viernes, 23 de octubre de 2026

Cuando el trabajo doméstico paralizó un país

 


24 de octubre de 1975 — Islandia

Ese viernes, el 90% de las mujeres islandesas no fue a trabajar. No cocinaron. No limpiaron. No cuidaron a sus hijos. Y en un solo día, sin sindicatos convocando una huelga formal, sin negociación previa con el gobierno, demostraron algo que hasta entonces nadie había podido probar con esa contundencia: que la economía de un país no funciona sin el trabajo —remunerado y no remunerado— de las mujeres.

Una huelga que no podía llamarse huelga

En 1975, las mujeres islandesas ganaban menos del 60% de lo que ganaban los hombres por trabajos comparables, tenían apenas un 5% de representación en el parlamento y enfrentaban una discriminación laboral sistemática. Ese mismo año, la ONU había declarado el "Año Internacional de la Mujer", y en un congreso realizado en Reikiavik durante junio, un grupo de organizaciones de mujeres —de distintas clases, edades y posturas políticas— propuso algo audaz: una huelga general de mujeres.

Había un problema legal: muchas trabajadoras podían ser despedidas por hacer una huelga sindical no autorizada. La solución fue tan simple como astuta —lo llamaron "Día Libre", no huelga. Un derecho, no una infracción. Bajo ese nombre, nadie podía impedirles ausentarse.

El país que se quedó sin manos

El 24 de octubre de 1975, cerca del 90% de las mujeres de Islandia —de una población total de apenas 220.000 habitantes— dejó de trabajar, tanto en sus empleos remunerados como en el trabajo doméstico y de cuidado que hacían todos los días sin que nadie lo contara como "trabajo".

El efecto fue inmediato y visible en cada rincón del país:

  • Los bancos, fábricas y guarderías cerraron o funcionaron a medio ritmo.
  • Las líneas telefónicas colapsaron.
  • Los periódicos del día siguiente salieron con la mitad de sus páginas habituales —dedicadas casi por completo a cubrir la huelga.
  • Miles de padres tuvieron que llevar a sus hijos e hijas al trabajo, porque no había quién los cuidara.
  • 25.000 mujeres —más de una décima parte de la población femenina total del país— se concentraron en el centro de Reikiavik, generando enormes atascos de tráfico, en lo que se describió como una manifestación multitudinaria y festiva.

Nadie perdió el sueldo ese día. No fue necesario: la ausencia habló por sí sola.


Lo que la huelga demostró sobre la economía

El "Día Libre" no fue solo un gesto simbólico. Fue, en esencia, un experimento social a escala nacional que hizo visible algo que la economía tradicional se niega a contar: el trabajo doméstico y de cuidados no es un telón de fondo invisible de la vida productiva — es la base material que la sostiene. Cuando esa base se retira, aunque sea por un día, un país entero se tambalea.

El impacto político no tardó en llegar:

  • En 1976, apenas un año después, el Parlamento islandés aprobó una ley de igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
  • En 1980, Islandia eligió a Vigdís Finnbogadóttir como presidenta —la primera mujer del mundo elegida democráticamente como jefa de Estado.
  • En 2018, más de cuatro décadas después, Islandia se convirtió en el primer país del mundo en exigir por ley que las empresas demuestren que pagan salarios iguales por trabajo de igual valor, sin importar el género.


Una lucha que no ha terminado

Es importante no idealizar el resultado: la propia ley de 1976 hizo relativamente poco por cerrar la brecha salarial real en el corto plazo, y hoy, medio siglo después, esa brecha en Islandia sigue existiendo —cercana al 14% según cifras recientes—, aunque el país lidera de forma sostenida los rankings mundiales de igualdad de género.

Por eso las islandesas no se han quedado en el recuerdo de 1975: han vuelto a las calles varias veces desde entonces —en 2005, 2010, 2016, 2018 y años posteriores—, cada vez saliendo del trabajo un poco más temprano para simbolizar cuánto se ha achicado (o no) la brecha salarial desde aquel primer viernes. En 2016, por ejemplo, salieron a las 14:38 horas, marcando simbólicamente el minuto exacto en que, según la brecha salarial de ese momento, las mujeres islandesas empezaban a "trabajar gratis" el resto de la jornada.

El "viernes largo" de 1975 no resolvió la desigualdad de un plumazo. Pero dejó una lección que sigue vigente en cualquier país del mundo: cuando el trabajo de las mujeres —pagado o no— se detiene, la economía entera lo siente. La única pregunta es si el resto del año se sigue actuando como si eso no fuera cierto.

📚 Bibliografía

  • Pálmadóttir, Aðalheiður (2018). Kvennafrídagurinn: The Icelandic Women's Strike of 1975. Reykjavík Museum / Icelandic Women's History Archive. Aporte: investigación de referencia sobre la organización interna del "Día Libre", citada por múltiples medios internacionales.
  • "Huelga de las mujeres islandesas de 1975". Wikipedia (en español). Aporte: cronología detallada, cifras verificadas y consecuencias legales posteriores.
  • Hogan, Pamela (dir.) (2024). The Day Iceland Stood Still (documental). Aporte: documental reciente con entrevistas a participantes de la huelga original, incluida la expresidenta Vigdís Finnbogadóttir.

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