Durante las décadas de 1930 y 1940, el movimiento feminista en Chile
vivió una de sus etapas de mayor efervescencia y articulación popular. En el
centro de esta marea de organización se encontraba el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH), una
colectiva que entendió con lucidez que la liberación femenina no podía quedarse
en discursos abstractos ni limitarse exclusivamente al sufragio.
Durante sus emblemáticas asambleas de julio y a través de las páginas de
su combativo periódico La Mujer
Nueva, el MEMCH situó la independencia económica en el centro del
debate político, denunciando con fuerza la explotación laboral y la brecha
salarial que afectaban a las trabajadoras en las fábricas del país.
1. "La Mujer Nueva": La pluma
combatiente del MEMCH
Nacido como el órgano de difusión del movimiento, el periódico La Mujer Nueva se convirtió en una
herramienta de agitación y formación política fundamental. Redactado y
coordinado por figuras señeras como Elena Caffarena, Marta Vergara y Olga
Poblete, el periódico no solo informaba, sino que politizaba la cotidianeidad
de las obreras, empleadas y pobladoras.
En sus
ediciones, el periódico exponía sin rodeos la crudeza de la realidad fabril:
- Denuncia de la
brecha salarial: Explicaba cómo a las mujeres se les pagaba
sustancialmente menos que a los hombres por realizar el mismo trabajo en
los talleres y fábricas textiles, alimentarias y manufactureras.
- Precarización y
maternidad: Visibilizaba la falta de salas cuna, las
extensas jornadas de trabajo y las precarias condiciones de salubridad que
arriesgaban la salud de las obreras y sus familias.
- Conciencia de clase
y género: Unió las demandas por los derechos civiles de
las mujeres con las luchas de la clase trabajadora chilena, articulando
alianzas históricas con los sindicatos de la época.
2. Sin independencia económica no hay
emancipación posible
Frente a las posturas más conservadoras o liberales que reducían el
problema de la mujer a la caridad o a la educación moral, el MEMCH sostuvo una
postura tajante: la emancipación
biológica, intelectual y social de la mujer es un mito si no existe una
verdadera independencia económica.
Para las memchistas, una mujer sometida a la dependencia económica de un cónyuge o explotada en el mercado laboral por salarios de miseria quedaba desprovista de autonomía real para decidir sobre su vida, su cuerpo y su destino. Denunciar la brecha salarial era, por lo tanto, un acto de soberanía: exigir que el trabajo de las mujeres fuera reconocido, respetado y pagado en justicia.
El legado de un julio combativo
Recordar el "Julio Histórico" del MEMCH y el legado de La
Mujer Nueva nos permite mirar el presente con perspectiva crítica. La brecha
salarial y la precarización laboral siguen siendo tareas pendientes en la
agenda feminista actual.
Las mujeres del MEMCH nos demostraron que la organización colectiva, la
prensa combativa y la exigencia de justicia económica son los cimientos sobre
los cuales se construye la verdadera igualdad.

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