sábado, 17 de octubre de 2026

La mujer que hizo de la cultura una trinchera.

 

“Nací griega y moriré griega”

Hay vidas que no caben en una sola etiqueta, y la de Melina Mercouri es una de ellas. Actriz, ícono del cine, heroína de la resistencia contra la dictadura militar en Grecia y, más tarde, una ministra de Cultura implacable.

Muchos la conocieron en la pantalla grande por su arrolladora presencia en Nunca en domingo (1960), película dirigida por su esposo Jules Dassin que la convirtió en un ícono internacional del cine y le valió el premio a Mejor Actriz en Cannes. Pero Melina era mucho más que una estrella de cine: era una fuerza de la naturaleza.

Antifascismo sin concesiones

Cuando la dictadura de los Coroneles tomó el poder en Grecia en 1967, Melina no dudó en alzar la voz desde el exilio en Francia. El régimen le quitó la ciudadanía griega y le confiscó sus bienes. Su respuesta se convirtió en una de las frases más recordadas de la resistencia griega:

«Nací griega y moriré griega. El señor Pattakos nació fascista y morirá fascista».

Durante siete años, mientras duró la dictadura, se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la resistencia antifascista en toda Europa, denunciando al régimen ante gobiernos y opinión pública internacional. Cuando la democracia fue restaurada en 1974, regresó a Grecia y entró en política. En 1981 fue nombrada Ministra de Cultura —la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de Grecia— y lo ejerció durante más de ocho años, el período más largo de cualquier ministro de Cultura en la política griega moderna.

La guerra por los Mármoles del Partenón

Como Ministra de Cultura, Melina no eligió la diplomacia pasiva. El 29 de julio de 1982, en la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Políticas Culturales en Ciudad de México, presentó formalmente la exigencia de que el Museo Británico devolviera los Mármoles del Partenón —arrancados a comienzos del siglo XIX por Lord Elgin— al pueblo griego.

Para Melina no se trataba de "piezas de arte dispersas", sino de una mutilación cultural en toda regla:

«No existen los Mármoles de Elgin. Existen los Mármoles del Partenón. No son objetos decorativos: son el alma, la identidad y la memoria de una nación».

Su ofensiva fue implacable:

  • Desafío en el corazón de Londres: en abril de 1983 viajó a Londres por primera vez como ministra y se reunió directamente con las autoridades del Museo Británico, exigiéndoles cara a cara la devolución de las esculturas.
  • Causa global en la UNESCO: transformó lo que hasta entonces era una disputa bilateral entre Grecia y Reino Unido en un debate internacional sobre patrimonio cultural expoliado, sentando un precedente que sigue vigente en organismos internacionales hasta hoy.
  • Un templo listo para el regreso: fue la gran impulsora del Nuevo Museo de la Acrópolis, diseñado deliberadamente con un espacio vacío, a la espera del regreso de los frisos originales. El museo se inauguró en 2009, quince años después de su muerte.

Melina no alcanzó a ver el retorno de los mármoles en vida —el debate sigue abierto hasta el día de hoy—, pero logró algo transformador: cambió para siempre los términos del debate ético sobre el patrimonio cultural robado por las potencias coloniales.

El homenaje de un cantautor español

«Has vuelto Melina,

tus ojos reflejan el dolor y tu alma el amor.

La huella de tu canto echó raíces, Melina...»

Su figura y su exilio conmovieron también al mundo de la música. En 1975, el cantautor español Camilo Sesto le dedicó una canción titulada simplemente "Melina", inspirada en su exilio y su lucha contra la dictadura griega. La canción, escrita mientras Melina aún vivía fuera de su país natal, se convirtió en un pequeño homenaje musical a una mujer que para entonces ya era un símbolo internacional de resistencia.

El legado

Melina Mercouri murió el 6 de marzo de 1994, a los 73 años. Antes de morir, dejó una frase que resume su tenacidad hasta el final:

«Espero ver los Mármoles de regreso en Atenas antes de morir. Pero si vienen más tarde, yo resucitaré».

Melina nos enseñó que el arte y la política no son caminos separados cuando lo que está en juego es la identidad, la libertad y la dignidad de un pueblo. Su legado sigue más vivo que nunca: la cultura no se negocia, no se vende y no se olvida — se defiende con el alma hasta el final.

Bibliografía:

  • Mercouri, Melina (1971).
    I Was Born Greek (autobiografía). Doubleday. Aporte: relato en primera persona de su exilio, la revocación de su ciudadanía y su respuesta a Pattakos — la fuente original de la frase que da título al libro y a este post.
  • Flint, Peter B. (7 de marzo de 1994). "Melina Mercouri, Actress and Politician, Is Dead". The New York Times. Aporte: obituario de referencia con detalles verificados de su carrera política y artística.
  • Casey, Christopher (2008). "Grecian Grandeurs and the Rude Wasting of Old Time": Britain, the Elgin Marbles, and Post-Revolutionary Hellenism. Foundations, Vol. III, No. 1. Aporte: contexto histórico detallado sobre la disputa de los Mármoles del Partenón y el rol de Mercouri en visibilizarla internacionalmente.

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Perimenopausia, menopausia y climaterio: hablemos sin tabú

Cuando llega la primera menstruación, casi todas tuvimos alguna explicación, aunque fuera a medias: una madre, una tía, una profesora, una cartilla. Para la última, en cambio, la mayoría llega a ciegas. Una especialista reunida en un congreso mundial sobre el tema, este mismo mes, lo resumió así: existe preparación para la primera regla, pero ninguna para la última. Y detrás de ese vacío hay algo más que falta de información: hay vergüenza.

Cada 18 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Menopausia, una fecha instaurada el año 2000 para generar conciencia sobre las necesidades de las mujeres en esta etapa. Hablemos entonces de lo básico, porque ni siquiera las palabras las tenemos claras.

Tres palabras que se usan como sinónimos (y no lo son)

·         Perimenopausia es la subetapa de los cambios: desde que aparecen las primeras alteraciones del ciclo y los primeros síntomas hasta un año después de la última regla. La OMS incorporó formalmente este término en 2022. Las fuentes no se ponen de acuerdo en cuánto dura (algunas hablan de uno o dos años a cada lado de la menopausia, otras de hasta una década antes), y justamente por eso conviene no tomar los plazos como una regla rígida: cada cuerpo tiene su propio ritmo.

Una aclaración práctica: durante la perimenopausia todavía puede haber ovulación, aunque sea irregular. Que la regla se vuelva impredecible no significa que ya no haya posibilidad de embarazo; es un tema para conversar con tu profesional de salud.

·         Menopausia es una fecha, no un período. Se confirma cuando han pasado 12 meses seguidos sin menstruar, sin que exista otra causa que lo explique. La OMS indica que la mayoría de las mujeres la vive de forma natural entre los 45 y los 55 años, con un promedio cercano a los 50. Si ocurre antes de los 40, se habla de menopausia prematura.

·         Climaterio es el período completo: la transición larga que empieza años antes de la menopausia y se extiende años después, como consecuencia del agotamiento progresivo de los ovarios y la baja de estrógenos y progesterona. Según la fuente, puede durar entre 5 y 15 años o más. La menopausia es un punto dentro del climaterio.

Los síntomas: más amplios de lo que se cuenta

Se habla mucho de los "calores", pero el cuadro es bastante más amplio. Entre los síntomas descritos con más frecuencia están:

  • Cambios en el ciclo menstrual: al comienzo suele acortarse, y luego se va alargando hasta desaparecer.
  • Bochornos o sofocos, a veces con sudoración excesiva, palpitaciones y enrojecimiento.
  • Sudores nocturnos y trastornos del sueño, con un descanso poco reparador.
  • Cambios de ánimo, irritabilidad o mayor sensibilidad emocional.
  • Dificultad para concentrarse y fallas de memoria.
  • Dolores articulares y de cabeza, o migrañas que se agravan.
  • Sequedad, picazón o ardor vaginal, y disminución del deseo sexual.
  • Cambios en la piel y el cabello, aumento de peso y, en algunos casos, incontinencia urinaria.

A largo plazo, la caída de estrógenos también se asocia a pérdida de masa ósea, por lo que la salud de los huesos es parte de la conversación.

Ninguna mujer tiene todos los síntomas, ni con la misma intensidad. Pero no es una experiencia marginal: en una encuesta realizada en Argentina y difundida por la Defensoría del Pueblo bonaerense, casi el 95% de las mujeres reconoció haber tenido síntomas durante esta etapa, y más de la mitad reportó cinco o más.


Por qué hablar abiertamente: el costo del silencio

Más de mil millones de mujeres en el mundo estarán en etapa menopáusica según las proyecciones de la OMS, y cada año se suman decenas de millones. Es una de las experiencias más universales de la vida de las mujeres y, sin embargo, sigue envuelta en silencio:

  • Una encuesta global de 2023 encontró que, para la mitad de las mujeres en menopausia, el tema sigue siendo tabú, en parte porque no quieren hablar del supuesto "deterioro del cuerpo".
  • En un estudio de la AARP en Estados Unidos, el 42% de las mujeres de 50 a 59 años nunca había conversado sobre la menopausia con un profesional de salud. Y dos de cada diez dijeron que sus síntomas afectaban su trabajo todos los días o varias veces al día.

Esos datos no son de Chile, y conviene decirlo, pero cualquiera que haya escuchado a una amiga, a su madre o a una compañera de trabajo sabe que el patrón se repite: se aguanta en silencio, se normaliza el malestar, se espera que "ya pasará".

·         El tabú tiene raíces feministas, no solo médicas. Como explicaba la especialista del congreso mundial, la vergüenza viene de asociar la menopausia con ser "vieja" o "inútil", como si el valor de una mujer estuviera atado a su capacidad reproductiva. Es el mismo mandato patriarcal que mide a las mujeres por su fertilidad y su juventud, aplicado a la última etapa.

·         Silencio y medicalización son dos caras del mismo problema. Según reseñó CIMAC sobre el enfoque de la OMS, la atención actual suele limitarse a lo médico y a la terapia hormonal cuando los síntomas son intensos, sin mirar las dimensiones sociales, psicológicas y físicas de la experiencia. No se trata de una enfermedad: es una etapa biológica. Pero tampoco se trata de aguantar callada. La OPS plantea que la menopausia, igual que la menstruación, es una cuestión de derechos: acceso a información, atención adecuada y entornos de trabajo que no te castiguen por ella.

·         La desigualdad también llega al climaterio. Algunos estudios sugieren que las mujeres negras, latinas y de pueblos originarios pueden experimentar la menopausia antes y con mayor intensidad, algo que los expertos atribuyen a desigualdades socioeconómicas y de acceso a la salud. Y la menopausia no es exclusiva de las mujeres cis: también la atraviesan hombres trans y personas no binarias con ovarios, aunque casi nunca aparezcan en las campañas.

¿Y los tratamientos?

La terapia hormonal de la menopausia es una de las opciones para mujeres con síntomas moderados o severos, pero no es para todas. Existen contraindicaciones, por ejemplo, en personas con antecedentes de cáncer de mama o de endometrio, eventos tromboembólicos o enfermedad hepática activa, y hay quienes simplemente prefieren otras alternativas. La decisión debe ser individual, informada y acompañada por un profesional de salud, no una moda ni un miedo heredado.

Un último dato que conecta con otro tema que tratamos en este blog: la menopausia no siempre llega sola. Cuando se extirpan los ovarios por razones médicas (como hizo Angelina Jolie para reducir su riesgo oncológico), se produce una menopausia quirúrgica, súbita y a veces muy temprana. Por eso importa tanto que el tema no sea un tabú: muchas mujeres se enfrentan a ella sin aviso.

Hablarlo cambia la experiencia

Hablar de menopausia no es dramatizar ni medicalizar la vejez: es dejar de vivir en soledad algo que le pasa a media humanidad. Es preguntarle, a nuestras madres qué les pasó a ellas y qué les hubiese gustado saber. Es exigir que los sistemas de salud y los lugares de trabajo estén preparados. Y es entender que una mujer en el climaterio no está "terminada": está en una etapa más de su vida, y merece vivirla con información, sin vergüenza y con derechos.

Este texto es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de salud. Si tienes síntomas que afectan tu calidad de vida, o dudas sobre tu ciclo, consulta con un ginecólogo o ginecóloga.

📚 Bibliografía:

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Definiciones y edad de la menopausia; incorporación del término "perimenopausia" (2022), citados en Wikipedia, "Menopausia".
  • Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS). Sabiduría, salud y bienestar en la menopausia: de la voz a la acción (nota conceptual).
  • International Menopause Society (2024). Libro blanco: Menopausia y terapia hormonal de la menopausia (versión en español).
  • Clínica Universidad de los Andes (Chile). "Climaterio y menopausia: cómo reconocer los síntomas".
  • Integramédica (Chile). "Climaterio y menopausia: lo que necesitas saber sobre esta etapa".
  • Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires. "Día del Climaterio/Menopausia".
  • CIMAC Noticias (octubre de 2025). "Atención de menopausia necesita un enfoque de salud y bienestar: OMS".
  • La Nación (3 de octubre de 2026). "Nuevos enfoques sobre salud durante la menopausia y una ventana de tiempo que apremia para tratar los síntomas".
  • Maven Clinic. "La menopausia en el trabajo: cómo eliminar el estigma" (cita estudio de AARP).

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domingo, 11 de octubre de 2026

Cuerpos conquistados: la violencia sexual en la Conquista de América

 

Durante siglos, la historia oficial habló del 12 de octubre como un "descubrimiento" o un "encuentro de dos mundos". Pero los documentos de la época cuentan otra cosa. Cuentan cómo se sometió a millones de personas con una violencia sistemática, y cómo en esa violencia los cuerpos de las mujeres indígenas fueron un territorio más que se tomaba.

Este texto se apoya sobre todo en el estudio del historiador Esteban Mira Caballos, que analiza un proceso judicial del siglo XVI contra un conquistador, el capitán Lázaro Fonte, y de paso reconstruye cómo veían la violación los propios contemporáneos de la Conquista.

El terror como método

Los conquistadores eran pocos y los pueblos que sometían, muchos. Por eso el terror fue una herramienta planificada: matanzas de caciques, mutilaciones, ejecuciones públicas, castigos ejemplares para que nadie se atreviera a resistir. Ni siquiera el poder era un freno. El cronista Bartolomé de las Casas escribió que "matar ni robar indios nunca se tuvo en estas Indias por crimen", y el cronista indígena Guaman Poma de Ayala dejó dicho que, en tiempos de la Conquista, ni había justicia ni había rey.

En ese contexto, las mujeres sufrieron de una manera específica. No eran solo víctimas de la guerra: la violación, el cautiverio y la servidumbre sexual fueron parte del botín.

Un botín con cuerpo de mujer

Mira Caballos recuerda que la violación se toleraba ampliamente en la sociedad española de la época, y que aún más cuando la víctima era esclava o pertenecía a otra religión. Viajar a América multiplicó esas condiciones: lejos del poder, casi sin mujeres españolas y con decenas de miles de mujeres indígenas en situación de esclavitud o servidumbre, los abusos fueron, según el autor, algo "absolutamente habitual".

Los testimonios de la época lo confirman. Un religioso denunciaba en 1543 que algunos conquistadores tenían encerradas a las indígenas, las castigaban y las trasquilaban para doblegarlas, y que como todos hacían lo mismo, todo se tapaba. Los dominicos denunciaron que los mineros enviaban a los hombres a sacar oro mientras abusaban de sus esposas. Y según Las Casas, ya en el fuerte Navidad, levantado por Colón en 1492, los españoles que se quedaron se dedicaron a tomar por la fuerza mujeres y oro, y por eso terminaron muertos. El historiador advierte que los indicios apuntan en esa dirección, aunque no hay certeza total.

El mito de la "conquista erótica"

Existe una versión muy difundida y bastante cómoda: la de las indígenas "enamoradas" de los españoles, de las que habría nacido el mestizaje como una fusión armoniosa. El propio Mira Caballos reconoce que hubo mujeres que convivieron con españoles, casi siempre como concubinas y muy pocas como esposas. También hubo caciques que entregaron a sus hijas como forma de alianza, como ocurrió con la Malinche, regalada a Cortés, o con Inés Huaylas, hermana del Inca Huáscar, entregada a Pizarro.

Pero el autor concluye que esas uniones fueron minoritarias frente a la violación. Y cuando una mujer es entregada como moneda de cambio político, o convive con quien tiene el poder de matar a su gente, hablar de libre elección es, como mínimo, discutible. El mestizaje, en buena medida, nació de ahí.

Esclavas, crianza y negocio

La violencia sexual fue también un negocio. Un español que participó en la conquista de Yucatán se jactaba de haber dejado embarazadas a decenas de esclavas indígenas, porque así podía venderlas más caras. Otros vendían a mujeres embarazadas de sus propios hijos. Más tarde, ya avanzado el siglo XVI, se hizo común que las indígenas fueran obligadas a amamantar a los hijos de las españolas, en desmedro de sus propios hijos; solo a comienzos del siglo XVII se prohibió esa práctica, al menos en la ley.

Las esclavas indígenas, igual que las africanas, estaban especialmente expuestas: la ley no las protegía de sus dueños.

Un sistema entero, no solo los capitanes

La violencia no vino únicamente de los soldados. Según el estudio, también participaron funcionarios públicos, encomenderos y personas comunes, y hasta presidentes de audiencia, oidores y protectores de indios, es decir, las mismas autoridades que debían impedirla. El autor cita el caso de Nuño de Guzmán, presidente de la Audiencia de México, que según los registros violaba a jóvenes indígenas.

La impunidad: lo que decía la ley y lo que pasaba

Aquí está quizás el dato más revelador. En 1536, una real cédula mostraba la perplejidad del rey ante una sentencia: un español que intentó violar a una indígena y, cuando ella se refugió en una casa, la quemó viva, fue condenado a pagar apenas cinco pesos de oro. Lo que se juzgó fue el asesinato; el intento de violación ni siquiera pareció un delito.

La ley tampoco distinguía bien las edades. Las Siete Partidas trataban todas las violaciones por igual, y aunque el emperador Carlos V ordenó en 1533 penas de muerte para quienes violaran a niñas, en América, concluye Mira Caballos, eso quedó "en mero papel mojado".

El caso de Lázaro Fonte

El expediente de Lázaro Fonte lo muestra con claridad. Fonte, un capitán nacido en Cádiz, fue procesado en el Nuevo Reino de Granada, en la actual Colombia, por varios delitos. Entre ellos, la matanza de indígenas en Fusagasugá y la violación de niñas, que numerosos testigos españoles confirmaron. Pero según el estudio, la causa central del juicio no fue ninguna de esas atrocidades, sino que había comerciado esmeraldas en contra de una prohibición y se había enemistado con el teniente de gobernador, Gonzalo Jiménez de Quesada.

Fonte fue condenado a muerte, pero la pena se redujo a destierro. Después fue absuelto por un gobernador que, según los documentos, lo indultó a cambio de quedarse con sus propiedades. Años más tarde, la Corona llegó a recomendar que se le concediera una encomienda "en gratificación por sus servicios". Los testigos que presenciaron los hechos, además, no intervinieron: a lo más, le reprocharon su "bellaquería" después. La voz de las víctimas, en el expediente, simplemente no está.

El autor resume la conclusión con una frase que pesa: no conoce ni un solo caso de ejecución de una condena a muerte contra un español por haber asesinado o violado a indígenas.

Una advertencia del propio historiador

Para ser justas con la fuente, Mira Caballos aclara que esa violencia no fue exclusiva de España: otros imperios europeos usaron el terror y el abuso en sus colonias, y también hubo violencia entre los propios pueblos indígenas. Su punto es que se puede, y se debe, reconocer lo ocurrido "sin complejos y sin sentimientos de culpa". Es una postura que se puede discutir, pero que explica el tono del estudio. Lo que importa de su documentación es que muestra cómo funcionaba el poder: quiénes eran castigados, por qué, y quiénes quedaban sin castigo.

Leer la historia desde los cuerpos

Mirar la Conquista desde la violencia sexual no es morbo: es entender que el colonialismo se ejerció también sobre los cuerpos de las mujeres, y que esa jerarquía de impunidad dejó marcas que llegan hasta hoy. Pensadoras indígenas y decoloniales como Rita Segato y Lorena Cabnal, entre otras, han propuesto leer esa continuidad entre la violencia colonial y la violencia contra las mujeres y sus territorios en el presente, con ideas como el "cuerpo-territorio". Son lecturas que valen la pena explorar con calma, y que cada 12 de octubre nos recuerdan que la resistencia indígena también fue, y sigue siendo, una resistencia de mujeres.

📚 Bibliografía:

  • Mira Caballos, Esteban (2007). "Terror, violación y pederastia en la Conquista de América: el caso de Lázaro Fonte". Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, 44. Böhlau Verlag, Köln/Weimar/Wien.
  • Las Casas, Bartolomé de. Historia de las Indias y Brevísima relación de la destrucción de las Indias.
  • Fernández de Oviedo, Gonzalo. Historia general y natural de las Indias.
  • Benzoni, Girolamo. Historia del Nuevo Mundo.
  • Konetzke, Richard (1953). Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493-1810.
  • Friederici, Georg (1973). El carácter del descubrimiento y de la conquista de América.
  • Todorov, Tzvetan (1999). La conquista de América. El problema del otro.

(Fuentes que cita el estudio de Mira Caballos; el texto se apoya en su lectura de ellas.)

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Día de la Niña: una deuda pendiente con todas las niñas

 

Cada 11 de octubre, desde 2012, la ONU conmemora el Día Internacional de la Niña. No es una fecha para regalar flores ni para repetir que "las niñas son el futuro". Es una fecha para hacer las cuentas de lo que se les debe hoy: seguridad, educación, salud y tiempo para ser niñas.

Este texto repasa los problemas que más las golpean, y termina con lo que, como sociedad, podemos y debemos hacer.

Niñas en tiempos de guerra

Cuando hay un conflicto armado, las niñas pierden su casa, su escuela y, muchas veces, a su familia. Quedan más expuestas a la violencia sexual, al reclutamiento, al desplazamiento forzado y a los matrimonios que sus familias aceptan para "protegerlas" o para sobrevivir. Cada año, la ONU documenta violaciones graves contra niñas y niños en las guerras, entre ellas la violencia sexual.

Algunas de esas historias llegaron a ser símbolos. Sadako Sasaki tenía dos años cuando cayó la bomba sobre Hiroshima, y murió a los 12 de una leucemia causada por la radiación. Malala Yousafzai tenía 15 cuando los talibanes le dispararon por defender el derecho de las niñas a estudiar. Pero detrás de cada nombre conocido hay millones de niñas anónimas.

La violencia sexual: casi siempre cerca de casa

La violencia sexual contra las niñas no ocurre solo en las guerras. Según estimaciones recientes de UNICEF, una de cada ocho niñas en el mundo sufre violación o abuso sexual antes de cumplir los 18 años, y en la mayoría de los casos el agresor es alguien cercano: un familiar, una pareja o un conocido.

En Chile lo vimos con crudeza en el caso de las niñas de Alto Hospicio, a las que el Estado trató como "fugadas" en vez de buscarlas. Y la ley chilena de tres causales reconoce que las niñas menores de 14 años violadas pueden interrumpir un embarazo hasta las 14 semanas de gestación, porque una niña embarazada por una violación no puede ser obligada a ser madre.

Matrimonio infantil y uniones forzadas

Millones de niñas se casan antes de los 18 años, a veces con hombres mucho mayores, por pobreza, por tradición o por "honor". El matrimonio infantil suele terminar con su educación, aumenta el riesgo de violencia y de embarazos tempranos, y las deja dependientes económicamente. Es una violencia que se presenta como un acuerdo entre adultos, pero la niña nunca decide. La edad mínima de 18 años, sin excepciones, es el piso de cualquier legislación que proteja a las niñas.

Mutilación genital femenina

La mutilación genital femenina se practica en decenas de países, sobre todo en África, y ha afectado ya a cientos de millones de niñas y mujeres. No tiene ningún beneficio médico, puede causar hemorragias, infecciones, dolor crónico y complicaciones en el parto, y se hace casi siempre a niñas pequeñas, que no pueden consentir. Es una violación de sus derechos y una forma de control sobre su cuerpo y su sexualidad. Ya lo contamos con más detalle en este blog, y seguiremos insistiendo: se abandona con educación, con leyes que la sancionen y con el trabajo de las propias comunidades.

Afganistán: el apartheid de género

Desde que los talibanes volvieron al poder en 2021, Afganistán es el único país del mundo donde se prohíbe la educación secundaria a las niñas, y también la universitaria a las mujeres. A eso se suman restricciones al trabajo, a la movilidad y a la vida pública. Una niña afgana que termina la primaria hoy ya sabe que no podrá seguir estudiando, y no por falta de talento ni de recursos, sino por una política deliberada.

Organismos de derechos humanos y expertos de la ONU hablan de "apartheid de género" para describir este sistema de segregación y exclusión sistemática de mujeres y niñas. Lo desarrollamos antes en este blog; hoy corresponde recordar que cada año que pasa es una generación de niñas a las que se les roba el futuro.

Niñas indígenas: una discriminación que se suma a otra

Las niñas indígenas enfrentan varias desigualdades a la vez: por ser niñas, por ser indígenas y, con frecuencia, por vivir en zonas rurales lejanas, con escuelas precarias, sin atención de salud cercana y con educación que no respeta su lengua ni su cultura. En muchos territorios, además, la presencia de empresas extractivas y de actores armados aumenta el riesgo de violencia contra ellas. El acceso a la educación intercultural bilingüe, a servicios de salud con pertinencia cultural y a la protección frente a la violencia no son favores: son derechos.

Y es una historia de larga data: en el texto que publicamos el 12 de octubre sobre la violencia sexual en la Conquista, vemos cómo el cuerpo de las mujeres indígenas fue desde el principio un territorio de poder.

Las "pequeñas madres": cuidar antes de crecer

En muchísimas familias, las niñas cargan desde muy temprano con el cuidado de sus hermanos menores y las tareas de la casa. Según estimaciones de UNICEF, las niñas de entre 5 y 14 años dedican muchas más horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los niños de su edad. Ese tiempo es el que les falta para estudiar, jugar, descansar y cuidarse. Les cuesta el rendimiento escolar, el sueño, el juego y, a la larga, su salud física y mental, y es una de las razones por las que muchas dejan la escuela.

Conviene mirarlo bien: esto no se resuelve culpando a las madres. Muchas de ellas trabajan, crían solas y no tienen salas cuna, apoyo ni una pareja que comparta el cuidado. La carga que le pasan a sus hijas es la misma que a ellas les pasaron, parte de un sistema que da por hecho que cuidar es "cosa de mujeres". Lo que hay que cambiar es ese sistema: que los padres asuman su parte, y que el Estado ofrezca servicios de cuidado accesibles.

Salud: lo que se queda sin atender

Todo lo anterior se traduce en salud. Las niñas y adolescentes sufren embarazos precoces, que son una de las principales causas de muerte entre las adolescentes en el mundo; anemia y malnutrición; falta de información y de productos para manejar la menstruación con dignidad; y problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, agravados por la violencia y el estrés de la sobrecarga. Sin educación sexual integral, sin acceso a anticonceptivos y a atención de salud adecuada, quedan expuestas a riesgos que son prevenibles.

¿Qué debemos hacer como sociedad?

  • Garantizar educación gratuita, segura y de calidad hasta el final de la secundaria, con apoyo para que las niñas que están en riesgo de abandonar puedan seguir: becas, alimentación escolar, transporte seguro y baños dignos.
  • Prohibir el matrimonio infantil sin excepciones y sancionar efectivamente la violencia sexual, con sistemas de protección que escuchen y crean a las niñas.
  • Educación sexual integral en todas las escuelas, desde edades tempranas, adaptada a cada etapa: enseña a reconocer el abuso, a pedir ayuda y a decidir sobre el propio cuerpo.
  • Servicios de salud accesibles y amigables para adolescentes, incluidos los de salud mental y salud sexual y reproductiva, y productos de higiene menstrual gratuitos.
  • Redistribuir el cuidado: más salas cuna y servicios públicos, y corresponsabilidad real de padres y de toda la sociedad, para que las niñas no sean las cuidadoras de reemplazo.
  • Educación intercultural y servicios con pertinencia cultural para las niñas indígenas, con participación de sus propias comunidades y organizaciones.
  • Exigir justicia y presión internacional por las niñas de Afganistán y de todos los conflictos: financiar su educación, proteger a las refugiadas y no normalizar a quienes les niegan sus derechos.
  • Trabajar también con niños, hombres y familias, porque ningún cambio dura si no cambian las ideas que lo sostienen.

Un último compromiso

Las niñas no necesitan que las admiremos por su resiliencia: necesitan que dejemos de exigírsela. Cada niña que está en la escuela, que se siente segura en su casa, que decide sobre su cuerpo y que puede jugar, es una niña a la que se le cumplió un derecho. Todavía faltan demasiadas.

📚 Fuentes:

  • Organización de las Naciones Unidas. "Día Internacional de la Niña" (resolución 66/170 de la Asamblea General, 2011).
  • UNICEF. Informes sobre violencia sexual en la niñez, matrimonio infantil, mutilación genital femenina y trabajo doméstico y de cuidados.
  • ONU. Informe anual del Secretario General sobre los niños y los conflictos armados.
  • ONU Mujeres y UNESCO. Informes sobre la situación de las mujeres y niñas en Afganistán.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Salud de las y los adolescentes y mutilación genital femenina.
  • Ley chilena N.º 21.030 (interrupción voluntaria del embarazo en tres causales).

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