20 agosto 2018

Violencia obstétrica: la herida invisible del parto

Basado en el reportaje "Una herida invisible en el parto", de Victoria Viñals L., publicado en el Diario Universidad de Chile el 6 de octubre de 2014, y actualizado con una revisión científica de 2023 sobre las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia obstétrica en América Latina.

Para la mayoría de las mujeres, el parto debería ser uno de los momentos más importantes de su vida. Pero para muchas se convierte en un recuerdo que duele: gritos, burlas, procedimientos sin explicación, cuerpos tratados como objetos. Eso es lo que se llama violencia obstétrica, y durante décadas casi nadie la nombró.

Un problema más grande de lo que parece

En Chile nacen cada año cerca de 250.000 bebés. Según se estimaba en el reportaje, alrededor del 92% de esas mujeres habría sufrido algún tipo de maltrato por parte del personal de salud. Es una cifra enorme, y lo más inquietante es que muchas no supieron que lo que vivieron tenía nombre. Algunas lo entendieron recién cuando llegaron a su casa y empezaron a leer sobre lo que les habían hecho. Muchas pensaron que era "lo normal".

¿Que es la violencia obstétrica?

La ley venezolana la define como la apropiación del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres por parte del personal de salud, a través de un trato jerárquico deshumanizador, del abuso de la medicalización y de la patologización de un proceso natural. Se manifiesta de varias formas:

·         Física: cesáreas sin justificación médica, tactos realizados por varias personas, episiotomías de rutina, uso de fórceps sin necesidad ni consentimiento, presión sobre el abdomen durante el expulsivo (la llamada maniobra de Kristeller) o raspajes de útero sin anestesia. Varias de estas

·         Psicológica: burlas, descalificaciones, retos por llorar, gritar o manifestar emociones, apodos infantilizantes ("mamita", "gordita"), y la imposibilidad de preguntar o expresar miedos.

Un modelo, no solo malas prácticas

La antropóloga chilena Michelle Sadler fue pionera en estudiar este tema en el país. Su investigación, desde 2003, planteó que no se trata de errores individuales sino de una práctica generalizada, que nace del modo en que el parto se trasladó del hogar al hospital: de un proceso acompañado por familiares y amigas, con una jerarquía más equilibrada, a uno dominado por el conocimiento médico y la tecnología.

La investigadora estadounidense Robbie Davis-Floyd lo llama "modelo tecnocrático del nacimiento": un enfoque centrado en la ciencia, la alta tecnología y los intereses económicos, dentro de instituciones marcadas por el poder patriarcal. Sadler, apoyándose en Pierre Bourdieu, lo describe además como violencia simbólica: una violencia tan naturalizada que sus propias víctimas no la reconocen como tal, y hasta se culpan a sí mismas.

La antropóloga chilena Michelle Sadler fue pionera en estudiar este tema en el país. Su in

Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile citado en el reportaje, con 508 mujeres de dos servicios públicos de Santiago, encontró que la gran mayoría de los partos fue intervenida médicamente, contra las recomendaciones de la OMS y del programa Chile Crece Contigo. Y Chile ha figurado entre los países con más cesáreas del mundo: el reportaje citaba datos de la OMS y la OCDE, que superaban con creces lo recomendado.

Nadie dice que las cesáreas no salven vidas; las salvan. El problema es cuando se usan sin necesidad médica, a veces por comodidad o para ordenar las agendas del equipo, y se deja de lado el proceso fisiológico y los derechos de la mujer.

Lo que dice la evidencia latinoamericana

En 2023, la revista salvadoreña Alerta publicó una revisión de los estudios latinoamericanos sobre el tema entre 2014 y 2022. Sus conclusiones ayudan a poner el problema en perspectiva:

  • El término nació en América Latina, a partir de las leyes que lo definieron: Venezuela en 2007, Argentina en 2009, México en 2014, Ecuador en 2018 y El Salvador en 2021, con su ley "Nacer con cariño". En 2019, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa también adoptó una resolución sobre la violencia obstétrica y ginecológica, y la OMS ya había llamado en 2014 a prevenir y erradicar la falta de respeto y el maltrato durante el parto.
  • Los datos son contundentes. En México, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) calculó que, entre 2011 y 2015, el 33,4% de los 8,7 millones de partos atendidos incluyó algún tipo de maltrato por parte del personal de salud. En un estudio en Venezuela, de 180 mujeres encuestadas, el 55% reportó algún abuso antes, durante o después del parto, y el 44,4% percibió abuso verbal.
  • Las leyes no bastan. Pese a las legislaciones, los reportes de vulneración de derechos siguen apareciendo, y muchas mujeres no identifican lo que vivieron como violencia, porque se interpreta como "normal".
  • Hay una epidemia de cesáreas. América Latina fue la región con más nacimientos por cesárea en 2018, con un 44,3%, según la revisión. La cesárea salva vidas cuando está indicada; las injustificadas aumentan el riesgo de complicaciones para la madre y el bebé.
  • Hay prácticas desaconsejadas por la OMS que se siguen haciendo sin indicación: el uso de oxitocina para inducir el parto, los enemas, la maniobra de Kristeller y la episiotomía de rutina, que no ayuda a evitar desgarros y se asocia a desgarros más graves.
  • La violencia psicológica tiene dos caras. Una es la verbal (burlas, humillaciones, ignorar los miedos de la mujer). La otra es la omisión: no informar, no pedir consentimiento, negar el derecho a elegir. A eso se suma impedir que la mujer esté acompañada por alguien de confianza, algo que ayuda a disminuir el miedo y brinda apoyo emocional.
  • Es una violación de derechos. Vulnera el derecho a la salud, a la integridad y a la autonomía reproductiva. Los autores citan casos extremos, como mujeres obligadas a ponerse un dispositivo intrauterino para recibir el alta.

Lo que queda después: consecuencias físicas y psicológicas

v  En el cuerpo. Según la revisión, la violencia obstétrica puede dejar desgarros, hemorragias, incontinencia urinaria o fecal, dolor y complicaciones de las cesáreas innecesarias, que se asocian a más riesgo de complicaciones en el recién nacido y en embarazos posteriores. También puede dificultar la lactancia: el dolor de una cesárea, algunas intervenciones y el estrés postraumático pueden complicar o impedir amamantar.

v  En la salud mental. Aquí hay tres hallazgos principales:

  • Depresión posparto. Se estima que afecta a cerca del 15% de las madres en el mundo, y a una de cada cinco en países de desarrollo intermedio. En un estudio con 432 mujeres en Brasil, la violencia física ejercida por el personal de salud se asoció de forma significativa con depresión posparto, y la revisión señala que haber vivido violencia obstétrica aumentaría el riesgo hasta seis veces. Una depresión posparto no tratada puede tener consecuencias graves, por lo que es importante pedir ayuda.
  • Estrés postraumático. El manejo inadecuado del parto y la percepción de haber recibido cuidados indebidos pueden desencadenarlo. Puede interferir con el vínculo con el bebé y con la lactancia, y hacer que algunas madres se sientan incapaces de cuidarlo o de acercarse a él.
  • Ansiedad. Durante el embarazo y el posparto, por los cambios hormonales y el estrés, las mujeres son más vulnerables a los trastornos de ansiedad, y una experiencia de maltrato puede agravarlos.

A esto se suman la impotencia, la vergüenza y la culpa que describían las mujeres del reportaje, y el miedo a volver a embarazarse o a atenderse con ginecólogos. En ese reportaje, de cinco mujeres entrevistadas, una dijo que no quería volver a tener hijos.

No todas las mujeres que viven maltrato en el parto desarrollan trauma, y no todo trauma proviene de maltrato. Pero sentirse mal después de un parto difícil no es exageración ni debilidad: es una consecuencia real, que merece atención.

Una violencia de género

Gonzalo Leiva, matrón y académico, lo resume en el reportaje como una forma más de las muchas que conocemos de violencia de género. No es casual que las más expuestas sean quienes están en una posición más débil, como las madres adolescentes, y que el maltrato a menudo se justifique con frases como "es por el bien de tu hijo".

Desde una mirada feminista, lo que está en juego es algo muy básico: el derecho de cada mujer a decidir sobre su cuerpo, a recibir información clara, a dar su consentimiento y a ser tratada con respeto en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad de su vida.

¿Tuviste una experiencia así? Puedes hacer algo

  • Escribe tu relato con el mayor detalle posible. Ayuda a ordenar lo vivido y sirve como base para un reclamo.
  • Si la experiencia fue en un servicio público, puedes presentar un reclamo ante la Oficina de Información, Reclamos y Sugerencias (OIRS) del Ministerio de Salud, invocando la Ley 20.584 sobre derechos y deberes de los pacientes.
  • Si fue en un servicio privado, puedes pedir una mediación o presentar una denuncia en la Superintendencia de Salud.
  • Busca apoyo emocional. Si sientes que lo vivido te sigue afectando, conversa con un profesional de salud mental, de preferencia con experiencia en salud mental perinatal, y busca redes de mujeres que hayan pasado por algo parecido. Hablarlo ya es un paso.

Preguntas para reconocer si viviste violencia obstétrica

Si respondes "sí" a alguna, probablemente la viviste. ¿El personal te hizo comentarios burlones o descalificadores? ¿Te trataron como si fueras una niña incapaz de entender lo que pasaba? ¿Te criticaron por llorar o gritar? ¿No pudiste hacer preguntas o expresar tus miedos? ¿Te hicieron procedimientos sin explicarte ni pedir tu consentimiento? ¿Te obligaron a permanecer acostada pese a tu incomodidad? ¿Te impidieron estar acompañada o tener contacto inmediato con tu bebé? ¿Saliste sintiéndote culpable o insegura?

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