Hoy, 5 de noviembre, se conmemora en Chile el Día Nacional de
la Cuidadora y del Cuidador Informal. Es una fecha para reconocer a quienes
cuidan, sin sueldo y muchas veces sin descanso, a personas con dependencia:
hijas e hijos con discapacidad, personas mayores, familiares enfermos. Y casi
siempre son mujeres.
Detrás
de los discursos sobre el "amor de madre" y el
"sacrificio", hay una realidad que casi no se cuenta: la de un
trabajo agotador, invisible y sin protección. Esta es una mirada a esa
realidad, con datos, con investigación y con un testimonio real.
Los números: quién cuida
Según
la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a nivel mundial las mujeres
realizan el 76,2% del trabajo de cuidados no remunerado, y le dedican 3,2 veces
más tiempo que los hombres. Y según el mismo organismo, el 45% de las mujeres
en edad de trabajar, unos 606 millones en el mundo, está fuera del empleo
remunerado porque las responsabilidades de cuidado se lo impiden.
Es
decir, el cuidado no es solo un asunto del hogar: es una de las causas
centrales de la desigualdad de género, de la pobreza de las mujeres y de su
exclusión del trabajo y de las pensiones.
Qué dice la investigación
Una
investigación biográfico-narrativa con madres cuidadoras en Chile, de la
Facultad de Educación de la Universidad Gabriela Mistral, muestra cómo la
llegada de una persona con alta dependencia reorganiza por completo el proyecto
de vida de la cuidadora:
- El
tiempo se rompe. Se desplazan las aspiraciones de estudio, de trabajo y
el tiempo libre, y el autocuidado pasa a un segundo plano.
- El
cuerpo se desgasta. La sobrecarga continua provoca síntomas
psicosomáticos y afecciones crónicas, como problemas severos de columna,
agravados por la falta de quien releve.
- Hay
etapas.
Las madres atraviesan fases de negación, búsqueda incesante de
información, reorganización del hogar y, finalmente, resignación y
asunción de la responsabilidad total, ante la falta de apoyos y la poca
empatía institucional.
Mi testimonio
Detrás
de las cifras está mi casa. Llevo más de 18 años dedicada al cuidado exclusivo
de mi hijo, que tiene trastorno del espectro autista severo y discapacidad
intelectual severa.
- No
tengo relevo. Sin redes de apoyo ni apoyo comunitario, no puedo
separarme de él ni tres minutos, por la severidad de su condición y la
necesidad de contención constante. Eso me impide trabajar fuera de casa y
hasta salir libremente a abastecerme.
- El
dinero no alcanza. La pensión básica no cubre los gastos
mínimos de vida ni los insumos. Ha habido semanas en que me he alimentado
a puro té, porque el presupuesto se acabó.
- La
casa y mi salud, abandonadas. Llevo más de dos años esperando respuestas
de la municipalidad para soluciones habitacionales básicas: vivo sin cielo
raso, expuesta al frío y a las filtraciones en invierno. Y van más de diez
años desde mi último control médico, porque no hay quien me acompañe.
- Una
credencial sin apoyos. Tener un documento o registro oficial de
cuidadora no se traduce en ayuda concreta a domicilio ni en soluciones
reales en mi comunidad.
Cuidar
a un hijo con esta condición, en aislamiento y con una casa precaria, no tiene
nada de romántico. Es una exigencia urgente de dignidad, de recursos, de
vivienda y de apoyos que lleguen a los hogares.
Qué exigimos
La
OIT propone un marco de cinco verbos, las "5R", para que el cuidado
deje de ser un asunto privado: reconocer,
reducir, redistribuir, recompensar y representar el trabajo de
cuidados. En la práctica, eso se traduce en:
- Servicios
de relevo y de apoyo a domicilio, con personal capacitado, para que
quien cuida pueda descansar, atender su salud y trabajar si lo desea.
- Ingresos
dignos para las personas con discapacidad y para quienes las cuidan, que cubran de verdad
el costo de vida y de los insumos.
- Prioridad
en vivienda y reparaciones urgentes para hogares con personas con
dependencia severa.
- Controles
de salud para las y los cuidadores, con acompañamiento o atención en el
hogar.
- Centros
de día y otras alternativas para las personas con discapacidad, también
cuando alcanzan la adultez.
- Corresponsabilidad: que los cuidados
dejen de ser una tarea de las mujeres y pasen a ser una responsabilidad
compartida por las familias, el Estado y la comunidad.
Cuidar
es un trabajo. Y quien cuida también tiene derecho a ser cuidada.
Fuentes y enlaces de referencia:
1.
Ley 21.390 - Biblioteca del Congreso Nacional de Chile
7.
https://autismo.org.es/actualidad/noticias/dia-personas-cuidadoras/


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