lunes, 14 de septiembre de 2026

María Josefa Lastiri: la mujer detrás del sueño centroamericano


La historia oficial centroamericana suele resumirse en un puñado de nombres masculinos: Morazán, Barrundia, del Valle. Pero detrás de la Federación Centroamericana —ese proyecto unionista que soñó con una región integrada y que terminó fracasando entre guerras civiles— hubo una mujer que sostuvo, financió y sobrevivió a todo el proceso: María Josefa Lastiri Lozano.

De heredera acaudalada a esposa de un caudillo

Nació en Tegucigalpa el 20 de octubre de 1792, hija de un comerciante español y una criolla de Comayagua. Recibió la educación "esmerada" que su familia acomodada podía costear —una instrucción limitada, centrada en religión y labores domésticas, como correspondía a las mujeres de su época—, pero que aun así la formó como una mujer de carácter, frecuentadora de los salones de Tegucigalpa.

En 1818 se casó con el acaudalado hacendado Esteban Travieso, con quien tuvo cuatro hijos. Cuando él murió en 1825, Josefa heredó una considerable fortuna, incluyendo la hacienda de Jupuara. Fue justamente ahí, en su propia hacienda, donde conoció a Francisco Morazán: Travieso había intervenido para liberarlo de una prisión política en Comayagua, y en agradecimiento lo invitó a su casa. El vínculo entre Josefa y Morazán, viuda y militar ambicioso, escandalizó a la sociedad conservadora de Comayagua —tanto que su matrimonio, celebrado el 30 de diciembre de 1825, tardó meses en concretarse por la presión social.

Una vida marcada por la guerra

Lo que siguió no fue precisamente la vida tranquila de una primera dama. Apenas año y medio después de su boda, en abril de 1827, las tropas federales sitiaron Comayagua mientras Morazán salía a organizar la resistencia. Josefa quedó en la ciudad con sus hijos cuando esta cayó y fue saqueada. Meses después, cuando Morazán regresó victorioso tras la batalla de La Trinidad, Josefa presenció el júbilo popular que lo recibió como nuevo Jefe de Estado de Honduras.

Ese patrón se repitió una y otra vez durante los siguientes quince años: Morazán marchaba a la guerra —contra fuerzas federales, contra Guatemala, contra El Salvador, contra Nicaragua— y Josefa lo seguía de Estado en Estado, convirtiéndose sucesivamente en Primera Dama de Honduras (1827-1830), de la República Federal de Centroamérica (1830-1834 y 1835-1839), de El Salvador (1839-1840) y finalmente de Costa Rica (1842), a los 49 años.

En 1839, mientras Morazán gobernaba El Salvador, una revuelta en San Salvador tomó a Josefa y a su familia como rehenes para presionar su renuncia. Morazán respondió con una frase que revela el precio que pagaba su familia por sus ambiciones políticas: "pasaré sobre los cadáveres de mis hijos" antes que ceder. Atacó a los amotinados y los venció; en su huida, los rebeldes abandonaron a Josefa y a sus hijos sin causarles daño. Poco después, Morazán la envió a un exilio forzado en Costa Rica, luego Panamá, siempre huyendo un paso adelante de la próxima guerra.

El final, el mismo día que hoy celebramos

El desenlace llegó en Costa Rica. El 11 de septiembre de 1842, una sublevación en San José y Alajuela atrapó a Josefa y a su hija Adela, de apenas cuatro años, en medio de un combate feroz —se calcula que se dispararon más de 200.000 tiros esa noche. Madre e hija cayeron en poder de los sublevados y estuvieron a punto de ser fusiladas, hasta que fueron puestas bajo la protección de un sacerdote y luego de un comerciante local.

Morazán logró escapar del cerco, pero fue traicionado por quien creía un amigo y entregado a sus enemigos. El 15 de septiembre de 1842 —exactamente el mismo día en que hoy Centroamérica celebra el aniversario de su independencia— Francisco Morazán fue fusilado en San José, entre la expectación popular y el silencio doloroso de sus seguidores. Josefa se enteró de la muerte de su esposo una semana después, y sufrió, según los testimonios de la época, "dolorosas convulsiones y llanto sin tregua".

Los años finales, en la pobreza

Viuda, con su patrimonio familiar completamente consumido en financiar las campañas militares de Morazán, Josefa se trasladó a El Salvador, donde vivió sus últimos años en Cojutepeque, en la pobreza. Murió en San Salvador en 1846, a los 54 años.

La historiadora Anarella Vélez la sitúa junto a otras mujeres de la independencia latinoamericana —Juana Azurduy, Manuela Sáenz, Policarpa Salavarrieta, Micaela Bastidas— como parte de ese grupo de mujeres que fueron indispensables para las gestas emancipadoras del continente, pero que la historiografía tradicional relegó al rol de "esposas de". Josefa no empuñó un arma ni dirigió una batalla, pero sin su fortuna, su resistencia ante el exilio repetido y su disposición a arriesgarlo todo —incluida su propia vida y la de su hija— el proyecto unionista de Morazán simplemente no habría sido posible.

📚 Bibliografía:

  • Vélez, Anarella. "María Josefa Lastiri Lozano". Historia crítica, blog de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Aporte: la biografía académica más completa y detallada sobre Josefa, con abundante cita de fuentes primarias y testimonios de época.
  • Castañeda, Elvia (1992). La batalla del amor, María Josefa Lastiri. Tegucigalpa.
  • Mejía Nieto, Arturo (1947). Morazán, Presidente de la desaparecida República Centroamericana. Buenos Aires: Editorial Nova.
  • Guier, Enrique (1982). El General Francisco Morazán. San José: Editorial Studium.
  • Montúfar, Lorenzo. Reseña Histórica de Centro-América.

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