martes, 15 de septiembre de 2026

Josefa Ortiz de Domínguez: El aviso que no pudieron silenciar.

Josefa Ortiz de Domínguez no fue una figura aislada de la Nueva España; su lucha dialoga directamente con la memoria de todas las mujeres que, en distintas latitudes de nuestra América, se rebelaron contra el dominio colonial. Desde la mirada de quienes escribimos y leemos desde el Sur, comprender su figura es reconocer que las redes insurgentes y la convicción política de las mujeres recorrieron todo el continente.

En septiembre, cuando en México se conmemora el inicio de su independencia —y en Chile preparamos las nuestras—, la historia oficial suele repetirse con el mismo sesgo: un relato dominado por próceres masculinos donde las mujeres quedan relegadas al margen o a la simple categoría de "esposas de". Sin embargo, al mirar el mapa de nuestras revoluciones americanas, descubrimos figuras cuya audacia política transformó el destino de todo un país. Una de las más determinantes fue Josefa Ortiz de Domínguez.

Conocida tradicionalmente bajo el título patriarcal de "La Corregidora", Josefa no fue una mera acompañante en los eventos de 1810 en Querétaro. Fue una pensadora republicana, una articuladora política y una estratega militar en la sombra.

En un tiempo donde la vida pública le estaba vedada a las mujeres, Josefa utilizó su posición para transformar su propio espacio doméstico en un centro de conspiración ideológica. Sensible a la opresión del sistema colonial sobre las comunidades indígenas, mestizas y criollas, no se limitó a simpatizar con la causa: financió el movimiento, organizó reuniones clandestinas y colaboró en la planificación del levantamiento insurgente.

El aviso que adelantó una revolución

Su papel más decisivo ocurrió en septiembre de 1810. Al ser descubierta la conspiración por las autoridades españolas el 13 de septiembre, su propio esposo, el corregidor Miguel Domínguez, se vio obligado a realizar cateos en las casas de la ciudad para capturar a los insurgentes. Para protegerla de ser arrestada junto al resto de los conspiradores, la encerró bajo llave en sus habitaciones —un gesto ambiguo, tan protector como silenciador, que terminaría siendo insuficiente para contenerla.

Lejos de resignarse, Josefa logró hacer llegar una advertencia urgente al alcalde Ignacio Pérez, quien se encargó de alertar a los líderes rebeldes de que la conspiración había sido descubierta. Aquella maniobra audaz desde el encierro obligó a Miguel Hidalgo e Ignacio Allende a adelantar el levantamiento armado, previsto originalmente para el 1 de octubre, a la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Sin la rapidez mental de Josefa, la insurgencia mexicana habría sido aplastada antes de nacer.


El precio de la convicción

El precio que pagó por su convicción fue alto: años de prisión en conventos e internados religiosos —primero en Santa Teresa, luego en Santa Catalina de Siena—, aislamiento de su familia y el constante intento del poder real por quebrantar su espíritu. Jamás se retractó.

Incluso tras el triunfo de la independencia, cuando el efímero Imperio de Agustín de Iturbide buscó cooptar su imagen ofreciéndole el cargo de dama de honor de la emperatriz Ana María Huarte, Josefa lo rechazó categóricamente, por considerarlo contrario a los ideales republicanos por los que había arriesgado todo. Mantuvo esa postura firme contra cualquier nueva forma de absolutismo hasta el final de su vida, afiliándose en sus últimos años a grupos liberales radicales.

Mirar a Josefa Ortiz de Domínguez desde un feminismo latinoamericano implica despojarla del bronce oficial y devolverle su agencia política. Ella, al igual que las estrategas y espías que operaron en los Andes o en Nueva Granada, demuestra que la libertad de América no fue una concesión ni una idea exclusivamente masculina, sino un proyecto continental teñido por la determinación de sus mujeres.

📚 Bibliografía:

  • Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). "Josefa Ortiz de Domínguez: acusaciones realistas". Incluye el testimonio original del alcalde Juan Ochoa al Virrey Calleja (11 de septiembre de 1810), que documenta el rol activo de Josefa en la conspiración.
  • García de Alba, Gabriel. Serie Historia, Tomo CVIII, y Serie Hernández y Dávalos, Tomo V. Archivo General de la Nación (México). Aporte: fuentes documentales primarias sobre el proceso judicial contra los conspiradores de Querétaro.
  • Secretaría de Gobernación (SEGOB), Portal de Fomento Cívico. Aporte: cronología oficial de su vida, incluyendo su filiación con las logias yorkinas tras la independencia.

🔗 Enlaces de interés:

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario