En el debate político y social sobre
nuestros derechos reproductivos, un fantasma recorre las calles, los congresos
y los púlpitos: el dogma religioso. Sectores conservadores y fundamentalistas
agitan la Biblia como si fuera un código penal divino que condena de manera
unívoca la interrupción voluntaria del embarazo. Se nos dice que el aborto es
un pecado capital, que la vida celular equivale a una persona desde la
concepción y que el texto sagrado respalda la persecución de las mujeres y
personas gestantes.
Pero, ¿qué pasa cuando abrimos ese libro y
lo leemos sin el filtro de la misoginia eclesiástica?
La realidad histórica, lingüística y
teológica es demoledora: la Biblia no
prohíbe el aborto en ninguna de sus páginas. Es más, las leyes y
rituales del Antiguo Testamento demuestran que, para la mentalidad bíblica, el
feto no poseía el estatus legal de un ser humano vivo. El uso de las escrituras
para controlar nuestros cuerpos no es un mandato divino; es un ejercicio de
control político y biopolítico en una sociedad machista.
1. El
feto no es una persona: La ley penal del Éxodo
Uno de los argumentos más extendidos de los
grupos anti-derechos es que el aborto es un homicidio porque "el feto es
una vida humana con el mismo valor que cualquier otra". Sin embargo, el
propio código legal del Antiguo Testamento contradice esto directamente en Éxodo 21:22-25.
La ley mosaica describe un escenario muy
específico: si dos varones pelean y, en medio de la riña, golpean
accidentalmente a una mujer embarazada provocándole un aborto espontáneo, se
establecen dos niveles de castigo completamente diferentes:
·
Si la mujer no muere y solo se pierde el feto: El agresor no es acusado de homicidio.
Solo se le impone una multa económica
que debe pagar al esposo de la mujer. El feto se trata legalmente como una
propiedad o un bien material dañado, no como una vida humana.
·
Si la mujer muere o sufre daños: En ese caso sí se aplica la Ley del Talión
("vida por vida, ojo
por ojo"). Si la mujer moría, el culpable pagaba con su vida.
La distinción jurídica es tajante. Si el
feto hubiera sido considerado una persona para Dios y sus leyes, el causante
del aborto habría sido ejecutado por asesinato. Al exigir solo una compensación
monetaria, la Biblia deja claro que el estatus del feto es secundario al de la
persona nacida.
2. El "agua amarga": Un aborto ritual prescrito por la ley
Uno de los pasajes más silenciados por las
iglesias es el ritual del "agua amarga" o la ley de los celos,
detallado en Números 5:11-31.
Este pasaje describe un juicio ritual para
una mujer de quien su esposo sospecha infidelidad. El sospechoso debe llevarla
ante el sacerdote, quien prepara un brebaje compuesto de "agua
santa", polvo del suelo del tabernáculo y la tinta de las maldiciones
escritas. La mujer es obligada a beberlo bajo juramento.
El texto bíblico señala que, si la mujer
fue infiel y quedó embarazada de otro hombre, el agua amarga entrará en ella
provocando que "su vientre
se hinche y su muslo caiga". En el lenguaje hebreo antiguo, estas
expresiones son eufemismos claros para el útero y el sistema reproductivo. De
hecho, traducciones bíblicas modernas y rigurosas (como la Nueva Versión Internacional)
traducen directamente el pasaje explicando que el ritual hará que "su útero aborte".
Estamos ante un texto donde la propia ley sacerdotal prescribe y
administra un brebaje con la intención de provocar un aborto como
castigo a la infidelidad. La sacralidad de la gestación, por tanto, se
desvanece cuando entra en juego el control de la sexualidad femenina por parte
del varón.
3. Un silencio ensordecedor: Lo que nunca se escribió
La civilización de Israel no vivía aislada.
Los pueblos vecinos con los que compartían geografía y época —como los asirios,
los babilonios y los persas— contaban con leyes sumamente severas que
castigaban el aborto provocado de manera explícita (a menudo con la muerte o la
empalación).
A pesar de conocer estas culturas, los
autores de la Biblia decidieron no incluir ninguna prohibición del estilo en
sus extensas leyes de pureza, alimentación, moral o derecho civil. En ninguna parte de los 66 libros de la
Biblia se condena el aborto provocado. Ni Jesús de Nazaret, ni sus
apóstoles, ni los profetas del Antiguo Testamento consideraron necesario
pronunciar una sola palabra en contra de esta práctica.
Si el aborto fuera el "crimen más
abominable", como aseguran las jerarquías eclesiásticas contemporáneas,
resulta teológicamente incomprensible que la revelación bíblica guarde un
absoluto silencio al respecto.
El cuerpo de las mujeres como territorio de conquista
La apropiación del discurso bíblico para
atacar el derecho a decidir es una construcción política contemporánea. En
1869, la Iglesia Católica bajo el Papa Pío IX cambió su postura histórica (que
distinguía entre fetos "animados" y "no animados" a partir
de los 40 u 80 días de gestación) para declarar que el alma entra en el momento
de la concepción. Este cambio no se debió a un descubrimiento teológico, sino a
la necesidad de centralizar el control moral del Vaticano sobre las
poblaciones.
En las sociedades patriarcales y misóginas,
el cuerpo de las mujeres y las personas gestantes siempre ha sido tratado como
un territorio a colonizar. Se instrumentalizan versos poéticos o metafóricos
(como el Salmo 139 o Jeremías 1:5, donde Dios dice conocer al profeta
"antes de formarlo en el vientre") para construir una narrativa de
culpabilidad y castigo que somete nuestra soberanía corporal a los intereses
del Estado y la Iglesia.
La teología feminista y la historia nos
devuelven la verdad: no hay condena divina sobre nuestros cuerpos. La
prohibición del aborto no está en la Biblia; está en el deseo histórico del
patriarcado de mantenernos sumisas, tuteladas y sin derecho a decidir sobre
nuestro propio destino.
Anexo I: Las citas bíblicas bajo la lupa
Para que compartas y debatas con argumentos
textuales, aquí tienes las traducciones directas de los pasajes clave de las
escrituras:
Éxodo 21:22-25 (La valoración del feto)
"Si
algunos riñeren, e hirieren a una mujer embarazada, y esta abortare, pero sin haber
muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y
juzgaren los árbitros. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida,
ojo por ojo, diente por diente..."
·
Análisis:
La distinción penal es clara. Si la consecuencia de la riña es el aborto
("sin haber muerte" de la mujer), se paga con dinero. Si la mujer
muere ("si hubiere muerte"), se paga con la vida del agresor. El feto
no tiene estatus de persona para la ley bíblica.
Números 5:21-22 y 27 (El aborto ritual del "agua amarga")
"El
sacerdote hará jurar a la mujer con el juramento de maldición, y dirá a la
mujer: Jehová te haga maldición y execración en medio de tu pueblo, haciendo
Jehová que tu muslo caiga y tu vientre se hinche; y estas aguas que dan
maldición entren en tus entrañas, y hagan hinchar tu vientre, y caer tu muslo.
Y la mujer dirá: Amén, amén."
(Versículo
27): "Al beber ella las aguas, si se hubiere contaminado y sido infiel a
su marido, las aguas que dan maldición entrarán en ella para amargar, y su
vientre se hinchará y caerá su muslo..."
·
Análisis:
La traducción contemporánea de la Nueva Versión Internacional (NVI) vierte este pasaje
de forma más clara para el público actual: "que el Señor te haga sufrir de infertilidad y que
el útero se te caiga / que el útero aborte y el vientre se te hinche".
Describe un aborto inducido por la autoridad religiosa.
Génesis 2:7 (El inicio de la vida)
"Entonces
Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento
de vida, y fue el hombre un ser viviente."
·
Análisis:
Para la tradición judeocristiana original, la vida comienza con la primera
respiración autónoma (el ruaj
o aliento divino), no con la fertilización celular. Un feto no es un ser
viviente independiente hasta que respira fuera del útero.
Anexo II: El debate en la tradición jurídica judía (Tratados del Talmud)
Para profundizar y dotar de rigor académico
a esta discusión, la jurisprudencia rabínica clásica detalla minuciosamente
cómo se interpretan estos pasajes bíblicos lejos del dogma medieval cristiano:
1. El estatus del feto en el Tratado Bava Kamma (Éxodo 21)
En la tradición talmúdica, el feto es
considerado legalmente como u'bar
yerech imo (literalmente, "un muslo de su madre"), es decir, una
extensión biológica del cuerpo materno y no una entidad jurídica independiente.
·
En el
tratado
·
En la
recopilación legal de la
2. El análisis del aborto en el Tratado Sotá (Números 5)
El ritual de las aguas amargas administrado
a la mujer sospechosa de adulterio (Sotá) cuenta con un tratado entero en el Talmud de
Babilonia dedicado a regular su aplicación y significación física.
·
En el
tratado

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