sábado, 4 de julio de 2026

El día que las mexicanas hicieron historia: A 71 años del primer voto femenino

 



Hoy se conmemora un hito que transformó para siempre la vida pública de América Latina. Un día como hoy, el 3 de julio de 1955, las calles de México se llenaron de mujeres que, por primera vez en una elección federal, ejercieron su derecho al voto. No fue una concesión, no fue un regalo del gobierno en turno; fue una conquista histórica arrancada al patriarcado institucional tras décadas de resistencia, organización y debate.

Para dimensionar lo que ocurrió hoy hace más de siete décadas, es necesario mirar hacia atrás desde una perspectiva continental y recordar los pasajes, a veces en un rincón obscuro de la historia oficial, que abrieron el camino.

El camino hacia las urnas: Una lucha de décadas

La exigencia del sufragio en México no empezó en los años 50. Fue un fuego que se avivó desde finales del siglo XIX y que cobró fuerza durante la Revolución Mexicana.

Los primeros brotes revolucionarios

  • ·        
    Hermila Galindo (1916): Durante el Primer Congreso Feminista de Yucatán, Hermila Galindo alzó la voz para exigir el voto de las mujeres, argumentando que, si ellas pagaban impuestos y formaban parte de la sociedad, debían decidir su rumbo. Llevó la propuesta al Congreso Constituyente de 1917, pero fue rechazada bajo el argumento de que las mujeres "carecían de preparación política".
  • ·         El ejemplo de Yucatán y San Luis Potosí (Años 20): Ante la negativa federal, algunos estados tomaron la delantera. Yucatán reconoció el voto local en 1923, permitiendo que Elvia Carrillo Puerto se convirtiera en una de las primeras diputadas locales del país. San Luis Potosí y Chiapas le siguieron poco después.


La gran traición institucional (1937)

Uno de los momentos más amargos ocurrió durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Tras una intensa presión del Frente Único Pro Derechos de la Mujer (que agrupaba a más de 50 mil mujeres), Cárdenas impulsó una reforma al Artículo 34 constitucional. La reforma fue aprobada por el Congreso y por todos los estados. Sin embargo, nunca se publicó en el Diario Oficial. El mito de que las mujeres votarían influenciadas por la Iglesia (el bando conservador) sirvió de pretexto para congelar el decreto.


El triunfo definitivo: 1953 y 1955

La presión social se volvió insostenible en la posguerra. Finalmente, tras años de alianzas y protestas de sufragistas de la vieja y nueva guardia, el 17 de octubre de 1953 el presidente Adolfo Ruiz Cortines promulgó las reformas constitucionales que otorgaron la ciudadanía plena a las mujeres.

Pero la verdadera prueba de fuego ocurrió dos años después, el 3 de julio de 1955. Ese domingo, las mexicanas salieron a votar para elegir a los integrantes de la XLIII Legislatura de la Cámara de Diputados. Las crónicas de la época narran filas inmensas de abuelas, madres e hijas, conmovidas y conscientes del peso histórico que cargaban en sus manos.

 

"El voto no solo les dio una boleta electoral; les otorgó el derecho existencial de ser contadas como personas frente al Estado."

La memoria como trinchera y la mirada regional

Al observar este hito desde el cono sur, queda en evidencia que los procesos de emancipación en América Latina no ocurrieron de forma aislada. La lucha de las mexicanas resuena profundamente en toda la región, donde cada avance significó derribar las mismas barreras de tutela y exclusión.

Hoy, al ver hacia atrás, se recuerda que el voto fue solo la primera de muchas puertas que se tuvieron que abrir a la fuerza. Faltarían décadas para la paridad de género en el Congreso, para las primeras gobernadoras y para ver un México con una presidenta.

Celebrar este día en Escritos Feministas es un recordatorio de que los derechos humanos de las mujeres nunca han sido permanentes; se defienden todos los días.

 

¡Honor y memoria a las sufragistas que dieron voz y voto!

viernes, 3 de julio de 2026

Federica Montseny: La voz incombustible del anarquismo

 


Federica Montseny Mañé (Madrid, 1905 – Toulouse, 1994) fue una de las figuras más emblemáticas del movimiento libertario español y la historia política europea. Escritora, intelectual y activista incansable, pasó a la posteridad por ser la primera mujer en asumir un cargo ministerial en España (y una de las primeras en Europa), liderando el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en 1936 durante la Segunda República.

Su vida estuvo marcada por la defensa radical de la libertad individual, el feminismo desde una óptica de emancipación total y la justicia social.

El exilio y el regreso a la patria

Tras la derrota republicana en la Guerra Civil (1939), Montseny se vio obligada a exiliarse en Francia. Durante las décadas de dictadura, sufrió la persecución del régimen de Vichy y de la Gestapo, pero logró sobrevivir y continuar organizando la resistencia cultural y política de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en el exilio.

Para ella, el exilio no fue un periodo de silencio, sino un largo letargo a la espera de que el panorama cambiaste.

El histórico mitin de Montjuïc (1977)

En 1977, dos años después de la muerte del dictador Franco, Federica Montseny volvió a pisar España para continuar con su militancia e ideales anarquistas. Su retorno no fue un acto nostálgico, sino una inyección de energía para una militancia que intentaba reorganizarse en la naciente Transición.

El punto álgido de este regreso ocurrió el 2 de julio de 1977 en Montjuïc (Barcelona). Este acto se convirtió en un hito histórico por varias razones:

Convocatoria masiva: Congregó a 100.000 personas, una cifra impresionante que demostró que el sentimiento libertario seguía vivo en el subsuelo de la sociedad española a pesar de casi cuarenta años de represión.

 

Un puente en el tiempo: Fue el primer mitin masivo de la CNT en España desde 1939, marcando el fin oficial del largo invierno del exilio y la clandestinidad.

El mensaje: Con más de 70 años, Montseny subió al estrado demostrando que su oratoria seguía intacta. Advirtió con lucidez sobre los peligros de una transición pactada desde arriba y defendió la necesidad de una transformación social profunda, rechazando las estructuras del Estado que consideraba un velo obscuro sobre la verdadera libertad del pueblo.

Últimos años y legado

A pesar del éxito de Montjuïc, la CNT y el movimiento anarquista se enfrentaron a profundas divisiones internas y a la marginación política durante los años posteriores. Montseny decidió fijar su residencia definitiva en Toulouse (Francia), aunque viajaba frecuentemente a España para dar conferencias y participar en actos culturales.

Federica Montseny falleció el 14 de enero de 1994. Su vida dejó claro que los ideales no se erosionan con el tiempo ni con la distancia; el mitin de 1977 fue la prueba de que, para ella, la militancia era un compromiso de por vida.

Bibliografía:

Ensayo político y teoría anarquista

  • La mujer, problema del hombre (1932): Un texto fundamental donde expone sus ideas sobre la emancipación femenina desde una perspectiva libertaria, argumentando que la liberación de la mujer debe ser integral y no solo un reflejo de las dinámicas burguesas.
  • El anarquismo militante y la realidad española (1937): Un análisis directo y complejo escrito en pleno conflicto bélico, donde reflexiona sobre las tensiones de la CNT al asumir responsabilidades gubernamentales.
  • Qué es el anarquismo (1974): Una obra de madurez que sirve como síntesis didáctica e introductoria de sus ideales pedagógicos y políticos, publicada en los estertores del franquismo.

Narrativa y novelas sociales

  • La Victoria (1925): Su primera novela larga de gran repercusión, centrada en los dilemas morales y la autonomía de una mujer con ideas modernas ante las convenciones de la época.
  • El hijo de Clara (1927): Continuación del debate planteado en La Victoria, ahondando en temas como la maternidad libre y las relaciones humanas al margen de los lazos del Estado o la Iglesia.
  • La indomable (1928): Novela con fuertes tintes autobiográficos que explora el choque de una joven rebelde e idealista con la realidad que la rodea.

Memorias, exilio y testimonio histórico

  • El éxodo: Pasión y muerte de españoles en el exilio (1969): Una crónica conmovedora y testimonial sobre el sufrimiento, la resistencia y las vicisitudes del exilio republicano en suelo francés.
  • Seis años de mi vida (1939-1945) (1978): Libro de memorias centrado específicamente en el periodo de la Segunda Guerra Mundial, la persecución de la Gestapo y su supervivencia bajo el régimen de Vichy.
  • Mis primeros cuarenta años (1987): Obra autobiográfica integral publicada cuando tenía más de ochenta años, donde repasa su infancia, la influencia de sus padres (también editores anarquistas) y su etapa como ministra.

Biografías

  • Lozano, Irene (2004): Federica Montseny. Una anarquista en el poder. Madrid: Espasa. Un perfil detallado sobre las contradicciones e hitos de su paso por el gobierno.
  • Alcalde, Carmen (1983): Federica Montseny. Barcelona: Ed. Vergara. Una aproximación biográfica cercana a la época de la Transición.
  • Soriano Jiménez, Ignacio C. (2016): Semblanza de Federica Montseny Mañé (1905-1994). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Un completo trabajo académico de corte biográfico y documental.

 

jueves, 2 de julio de 2026

Memoria, Resistencia y Cuerpo: A 40 años del horror del Caso Quemados

 


Hoy, 2 de julio de 2026, se cumplen cuatro décadas de uno de los capítulos más atroces de nuestra historia reciente. Hace 40 años, el cuerpo de una joven de 18 años, Carmen Gloria Quintana, y el de Rodrigo Rojas de Negri, fueron convertidos en blanco directo de la violencia política de la dictadura.

En este espacio no puedo dejar de hablar de este caso.  Porque hablar del Caso Quemados no es solo relatar un hecho histórico; es hablar de cómo el poder, en su expresión más autoritaria y misógina, intentó destruir la vida de dos jóvenes que soñaban con un país distinto.

 

El cuerpo como territorio de disputa

Lo que ocurrió en Estación Central aquel día de 1986 fue un acto de una crueldad sin límites. Una patrulla militar, bajo el mando de Pedro Fernández Dittus, detuvo, golpeó, roció con combustible y prendió fuego a Carmen Gloria y Rodrigo.

Como mujeres y feministas, leemos este hecho con una perspectiva crítica: la dictadura no solo perseguía ideologías, sino que violentaba los cuerpos de manera diferenciada. El obscuro intento del régimen por encubrir este crimen, etiquetándolo como un "accidente" provocado por los propios jóvenes, fue una estrategia de negacionismo que buscó silenciar no solo la verdad, sino la dignidad de quienes sobrevivieron y de quienes fueron arrebatados.

 

Carmen Gloria Quintana: Una voz que no se apagó

Carmen Gloria sobrevivió con más del 60% de su cuerpo quemado. Su resistencia ha sido una lección de coraje durante todos estos años. Ella no solo sobrevivió a las llamas, sino al sistema que intentó ocultar su historia.

Rodrigo Rojas, el joven fotógrafo que volvía del exilio con el lente puesto en la realidad de su país, nos dejó apenas cuatro días después del ataque. Su muerte marcó un hito en la lucha contra la impunidad. Sin embargo, no fue hasta el 2020 y, posteriormente, en 2024 con la sentencia definitiva de la Corte Suprema, que se comenzó a cerrar un ciclo de justicia insuficiente, pero necesario.


Memoria viva contra el olvido

Al cumplirse 40 años, reafirmamos nuestra convicción: nada ni nadie está olvidado.

Recordar el Caso Quemados desde el feminismo es una invitación a mantener la memoria activa, a no permitir que el relato oficial de la época —aquel tan obscuro y manipulador— vuelva a tener cabida. La lucha de Carmen Gloria es la lucha de todas, porque la defensa de la vida y la justicia es el corazón de nuestra resistencia.

Que este aniversario nos sirva para reflexionar sobre la importancia de la justicia, la reparación y, sobre todo, sobre el valor incalculable de nuestras voces, que se levantan fuertes para que crímenes como este no tengan lugar nunca más en Chile.

 


Justicia, verdad y memoria para Carmen Gloria y Rodrigo.

miércoles, 1 de julio de 2026

Diana Spencer: La deconstrucción del cuento de hadas y el nacimiento de un icono de resistencia


La historia oficial nos vendió a Diana Spencer como el arquetipo de la Cenicienta moderna: una joven aristócrata, tímida y silenciosa, elegida para cumplir con las expectativas de una de las instituciones patriarcales más rígidas del planeta: la Corona Británica. Sin embargo, la verdadera biografía de Lady Di no es la crónica de un idilio real, sino el relato de una profunda transformación personal; la historia de una mujer que, atrapada en un sistema diseñado para anular su identidad, logró rebelarse, encontrar su propia voz y utilizar su inmenso altavoz global para desafiar el statu quo.

 El molde patriarcal: La "esposa perfecta"

Nacida el 1 de julio de 1961, Diana creció bajo las estrictas normas de la aristocracia inglesa. A los 19 años, su juventud, su supuesta docilidad y su falta de "pasado" la convirtieron en la candidata ideal para el aparato monárquico. En 1981, su boda con el príncipe Carlos fue seguida por millones de personas como el inicio de un final feliz.


Pero detrás de las paredes del palacio, la realidad era un entorno hostil y profundamente alienante. Diana se enfrentó no solo a la infidelidad pública de su esposo, sino al desdén de una institución que la necesitaba únicamente como un vientre para la sucesión y un rostro amable para la propaganda, rechazando activamente su individualidad, su salud mental y su innegable carisma, el cual eclipsaba con creces al heredero del trono.

 La toma de conciencia y la rebelión de la voz

El giro de tuerca más subversivo en la vida de Diana ocurrió cuando decidió dejar de ser una víctima silenciosa. En un sistema que históricamente ha silenciado a las mujeres —y más aún a aquellas dentro de las esferas de poder—, Diana utilizó los mismos medios de comunicación que la acosaban para desmontar la fachada real.

La publicación del libro Diana: Her True Story (1992) y, sobre todo, su histórica entrevista en la BBC en 1995, dinamitaron el protocolo. Al hablar abiertamente de su bulimia, de la depresión posparto, de los intentos de autolesión y de la infidelidad en su matrimonio ("éramos tres en este matrimonio, por lo que estaba un poco concurrido"), Diana cometió el acto más feminista de su vida: apropiarse de su propia narrativa. Al visibilizar sus batallas contra la salud mental y los trastornos alimentarios, humanizó problemas que millones de mujeres sufrían en el anonimato bajo la presión estética y social.



Semiótica de una armadura textil: El "Vestido de la Venganza"

El 29 de junio de 1994, el príncipe Carlos confesó ante millones de espectadores en televisión nacional que le había sido infiel a Diana. En una cultura patriarcal obsesionada con el escrutinio sobre los cuerpos de las mujeres, el guion social dictaba el repliegue: se esperaba que Diana permaneciera oculta, encarnando la figura de la esposa abnegada y humillada que llora en privado.

Sin embargo, esa misma noche, Diana asistió a la gala de Vanity Fair en la Serpentine Gallery de Londres. No solo no se escondió, sino que reescribió las reglas de la comunicación política a través de la indumentaria utilizando una pieza textil que la prensa bautizaría de inmediato como el "Vestido de la Venganza" (Revenge Dress).

La subversión de los códigos de la Corona

Diseñado por la modista griega Christina Stambolian, el vestido consistía en un ceñido diseño de seda en color negro, corto por encima de la rodilla, de corte asimétrico y con un escote barco que dejaba los hombros completamente al descubierto. Para la semiótica de la moda real, esta elección supuso una triple transgresión de las normas institucionales:

  • El color de los difuntos: En el estricto protocolo de la Casa de Windsor, el color negro está reservado casi exclusivamente para los días de luto oficial o funerales. Al vestir de negro en una fiesta, Diana decretó el funeral de su sumisión a la Corona y de su propio matrimonio.
  • La ruptura del decoro impuesto:
    Los hombros descubiertos, las piernas expuestas y la silueta marcadamente ceñida desafiaban la estética de "pureza, timidez y modestia" que la monarquía exige a sus integrantes femeninas. La propia diseñadora comparó la actitud de Diana con el cisne negro (Odile) de El lago de los cisnes: Diana rechazó jugar el rol de la víctima inocente vestida de blanco para encarnar la fuerza y la sensualidad consciente.
  • El simbolismo de las perlas: Para completar el conjunto, Diana recuperó una de sus piezas de joyería más importantes: una gargantilla de siete hileras de perlas con un enorme zafiro central. Históricamente, las perlas se han asociado a la castidad. Utilizarlas de una manera tan disruptiva la noche en que se ventilaba la infidelidad de su esposo fue una estocada irónica de absoluta soberanía estética.

Al día siguiente, las fotografías de una Diana radiante, atlética y sonriente coparon las portadas de todos los periódicos del mundo, desplazando por completo la confesión televisiva de Carlos a un segundo plano. El vestido no fue un acto superficial de coquetería; fue una declaración política de emancipación en un escenario institucional profundamente obscuro.

Del protocolo a la empatía radical

Despojada de su título de Su Alteza Real tras el divorcio en 1996, Diana demostró que su verdadero poder no emanaba de la corona, sino de su capacidad para conectar con el dolor ajeno. Mientras la monarquía se blindaba en el distanciamiento y la frialdad, ella practicó una empatía radical que desafió los prejuicios de la época.


  • Rompiendo el estigma del VIH/Sida: En 1987, en el pico de la epidemia y el pánico moral, Diana inauguró la primera unidad hospitalaria dedicada a la enfermedad y fue fotografiada estrechando la mano de un paciente seropositivo sin guantes. Con un solo gesto, destruyó la falsa creencia de que el virus se transmitía por el contacto casual.

  • La lucha contra las minas antipersona: Meses antes de su muerte, caminó activamente por un campo de minas activo en Angola, visibilizando el impacto de la guerra en los cuerpos de las mujeres y la infancia, impulsando un tratado internacional de prohibición que se firmaría poco después.


Conclusión: Un legado de autonomía

La trágica noche del 31 de agosto de 1997, la persecución feroz de los paparazzi terminó con su vida en París. Sin embargo, su muerte no borró el precedente que dejó sembrado.



Diana Spencer no es un referente por haber sido princesa, sino por haber sobrevivido al mito de la princesa. Su vida es un recordatorio de cómo las estructuras tradicionales intentan moldear, disciplinar y romper a las mujeres que destacan, y cómo el acto de decir la verdad textualmente en voz alta sigue siendo una de las herramientas de resistencia más poderosas que existen. Diana entró al Palacio de Buckingham como una pieza de ajedrez y se marchó como una reina sin corona, dueña absoluta de su destino y de su nombre.

Bibliografía y lecturas recomendadas

  • Brown, Tina. (2007). The Diana Chronicles. Anchor Books.

(Este libro de la exeditora de Vanity Fair y New Yorker detalla la trastienda mediática de la noche del vestido y explica por qué los editores de moda llamaron informalmente a la prenda el "fuck-you dress").

  • Howell, Georgina. (1998). Diana: Her Life in Fashion. Rizzoli.

(Una obra fundamental para comprender la evolución del estilo de Diana como una herramienta consciente de comunicación política y psicológica).

  • McCauley, Caroline. (2018). "Fashion, Agency, and Empowerment: Performing Agency, Following Script". En The Journal of Dress History.

(Un análisis académico que examina el look de la Serpentine Gallery bajo las teorías de la agencia de las mujeres y la liberación de los roles preestablecidos).

  • Morton, Andrew. (1992). Diana: Her True Story. Simon & Schuster.

(La biografía original basada en las cintas secretas que la propia Diana grabó, crucial para entender el nivel de alienación que sentía dentro de la institución antes de su ruptura definitiva).

 

martes, 30 de junio de 2026

Catalina de Erauso: La paradoja de la Monja Alférez entre la transgresión de género y la violencia patriarcal

La historia colonial de América Latina alberga figuras cuyas vidas desafían las fronteras del tiempo. Ninguna resulta tan magnética y contradictoria para los estudios de género contemporáneos como Catalina de Erauso (c. 1592 - c. 1650). Conocida popularmente como la "Monja Alférez", su biografía es un viaje radical de transmutación de identidad. Sin embargo, el análisis moderno revela una profunda paradoja: para subvertir el destino que el patriarcado le imponía como mujer, Erauso decidió encarnar con ferocidad extrema los rasgos más violentos, machistas y opresores de ese mismo sistema.

De la fuga del convento a las armas en América

Nacida en San Sebastián, España, hacia 1592, Catalina fue confinada desde los cuatro años en un convento de dominicas. En 1607, negándose a profesar los votos que la recluirían de por vida, robó las llaves del recinto, se cortó el cabello y adaptó sus ropas para lucir como un varón. A partir de ese instante, la joven novicia desapareció para dar paso a identidades masculinas como Alonso Díaz Ramírez de Guzmán o Francisco de Loyola.

Tras cruzar el Atlántico disfrazada de marinero, desembarcó en el Nuevo Mundo y se enlistó en las tropas coloniales españolas. Su destino final fue la frontera sur de Chile, donde participó activamente en la Guerra de Arauco frente al pueblo mapuche. En el campo de batalla, demostró una audacia y una crueldad que asombraron a sus superiores. Tras recuperar una bandera española y dar muerte a numerosos guerreros indígenas en la batalla de Valdivia, la Corona le otorgó el rango militar de Alférez.

·         Vida Conventual Fuga (15 años) Identidad Masculina Guerra de Arauco

Rango de Alférez

La asimilación de la masculinidad hegemónica y el machismo

La transgresión de Catalina de Erauso no consistió en una agenda de liberación femenina; por el contrario, fue una inmersión absoluta en la masculinidad hegemónica del siglo XVII. Para ser aceptada y sobrevivir en el universo de la conquista, adoptó la conducta del soldado barroco en sus vertientes más tóxicas:

·         Violencia irracional: Su vida fuera del frente estuvo marcada por riñas constantes, desafíos a espada y disputas de juego. Su temperamento violento la llevó a asesinar a varios hombres en duelos de taberna, llegando al extremo de matar a oscuras a su propio hermano, Miguel de Erauso, sin reconocerlo en la penumbra.

·         La misoginia de la época: En sus memorias, Erauso no muestra empatía ni solidaridad con otras mujeres. Utilizó los cortejos amorosos con mujeres de la alta sociedad colonial como una herramienta para validar su masculinidad ante los demás, abandonando a sus pretendientes en el altar o huyendo con las dotes económicas.

·         Crueldad colonial: Su libertad identitaria se cimentó sobre la opresión de los pueblos originarios. Su conducta en la Guerra de Arauco reflejó el desprecio colonial y la brutalidad patriarcal de las huestes conquistadoras, utilizando la espada como el instrumento definitivo de poder y dominación.

El indulto institucional: Un varón honorario para el Imperio

La mayor contradicción de su biografía ocurrió cuando, tras estar a punto de ser ejecutada por la justicia civil debido a sus crímenes, confesó su sexo biológico al obispo de Huamanga (Perú). Tras un examen médico que certificó su virginidad física, el destino de Catalina dio un giro inesperado.

En lugar de ser castigada por travestismo o herejía, fue recibida con honores en Europa. El rey Felipe IV mantuvo su rango y pensión militar, y el papa Urbano VIII le otorgó un permiso extraordinario para seguir vistiendo ropas de hombre y firmar con nombre varonil.

Para el aparato patriarcal de la Iglesia y el Imperio, la virginidad de Catalina demostraba que su cambio de vestimenta no buscaba el "pecado carnal", sino una elevación hacia las virtudes combativas del hombre español. Se le perdonó su identidad biológica porque demostró ser un soldado más leal al Rey y más implacable contra los infieles que muchos varones de nacimiento.


La Paradoja de Erauso

·         Rompió el binarismo de género de su época vistiendo de hombre toda su vida.     

CONTRAPUESTO A

·         Sostuvo las estructuras coloniales mediante la violencia y el sometimiento.    

Conclusión: Un icono transgresor de luces y sombras

Hacia 1630, Catalina regresó a América bajo el nombre de Antonio de Erauso, estableciéndose en México como transportista de mercancías hasta su muerte en 1650.

Su legado no puede reducirse a una lectura romántica. Si bien desde la perspectiva de la teoría queer y los estudios trans modernos se le reconoce como un ejemplo extraordinario de performance y disrupción de los roles de género en una época asfixiante, el análisis histórico obliga a confrontar su conducta machista. Catalina de Erauso hackeó el sistema patriarcal desde adentro, pero lo hizo convirtiéndose en uno de sus ejecutores más despiadados.

Bibliografia:

Obras atribuidas y escritas por ella misma

 Literatura clásica y teatro de la época (Siglo de Oro)

  • ·         La monja Alférez (1629) – Juan Pérez de Montalbán. Comedia teatral de gran éxito escrita en Madrid cuando Catalina aún vivía, consolidando su estatus de celebridad barroca.

Novelas, biografías y estudios modernos

  • ·         En busca de Catalina de Erauso. Identidades en conflicto en la vida de la Monja Alférez (2010) – Eva Mendieta. Un riguroso estudio biográfico sobre los conflictos de género, nacionalidad e identidad del personaje.
  • ·         La Monja Alférez (1972) – Thomas de Quincey. Un ensayo novelado en habla inglesa que internacionalizó la leyenda de Catalina en el siglo XIX.
  • ·         La monja alférez: la juventud travestida de Catalina de Erauso (2004) – Ricard Ibáñez. Novela histórica enfocada en sus primeros años de escape y supervivencia disfrazada.