miércoles, 29 de abril de 2026

Olympe de Gouges: La mujer que desafió a la guillotina por la igualdad

La Revolución Francesa prometió "Libertad, Igualdad y Fraternidad", pero al redactar su famosa Declaración de 1789, cometió una omisión histórica: olvidó a la mitad de la humanidad. Fue entonces cuando surgió la figura de Marie Gouze, conocida por la historia como Olympe de Gouges, una escritora prolífica y valiente que decidió que el silencio no era una opción. El grito de la Ciudadana En septiembre de 1791, Olympe publicó un manifiesto que sacudiría los cimientos del nuevo orden: la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. No fue solo un texto, fue un acto de guerra intelectual. Parafraseando el documento oficial de los hombres, Olympe denunció la hipocresía de una revolución que pretendía liberar esclavos mientras mantenía a las mujeres en la sombra. Su programa era radical y brillante. Reclamó lo que hoy nos parece básico, pero que entonces era una "ofensa" para la naturaleza: Derechos Políticos: Voto, ejercicio de cargos públicos y libertad de palabra. Igualdad Civil: Derecho a la propiedad, a la educación y a participar en el ejército. Justicia Familiar: El mismo poder dentro de la familia y la Iglesia, y el derecho al divorcio. Entre la pluma y el cadalso Olympe no se limitó a escribir; fue una militante activa. Fundó la Société populaire de femmes y dirigió el periódico L' Impatient. Sin embargo, su honestidad política la llevó a enfrentarse a los gigantes de su tiempo. Se manifestó contra la represión de los jacobinos y criticó abiertamente a Robespierre y Marat. Esta valentía tuvo un precio obscuro. Fue acusada de intrigas sediciosas y de ser una "realista reaccionaria". En 1793, sus propios compañeros de lucha la condujeron a la guillotina. La misma Revolución que ella defendió terminó cortándole la cabeza por el único "crimen" de creer que los derechos humanos eran, de hecho, para todos los seres humanos.
La construcción de la inferioridad El destino de Olympe es el ejemplo crudo de la construcción androcéntrica de la justicia. Mientras pensadores como Rousseau afirmaban que "toda la educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres", Olympe sostenía que la ignorancia y el desprecio por los derechos de la mujer eran las únicas causas de las desgracias públicas. Incluso los revolucionarios más radicales, como los enragés, terminaron dándole la espalda a las mujeres. Misóginos como Chaumette recriminaban a las mujeres que usaran la escarapela tricolor o el gorro frigio, preguntando: “¿Desde cuándo le está permitido a las mujeres abjurar de su sexo para convertirse en hombres?”. Un legado que no se puede decapitar La historia de Olympe de Gouges nos enseña que el avance de las mujeres está ligado a los avances del pueblo, pero que a menudo, cuando la revolución se estabiliza, el patriarcado intenta devolvernos al hogar. Tras su muerte, el Código Civil de Napoleón volvió a someter a la mujer a la tutela del marido, equiparando sus derechos civiles a los de las prostitutas. Hoy, recordamos a Olympe no como una víctima, sino como la pionera que tuvo la claridad de decir: "La mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos". Su voz sigue resonando en cada lucha por un mundo equitativo y sostenible.

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