miércoles, 15 de julio de 2026

Desmantelando el dogma: Lo que la Biblia realmente dice (y no dice) sobre el aborto

 

En el debate político y social sobre nuestros derechos reproductivos, un fantasma recorre las calles, los congresos y los púlpitos: el dogma religioso. Sectores conservadores y fundamentalistas agitan la Biblia como si fuera un código penal divino que condena de manera unívoca la interrupción voluntaria del embarazo. Se nos dice que el aborto es un pecado capital, que la vida celular equivale a una persona desde la concepción y que el texto sagrado respalda la persecución de las mujeres y personas gestantes.

Pero, ¿qué pasa cuando abrimos ese libro y lo leemos sin el filtro de la misoginia eclesiástica?

La realidad histórica, lingüística y teológica es demoledora: la Biblia no prohíbe el aborto en ninguna de sus páginas. Es más, las leyes y rituales del Antiguo Testamento demuestran que, para la mentalidad bíblica, el feto no poseía el estatus legal de un ser humano vivo. El uso de las escrituras para controlar nuestros cuerpos no es un mandato divino; es un ejercicio de control político y biopolítico en una sociedad machista.

1. El feto no es una persona: La ley penal del Éxodo

Uno de los argumentos más extendidos de los grupos anti-derechos es que el aborto es un homicidio porque "el feto es una vida humana con el mismo valor que cualquier otra". Sin embargo, el propio código legal del Antiguo Testamento contradice esto directamente en Éxodo 21:22-25.

La ley mosaica describe un escenario muy específico: si dos varones pelean y, en medio de la riña, golpean accidentalmente a una mujer embarazada provocándole un aborto espontáneo, se establecen dos niveles de castigo completamente diferentes:

·         Si la mujer no muere y solo se pierde el feto: El agresor no es acusado de homicidio. Solo se le impone una multa económica que debe pagar al esposo de la mujer. El feto se trata legalmente como una propiedad o un bien material dañado, no como una vida humana.

·         Si la mujer muere o sufre daños: En ese caso sí se aplica la Ley del Talión ("vida por vida, ojo por ojo"). Si la mujer moría, el culpable pagaba con su vida.

La distinción jurídica es tajante. Si el feto hubiera sido considerado una persona para Dios y sus leyes, el causante del aborto habría sido ejecutado por asesinato. Al exigir solo una compensación monetaria, la Biblia deja claro que el estatus del feto es secundario al de la persona nacida.

2. El "agua amarga": Un aborto ritual prescrito por la ley

Uno de los pasajes más silenciados por las iglesias es el ritual del "agua amarga" o la ley de los celos, detallado en Números 5:11-31.

Este pasaje describe un juicio ritual para una mujer de quien su esposo sospecha infidelidad. El sospechoso debe llevarla ante el sacerdote, quien prepara un brebaje compuesto de "agua santa", polvo del suelo del tabernáculo y la tinta de las maldiciones escritas. La mujer es obligada a beberlo bajo juramento.

El texto bíblico señala que, si la mujer fue infiel y quedó embarazada de otro hombre, el agua amarga entrará en ella provocando que "su vientre se hinche y su muslo caiga". En el lenguaje hebreo antiguo, estas expresiones son eufemismos claros para el útero y el sistema reproductivo. De hecho, traducciones bíblicas modernas y rigurosas (como la Nueva Versión Internacional) traducen directamente el pasaje explicando que el ritual hará que "su útero aborte".

Estamos ante un texto donde la propia ley sacerdotal prescribe y administra un brebaje con la intención de provocar un aborto como castigo a la infidelidad. La sacralidad de la gestación, por tanto, se desvanece cuando entra en juego el control de la sexualidad femenina por parte del varón.

3. Un silencio ensordecedor: Lo que nunca se escribió

La civilización de Israel no vivía aislada. Los pueblos vecinos con los que compartían geografía y época —como los asirios, los babilonios y los persas— contaban con leyes sumamente severas que castigaban el aborto provocado de manera explícita (a menudo con la muerte o la empalación).

A pesar de conocer estas culturas, los autores de la Biblia decidieron no incluir ninguna prohibición del estilo en sus extensas leyes de pureza, alimentación, moral o derecho civil. En ninguna parte de los 66 libros de la Biblia se condena el aborto provocado. Ni Jesús de Nazaret, ni sus apóstoles, ni los profetas del Antiguo Testamento consideraron necesario pronunciar una sola palabra en contra de esta práctica.

Si el aborto fuera el "crimen más abominable", como aseguran las jerarquías eclesiásticas contemporáneas, resulta teológicamente incomprensible que la revelación bíblica guarde un absoluto silencio al respecto.



El cuerpo de las mujeres como territorio de conquista

La apropiación del discurso bíblico para atacar el derecho a decidir es una construcción política contemporánea. En 1869, la Iglesia Católica bajo el Papa Pío IX cambió su postura histórica (que distinguía entre fetos "animados" y "no animados" a partir de los 40 u 80 días de gestación) para declarar que el alma entra en el momento de la concepción. Este cambio no se debió a un descubrimiento teológico, sino a la necesidad de centralizar el control moral del Vaticano sobre las poblaciones.

En las sociedades patriarcales y misóginas, el cuerpo de las mujeres y las personas gestantes siempre ha sido tratado como un territorio a colonizar. Se instrumentalizan versos poéticos o metafóricos (como el Salmo 139 o Jeremías 1:5, donde Dios dice conocer al profeta "antes de formarlo en el vientre") para construir una narrativa de culpabilidad y castigo que somete nuestra soberanía corporal a los intereses del Estado y la Iglesia.

La teología feminista y la historia nos devuelven la verdad: no hay condena divina sobre nuestros cuerpos. La prohibición del aborto no está en la Biblia; está en el deseo histórico del patriarcado de mantenernos sumisas, tuteladas y sin derecho a decidir sobre nuestro propio destino.



Anexo I: Las citas bíblicas bajo la lupa

Para que compartas y debatas con argumentos textuales, aquí tienes las traducciones directas de los pasajes clave de las escrituras:

Éxodo 21:22-25 (La valoración del feto)

"Si algunos riñeren, e hirieren a una mujer embarazada, y esta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los árbitros. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente..."

·         Análisis: La distinción penal es clara. Si la consecuencia de la riña es el aborto ("sin haber muerte" de la mujer), se paga con dinero. Si la mujer muere ("si hubiere muerte"), se paga con la vida del agresor. El feto no tiene estatus de persona para la ley bíblica.

Números 5:21-22 y 27 (El aborto ritual del "agua amarga")

"El sacerdote hará jurar a la mujer con el juramento de maldición, y dirá a la mujer: Jehová te haga maldición y execración en medio de tu pueblo, haciendo Jehová que tu muslo caiga y tu vientre se hinche; y estas aguas que dan maldición entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre, y caer tu muslo. Y la mujer dirá: Amén, amén."

(Versículo 27): "Al beber ella las aguas, si se hubiere contaminado y sido infiel a su marido, las aguas que dan maldición entrarán en ella para amargar, y su vientre se hinchará y caerá su muslo..."

·         Análisis: La traducción contemporánea de la Nueva Versión Internacional (NVI) vierte este pasaje de forma más clara para el público actual: "que el Señor te haga sufrir de infertilidad y que el útero se te caiga / que el útero aborte y el vientre se te hinche". Describe un aborto inducido por la autoridad religiosa.

Génesis 2:7 (El inicio de la vida)

"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente."

·         Análisis: Para la tradición judeocristiana original, la vida comienza con la primera respiración autónoma (el ruaj o aliento divino), no con la fertilización celular. Un feto no es un ser viviente independiente hasta que respira fuera del útero.

Anexo II: El debate en la tradición jurídica judía (Tratados del Talmud)

Para profundizar y dotar de rigor académico a esta discusión, la jurisprudencia rabínica clásica detalla minuciosamente cómo se interpretan estos pasajes bíblicos lejos del dogma medieval cristiano:

1. El estatus del feto en el Tratado Bava Kamma (Éxodo 21)

En la tradición talmúdica, el feto es considerado legalmente como u'bar yerech imo (literalmente, "un muslo de su madre"), es decir, una extensión biológica del cuerpo materno y no una entidad jurídica independiente.

·         En el tratado Bava Kamma 48b se discute detalladamente cómo evaluar financieramente la pérdida de los fetos (demei vladot) tras una agresión física. La indemnización se divide según el daño y se paga al esposo o a los herederos, confirmando que la pérdida se penaliza como un daño patrimonial, no como un homicidio.

·         En la recopilación legal de la Mishná Ohalot 7:6 se establece de manera explícita la prioridad de la vida materna: si un parto se complica y pone en riesgo la vida de la mujer, se ordena interrumpir el embarazo y desmembrar al feto si es necesario, porque "la vida de ella tiene prioridad sobre la de él". Solo cuando la mayor parte de la cabeza del bebé ha salido al exterior se considera una persona completa (nefesh), momento en el cual ya no se puede priorizar una vida sobre la otra.

2. El análisis del aborto en el Tratado Sotá (Números 5)

El ritual de las aguas amargas administrado a la mujer sospechosa de adulterio (Sotá) cuenta con un tratado entero en el Talmud de Babilonia dedicado a regular su aplicación y significación física.

·         En el tratado Sotah 26a y sus folios continuos, los sabios debaten los efectos físicos del ritual. Si la mujer estaba embarazada producto de una relación extramatrimonial, se detalla cómo el brebaje provocaba el colapso del útero y la consiguiente interrupción del embarazo. La discusión rabínica confirma que la interrupción forzada de la gestación era un castigo legalmente contemplado bajo el rito sacerdotal de sospecha.

 

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