasta Magallanes.

Un archivo de dignidad para el presente

La Mujer Nueva se publicó hasta 1941, dejando un legado documental incalculable para la memoria histórica de Latinoamérica. Demostró que la prensa escrita, impulsada desde el compromiso militante y con una perspectiva de clase, es capaz de mover las placas tectónicas de un país.

Las memchistas nos enseñaron que la palabra escrita es una herramienta de emancipación; una lección que desde Escritos Feministas mantenemos más viva que nunca.

Bibliográfia:

Acceso libre a la colección digitalizada de los números históricos del periódico.

  • Poblete, Olga (1993). Una mujer: Elena Caffarena. Ediciones La Morada / Editorial Cuarto Propio.
  • Rojas, Claudia (2010). El MEMCH y la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres en Chile (1935-1949). Archivo Nacional de Chile.

 

31 octubre 2026

Brujas y Samhain: la historia que nos contaron al revés



Cada 31 de octubre se llenan las vitrinas de sombreros puntiagudos, escobas, narices ganchudas y caras verdes. La bruja es, junto a la calabaza, el rostro de Halloween. Pero detrás del disfraz hay dos historias reales que la fiesta comercial ha ido tapando: la de las mujeres perseguidas y ejecutadas como brujas, y la de una antigua celebración de los pueblos de lengua celta, el Samhain. Las dos fueron deformadas con el tiempo, y por razones parecidas.

Qué fue la caza de brujas

Entre los siglos XV y XVIII, en Europa y en sus colonias, miles de personas fueron juzgadas, torturadas y ejecutadas por brujería. Las cifras que manejan los historiadores actuales hablan de decenas de miles de ejecuciones (los cálculos más citados van de unas 40.000 a 60.000), muy lejos de los "millones" que a veces se repiten, una cifra que la investigación descartó. Sí es claro que, en la mayor parte de Europa, alrededor de tres cuartas partes de las personas acusadas eran mujeres.

No fue un fenómeno medieval, como se suele creer, sino de la época moderna, el tiempo de las guerras de religión, las crisis y el miedo. Un hito simbólico es la bula papal de 1484 y el Malleus Maleficarum ("El martillo de las brujas"), publicado hacia 1486 por el dominico Heinrich Kramer, un manual que argumentaba que las mujeres eran más propensas a la brujería por su supuesta debilidad moral. Es un texto misógino de punta a punta.

Las acusadas solían ser mujeres pobres, viudas, mayores, solas, que vivían en conflicto con sus vecinos o que tenían un saber de curación. Algunas eran parteras o sanadoras, aunque los historiadores matizan la idea de que fueran la mayoría. Lo que casi siempre las unía era la vulnerabilidad: no tenían a quien las defendiera.

Lo que decía Federici

Silvia Federici, en Calibán y la bruja, propuso una lectura que ha marcado a toda una generación feminista: la caza de brujas no fue una simple histeria religiosa, sino parte de la transición al capitalismo. Perseguir a las mujeres sirvió para disciplinar sus cuerpos, controlar su capacidad de reproducción y desacreditar saberes y formas de vida comunitarios. Se puede discutir cuánto de esa tesis aplica a cada región, pero sigue siendo una herramienta potente para pensar el vínculo entre violencia, cuerpo y poder.

Un mito que conviene desmontar

A veces se dice que las mujeres quemadas eran sacerdotisas de una antigua religión pagana que sobrevivió en secreto. Esa idea, popularizada por la antropóloga Margaret Murray en 1921, hoy está desacreditada por los historiadores. Las personas perseguidas eran, en su inmensa mayoría, vecinas cristianas, acusadas por gente de su propia comunidad. Reconocerlo no le resta dignidad: al contrario, muestra que bastaba ser mujer, pobre y vulnerable para quedar en la mira.

Samhain: otra mirada sobre la muerte

Samhain es una fiesta de los pueblos de tradición gaélica, en lo que hoy es Irlanda, Escocia y la isla de Man, que se celebraba entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre. Marcaba el final de la cosecha y el comienzo de la mitad oscura del año, el invierno. En esa noche de tránsito, según la tradición, el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía delgado. Se encendían hogueras, se reunían las familias, se preparaban comidas compartidas y se recordaba a quienes se habían ido.

Hay que ser honestas con lo que sabemos: casi todo lo que conocemos de su sentido original viene de textos medievales irlandeses, escritos siglos después por monjes cristianos. De los rituales precristianos hay muy poca evidencia directa, y mucho de lo que se afirma con seguridad sobre los "druidas" y sus ceremonias es especulación.

Su sentido profundo, en cambio, es muy claro y muy bello: una cosmovisión que veía la vida como un ciclo, donde la oscuridad, la muerte y el descanso no eran enemigos sino parte natural del año.

Cómo se deformó

  • Se cristianizó. La Iglesia fijó el 1 de noviembre como Día de Todos los Santos y el 2 como el de los Fieles Difuntos. Los historiadores discuten si fue un reemplazo deliberado de Samhain o una coincidencia de calendarios, pero de ahí viene el nombre All Hallows' Eve, de donde sale "Halloween".
  • Se demonizó. Lo que no encajaba en la teología cristiana, como las fiestas de los muertos, el contacto con los espíritus y los saberes tradicionales, empezó a asociarse con el demonio. Es la misma mirada que alimentó la caza de brujas.
  • Se inventaron falsedades. Una de ellas es la de un supuesto "dios celta de la muerte llamado Samhain": Samhain es el nombre de una fiesta, no de una deidad. Otra es la de los sacrificios humanos en las hogueras de la fiesta, que se apoya en relatos de autores romanos hostiles a los celtas, no en evidencia sobre Samhain.
  • Se comercializó. Los inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron la fiesta a Estados Unidos en el siglo XIX, y allí se transformó en la celebración de disfraces y dulces que hoy exporta el mundo.
  • Se reinventó. En la segunda mitad del siglo XX, movimientos neopaganos como la Wicca retomaron Samhain como una de sus fechas sagradas. Es una espiritualidad moderna y legítima, pero no una continuidad directa de la antigua, y conviene no confundirlas.

El paralelo: dos tergiversaciones, un mismo gesto

Mirados juntos, los destinos de la bruja y de Samhain se parecen mucho. Los dos fueron algo que se entendía desde la comunidad y desde el ciclo de la vida y la muerte, y los dos fueron convertidos en algo siniestro: la sanadora, en "bruja pactante"; la fiesta de los muertos, en "noche del diablo". Los dos fueron después despojados de su historia y vaciados de contenido por la industria: la bruja, en disfraz de "bruja sexy" o en caricatura de vieja fea; Samhain, en una fiesta de caramelos.

En los dos casos, lo que se perdió fue la memoria de quiénes eran: mujeres de carne y hueso que murieron por el miedo y la ambición de otros, y una forma de relacionarse con la muerte que no tenía nada de monstruoso.

Y hoy

La caza de brujas no es solo pasado. Hasta hoy, en algunos países de África, Asia y Oceanía, las acusaciones de brujería siguen costando la vida y la libertad de mujeres, sobre todo ancianas, viudas y personas en situación de pobreza o con discapacidad. En Chile y en América Latina, la huella de la Inquisición y de la persecución de lo que escapaba de la norma también dejó su rastro, y de ahí viene la leyenda negra de figuras como la Quintrala.

Por eso, una consigna que se repite en las marchas feministas dice mucho: "Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar."

📚 Para ampliar

  • Federici, Silvia (2004). Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños.
  • Levack, Brian P. (1987). The Witch-Hunt in Early Modern Europe. Londres: Longman.
  • Behringer, Wolfgang (2004). Witches and Witch-Hunts: A Global History. Cambridge: Polity Press.
  • Hutton, Ronald (1996). The Stations of the Sun: A History of the Ritual Year in Britain. Oxford: Oxford University Press.
  • Hutton, Ronald (1999). The Triumph of the Moon: A History of Modern Pagan Witchcraft. Oxford: Oxford University Press.
  • Kramer, Heinrich (c. 1486). Malleus Maleficarum. 

28 octubre 2026

Tu primera regla no te convierte en mujer

Casi todas lo escuchamos, o lo escuchamos decir a otras: "Ya eres una mujercita". "Hoy te convertiste en mujer". Se dice con cariño, casi siempre con buena intención, y casi siempre sin pensarlo. Pero cuando llega la primera regla, esa frase le pone a una niña un peso que no le corresponde. El 28 de octubre, Día de la Menarquia, es una buena ocasión para detenerse en eso, y para destacar el trabajo de proyectos latinoamericanos que buscan visibilizar el tema.

Qué es la menarquia o Menarca

La menarquia es la primera menstruación, el primer sangrado menstrual de una niña. Es una señal de que su cuerpo está madurando, y suele llegar un par de años después de que empiezan a desarrollarse las mamas. La edad promedio ronda los 12 años, aunque lo normal abarca un rango amplio: cada cuerpo tiene su propio ritmo.

Es un hecho biológico importante y totalmente natural. Lo que no es, es un cambio de identidad.

Por qué es mejor no decir "te convertiste en mujer"

1. Sigue siendo una niña. La primera regla no cambia su edad, su forma de pensar ni lo que necesita. Una niña de 11 o 12 años que menstrúa sigue necesitando jugar, estudiar, equivocarse y ser cuidada. Su cuerpo avanzó más rápido que el resto de su desarrollo, pero no su infancia.

2. Le pone expectativas que no corresponden. Decirle que "ya es mujer" suele venir acompañado, explícita o implícitamente, de nuevas reglas: "ahora tienes que cuidarte", "ahora ten cuidado con los niños", "ahora compórtate". Es como si de un día para otro tuviera que dejar de ser niña y asumir responsabilidades adultas.

3. Puede apurar su sexualización. Asociar la menstruación con la adultez es el mismo razonamiento que, en muchas partes del mundo, lleva a considerar a una niña "lista para casarse" apenas le llega la regla. Es una de las raíces del matrimonio infantil, del que hablamos en el post del Día de la niña. Cuando una cultura trata a las niñas como mujeres adultas desde la menarquia, las deja más expuestas a la violencia y a las uniones forzadas.

4. Mezcla el cuerpo con el valor de la persona. Si ser mujer es "tener la regla", entonces ¿qué pasa con las mujeres que no menstrúan, por una condición de salud, por una cirugía o porque ya pasaron la menopausia? ¿Y con las niñas a las que la regla les llega tarde? Ser mujer no depende de un sangrado. Tampoco todas las personas que menstrúan se identifican como mujeres, un punto que a veces se olvida.

5. Puede generar vergüenza, no orgullo. Muchas niñas viven la primera regla con susto, con incomodidad o con miedo a que los demás se den cuenta. Si además sienten que "tienen que" convertirse en algo distinto, la experiencia se carga de presión. Lo que ayuda es lo contrario: normalizarla.

Qué decirle en cambio

Basta con ser simple, cálida y concreta:

  • "Es normal, es parte de cómo está creciendo tu cuerpo."
  • "Sigues siendo la misma de siempre. Eres una niña y puedes seguir haciendo todo lo que hacías."
  • "Puedes preguntarme lo que quieras, cuando quieras."
  • "¿Quieres que te muestre cómo usar una toalla o un tampón?" u otro metodo de higiene menstrual"(Y esperar a que ella diga qué necesita, sin apurarla.)

Si ella quiere celebrarlo, con una comida, un regalo o un gesto, perfecto. Lo importante es que sea una elección suya, y no un rito que le imponen.

Cómo acompañar una primera regla

  • Hablar antes, no después. Lo ideal es explicar qué es la menstruación antes de que llegue, para que la primera vez no sea una sorpresa. Una niña que sabe qué le va a pasar vive la menarquia con mucho menos miedo.
  • Tener a mano lo necesario: toallas higiénicas, ropa interior de repuesto y una explicación clara de cómo usarlas y cambiarlas. En la mochila del colegio también.
  • No hablar de la regla en voz baja ni como un secreto. Cuando se trata como algo que hay que esconder, se transmite que es algo vergonzoso.
  • Incluir a los niños y a los padres en la conversación. La menstruación no es "cosa de mujeres": es una parte de la salud de toda la sociedad, y los niños también deberían saber qué es.
  • Atender el dolor y los cambios. Algunas molestias son normales, pero si el dolor es tan fuerte que impide ir al colegio, si el sangrado es muy abundante, o si la regla llega muy temprano o muy tarde, vale la pena consultar a una pediatra o ginecóloga.

La primera y la última regla

En este blog hablamos hace poco de la Menopausia, y de cómo casi nadie nos prepara para la última regla. Pasa lo mismo con la primera: las dos se viven en silencio, entre vergüenza y falta de información. Es el mismo problema visto en dos extremos de la vida. Hablar de la menstruación con claridad, sin tabú y sin frases que cargan de sentido lo que es un hecho biológico, es una forma de cuidar a las niñas, y de cuidarnos a todas.

📖 Diez libros para acompañar a las niñas

Algunas lecturas para que las niñas entiendan qué les pasa y lleguen a su primera regla con información, no con miedo:

  1. La regla mola (si sabes cómo funciona), de Anna Salvia Ribera y Cristina Torrón. Editorial: Montena.
  2. ¡Hola, menstruación!, de Yumi Stynes y Dra. Melissa Kang. Editorial: Liana Editorial.
  3. Bienvenida mi luna, de Carmen Moraga Hernández. Editorial: Teraideas.
  4. El libro rojo de las niñas, de Cristina Romero Miralles y Francis Marín (ilustradora). Editorial: Contar en Tribu (Ob Stare).
  5. El rojo es bello, de Lucía Závolo. Editorial: Tapa Blanda / ediciones varias (por ejemplo, Loguez).
  6. Viaje a la Tierra de la Luna Rosa, de Susana Sancho Esteban. Editorial: Amat Editorial.
  7. El tesoro de Lilith, de Carla Trepat Casanovas. Editorial: Autoedición / NubeOcho.
  8. Mi diario de mi primera regla (o Mi primera regla), de Nicole Schäufler. Editorial: Macro Ediciones.
  9. Mamá, me ha venido la regla, de Julia Serrano Fuertes. Editorial: Arcopress.
  10. Menstruación en marcha, de Camila Schijvarg, Karina Iummato y Agostina 
🔗Para Ampliar:

26 octubre 2026

Cien años de feminismo palestino


    El 26 de octubre de 1929, doscientas mujeres se reunieron en Jerusalén para el Primer Congreso de Mujeres Árabes Palestinas, organizado por Tarab Abd al-Hadi y Matiel Mogannam. Ese mismo día nació la Asociación de Mujeres Árabes de Palestina. Casi un siglo después, recordamos ese momento fundacional y la red de resistencia que se sostiene desde entonces.

    Cuando pensamos en la lucha del pueblo palestino, la narrativa oficial suele borrar los rostros de quienes sostienen la vida en los momentos más oscuros. Hoy queremos hablar de ellas: las mujeres palestinas que, desde ese congreso de 1929, se organizan sin tregua. Una red que dejó claro, desde sus inicios, que la emancipación de su tierra y la de sus cuerpos van de la mano.

    Lo más poderoso de este movimiento ha sido su carácter secular y diverso. En sus asambleas jamás ha importado si una compañera es musulmana, cristiana o de cualquier otra creencia; lo que las une es un lazo inquebrantable de hermandad y la convicción de que la ocupación se combate desde la primera línea, pero también desde los cuidados.

De la protesta política a la red de salvación

A finales de la década de 1920, en pleno Mandato Británico, cientos de mujeres desafiaron los mandatos de la época. Se quitaron los velos urbanos de clase alta para marchar por las calles, redactaron manifiestos y exigieron el fin de la colonización. Así, el 26 de octubre de 1929, nació la Unión de Mujeres Árabes en el propio hogar de Tarab Abd al-Hadi. Pero no se quedaron solo en la demanda política; entendieron rápidamente que, para resistir, había que sobrevivir.

    A lo largo de estos casi 100 años —atravesando la Nakba de 1948, la ocupación de 1967 y las Intifadas—, estas organizaciones se convirtieron en el verdadero sistema de soporte de Palestina:

  • Socorro y refugio: organizaron los primeros hospitales de campaña, cocinas comunitarias y orfanatos para acoger a las familias que lo perdían todo de la noche a la mañana.
  • Sostenimiento económico: crearon cooperativas textiles y agrícolas para que las mujeres cuyas parejas habían sido asesinadas o encarceladas pudieran mantener la autonomía de sus hogares.
  • Educación como trinchera: fundaron escuelas y centros de alfabetización, convencidas de que un pueblo educado es un pueblo más difícil de someter.

Cuidar a los hermanos, sostener la memoria

    La genialidad de su organización radica en cómo transformaron las tareas de cuidado —históricamente invisibilizadas y recluidas al ámbito privado— en una herramienta de resistencia colectiva y pública. Socorrer a sus hermanos y hermanas no ha sido un acto de caridad, sino de profunda justicia social y política.

    Mientras el mundo miraba a otro lado, ellas levantaban clínicas, rescataban el bordado tradicional (tatreez) para preservar la identidad cultural frente al borrado colonial, y tejían redes de apoyo psicológico para infancias traumatizadas por la violencia.

Un legado que nos interpela

    Hoy, cuando el panorama es más oscuro que nunca, las colectivas y uniones de mujeres palestinas siguen en pie de guerra. Siguen repartiendo ayuda humanitaria donde nadie más llega, siguen documentando las violaciones de derechos humanos y siguen recordándonos el verdadero significado de la interseccionalidad.

    Desde nuestro feminismo, les rendimos homenaje. Porque el feminismo palestino nos enseña que no hay liberación de las mujeres sin la liberación de sus pueblos, y que la solidaridad no tiene fronteras ni religiones.

¡Por las que estuvieron, las que sostienen el presente y las que vendrán!

Bibliografía:

Fundacionales — el congreso de 1929 y el período del Mandato Británico

  • Fleischmann, Ellen L. (2000). "The Emergence of the Palestinian Women's Movement, 1929–39". Journal of Palestine Studies, 29(3), 16–32. Aporte: el artículo académico de referencia sobre la fundación de la Unión de Mujeres Árabes en 1929. Analiza contradicciones, estrategias y logros del movimiento en su primera década, en el contexto de la Revuelta Árabe. Disponible en PDF vía PalQuest
  • Fleischmann, Ellen L. (2003). The Nation and Its "New" Women: The Palestinian Women's Movement, 1920–1948. University of California Press. Aporte: el estudio histórico más completo sobre el período 1920-1948. Basado en historias orales, prensa de época, memorias y documentos gubernamentales — es el libro fundacional del campo.
  • Fleischmann, Ellen L. (1999). "Selective Memory, Gender and Nationalism: Palestinian Women Leaders in the British Mandate Period". History Workshop Journal, 47, 141–158. Aporte: analiza cómo la memoria histórica ha sido selectiva respecto al liderazgo de las mujeres palestinas durante el Mandato.
  • Mogannam, Matiel E. T. (1937). The Arab Woman and the Palestine Problem. Herbert Joseph (Londres). Aporte: fuente primaria, escrita por una de las propias líderes y fundadoras del movimiento (nacida en 1899, participó activamente desde 1929). Es el testimonio directo más citado del período.

Desde la Nakba hasta las Intifadas (1948-1989)

  • Peteet, Julie M. (1992).
    Gender in Crisis: Women and the Palestinian Resistance Movement. Columbia University Press. Aporte: estudio etnográfico clásico sobre el rol de las mujeres en el movimiento de resistencia palestino en el exilio y los campos de refugiados, incluyendo la creación de la GUPW (Unión General de Mujeres Palestinas) tras la Nakba.
  • Gijón Mendigutía, Mar (2015). Historia del movimiento de mujeres en Palestina. Biladi. Aporte: en español. Cubre el arco completo desde 1884 hasta la actualidad, dividido por períodos: nacimiento y oficialización (1884-1929), movilización plena (1930-1939), la Nakba y el "renacimiento" (1950-1969), los comités de mujeres y la primera Intifada (1970-1989), y la fragmentación posterior a Oslo. Incluye anexo biográfico y directorio de organizaciones. Es probablemente la fuente más completa en español sobre este tema específico.

Período contemporáneo (Oslo en adelante)

  • Abdul Hadi, Mahdi (ed.) (2006). Palestinian Personalities: A Biographic Dictionary (2ª ed.). PASSIA Publications (Jerusalén). Aporte: diccionario biográfico con entradas sobre las principales figuras del movimiento de mujeres palestino, incluida Matiel Mogannam.

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