24 de
octubre de 1975 — Islandia
Ese viernes, el 90% de las mujeres islandesas no fue a trabajar. No
cocinaron. No limpiaron. No cuidaron a sus hijos. Y en un solo día, sin
sindicatos convocando una huelga formal, sin negociación previa con el
gobierno, demostraron algo que hasta entonces nadie había podido probar con esa
contundencia: que la economía de un país no funciona sin el trabajo —remunerado
y no remunerado— de las mujeres.
Una huelga que no podía llamarse huelga
En 1975, las mujeres islandesas ganaban menos del 60% de lo que ganaban
los hombres por trabajos comparables, tenían apenas un 5% de representación en
el parlamento y enfrentaban una discriminación laboral sistemática. Ese mismo
año, la ONU había declarado el "Año Internacional de la Mujer", y en
un congreso realizado en Reikiavik durante junio, un grupo de organizaciones de
mujeres —de distintas clases, edades y posturas políticas— propuso algo audaz:
una huelga general de mujeres.
Había un problema legal: muchas trabajadoras podían ser despedidas por
hacer una huelga sindical no autorizada. La solución fue tan simple como astuta
—lo llamaron "Día Libre",
no huelga. Un derecho, no una infracción. Bajo ese nombre, nadie podía
impedirles ausentarse.
El país que se quedó sin manos
El 24 de octubre de 1975, cerca del 90% de las mujeres de Islandia —de una población total de apenas
220.000 habitantes— dejó de trabajar, tanto en sus empleos remunerados como en
el trabajo doméstico y de cuidado que hacían todos los días sin que nadie lo
contara como "trabajo".
El efecto
fue inmediato y visible en cada rincón del país:
- Los bancos,
fábricas y guarderías cerraron o funcionaron a medio ritmo.
- Las líneas
telefónicas colapsaron.
- Los periódicos del día siguiente salieron con
la mitad de sus páginas habituales —dedicadas casi por completo a cubrir
la huelga.
- Miles de padres tuvieron que llevar a sus
hijos e hijas al trabajo, porque no había quién los cuidara.
- 25.000 mujeres —más de una décima parte de la población femenina total del país—
se concentraron en el centro de Reikiavik, generando enormes atascos de
tráfico, en lo que se describió como una manifestación multitudinaria y
festiva.
Nadie perdió
el sueldo ese día. No fue necesario: la ausencia habló por sí sola.
Lo que la huelga demostró sobre la economía
El "Día Libre" no fue solo un gesto simbólico. Fue, en
esencia, un experimento social a escala nacional que hizo visible algo que la
economía tradicional se niega a contar: el trabajo doméstico y de cuidados no
es un telón de fondo invisible de la vida productiva — es la base material que la sostiene. Cuando esa base se retira,
aunque sea por un día, un país entero se tambalea.
El impacto
político no tardó en llegar:
- En 1976,
apenas un año después, el Parlamento islandés aprobó una ley de igualdad
de derechos entre hombres y mujeres.
- En 1980,
Islandia eligió a Vigdís
Finnbogadóttir como presidenta —la primera mujer del mundo elegida
democráticamente como jefa de Estado.
- En 2018,
más de cuatro décadas después, Islandia se convirtió en el primer país del mundo en exigir por ley
que las empresas demuestren que pagan salarios iguales por trabajo de
igual valor, sin importar el género.
Una lucha que no ha terminado
Es importante no idealizar el resultado: la propia ley de 1976 hizo
relativamente poco por cerrar la brecha salarial real en el corto plazo, y hoy,
medio siglo después, esa brecha en Islandia sigue existiendo —cercana al 14%
según cifras recientes—, aunque el país lidera de forma sostenida los rankings
mundiales de igualdad de género.
Por eso las islandesas no se han quedado en el recuerdo de 1975: han
vuelto a las calles varias veces desde entonces —en 2005, 2010, 2016, 2018 y
años posteriores—, cada vez saliendo del trabajo un poco más temprano para
simbolizar cuánto se ha achicado (o no) la brecha salarial desde aquel primer
viernes. En 2016, por ejemplo, salieron a las 14:38 horas, marcando
simbólicamente el minuto exacto en que, según la brecha salarial de ese
momento, las mujeres islandesas empezaban a "trabajar gratis" el
resto de la jornada.
El "viernes largo" de 1975 no resolvió la desigualdad de un
plumazo. Pero dejó una lección que sigue vigente en cualquier país del mundo:
cuando el trabajo de las mujeres —pagado o no— se detiene, la economía entera
lo siente. La única pregunta es si el resto del año se sigue actuando como si
eso no fuera cierto.
📚 Bibliografía
- Pálmadóttir,
Aðalheiður (2018). Kvennafrídagurinn: The Icelandic Women's
Strike of 1975. Reykjavík Museum / Icelandic Women's History Archive. Aporte:
investigación de referencia sobre la organización interna del "Día
Libre", citada por múltiples medios internacionales.
- "Huelga de las
mujeres islandesas de 1975".
Wikipedia (en español). Aporte: cronología detallada, cifras
verificadas y consecuencias legales posteriores.
- Hogan, Pamela (dir.) (2024). The Day
Iceland Stood Still (documental). Aporte: documental reciente
con entrevistas a participantes de la huelga original, incluida la
expresidenta Vigdís Finnbogadóttir.
🔗 Enlaces de interés
- Wikipedia (es) — Huelga de las mujeres islandesas de
1975: artículo completo con cronología y fuentes.
- National Geographic — 50 años de la huelga que sentó
las bases para la sociedad más equitativa del mundo: reportaje reciente sobre el legado de la huelga, 50 años después.
- La Izquierda Diario — La huelga de mujeres que paralizó
Islandia: análisis en español sobre el impacto
económico y los límites del proceso
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