Hoy se
conmemora un hito que transformó para siempre la vida pública de América
Latina. Un día como hoy, el 3 de julio de 1955, las calles de México se
llenaron de mujeres que, por primera vez en una elección federal, ejercieron su
derecho al voto. No fue una concesión, no fue un regalo del gobierno en turno;
fue una conquista histórica arrancada al patriarcado institucional tras décadas
de resistencia, organización y debate.
Para
dimensionar lo que ocurrió hoy hace más de siete décadas, es necesario mirar
hacia atrás desde una perspectiva continental y recordar los pasajes, a veces
en un rincón obscuro de la historia oficial, que abrieron el camino.
El camino hacia las urnas: Una
lucha de décadas
La
exigencia del sufragio en México no empezó en los años 50. Fue un fuego que se
avivó desde finales del siglo XIX y que cobró fuerza durante la Revolución
Mexicana.
Los primeros brotes
revolucionarios
- ·
Hermila Galindo (1916): Durante el Primer Congreso
Feminista de Yucatán, Hermila Galindo alzó la voz para exigir el voto de las
mujeres, argumentando que, si ellas pagaban impuestos y formaban parte de la
sociedad, debían decidir su rumbo. Llevó la propuesta al Congreso Constituyente
de 1917, pero fue rechazada bajo el argumento de que las mujeres "carecían
de preparación política".
- ·
El ejemplo de Yucatán y San Luis Potosí (Años 20):
Ante la negativa federal, algunos estados tomaron la delantera. Yucatán
reconoció el voto local en 1923, permitiendo que Elvia Carrillo Puerto se
convirtiera en una de las primeras diputadas locales del país. San Luis Potosí
y Chiapas le siguieron poco después.
La gran traición institucional
(1937)
Uno de los momentos más amargos ocurrió durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Tras una intensa presión del Frente Único Pro Derechos de la Mujer (que agrupaba a más de 50 mil mujeres), Cárdenas impulsó una reforma al Artículo 34 constitucional. La reforma fue aprobada por el Congreso y por todos los estados. Sin embargo, nunca se publicó en el Diario Oficial. El mito de que las mujeres votarían influenciadas por la Iglesia (el bando conservador) sirvió de pretexto para congelar el decreto.
El triunfo definitivo: 1953 y
1955
La
presión social se volvió insostenible en la posguerra. Finalmente, tras años de
alianzas y protestas de sufragistas de la vieja y nueva guardia, el 17 de
octubre de 1953 el presidente Adolfo Ruiz Cortines promulgó las reformas
constitucionales que otorgaron la ciudadanía plena a las mujeres.
Pero la
verdadera prueba de fuego ocurrió dos años después, el 3 de julio de 1955. Ese
domingo, las mexicanas salieron a votar para elegir a los integrantes de la
XLIII Legislatura de la Cámara de Diputados. Las crónicas de la época narran
filas inmensas de abuelas, madres e hijas, conmovidas y conscientes del peso
histórico que cargaban en sus manos.
"El
voto no solo les dio una boleta electoral; les otorgó el derecho existencial de
ser contadas como personas frente al Estado."
La memoria como trinchera y la
mirada regional
Al
observar este hito desde el cono sur, queda en evidencia que los procesos de
emancipación en América Latina no ocurrieron de forma aislada. La lucha de las
mexicanas resuena profundamente en toda la región, donde cada avance significó
derribar las mismas barreras de tutela y exclusión.
Hoy, al
ver hacia atrás, se recuerda que el voto fue solo la primera de muchas puertas
que se tuvieron que abrir a la fuerza. Faltarían décadas para la paridad de
género en el Congreso, para las primeras gobernadoras y para ver un México con
una presidenta.
Celebrar
este día en Escritos Feministas es un recordatorio de que los derechos humanos
de las mujeres nunca han sido permanentes; se defienden todos los días.
¡Honor y memoria a las
sufragistas que dieron voz y voto!
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