El 7 de junio de 1968, las trabajadoras de
la planta de Ford en Dagenham (Inglaterra) dijeron "basta". Aquel
día, 187 mujeres dedicadas a coser las tapicerías de los asientos de los
automóviles se declararon en huelga. ¿El motivo? Una flagrante injusticia
laboral y económica: la empresa las había clasificado en la categoría de mano
de obra "no cualificada", mientras que los hombres que realizaban
tareas de similar complejidad eran considerados "cualificados", lo
que les permitía percibir un salario notablemente mayor.
Un
impacto imparable ante el sesgo mediático
Aunque miles de hombres continuaron
asistiendo a la planta, el paro de las costureras provocó un efecto dominó
insospechado: la producción de automóviles de Ford se paralizó por completo.
Pronto, el eco de su valentía resonó en otra fábrica de la compañía en el Reino
Unido, donde alrededor de 200 mujeres se manifestaron en solidaridad.
La respuesta inicial de Ford fue la
negativa absoluta a negociar, una postura respaldada por una maquinaria
mediática que intentó ridiculizar y deslegitimar la protesta. En un burdo
intento de censura y burla, un periódico publicó una fotografía de las huelguistas
sosteniendo una pancarta que decía "Queremos igualdad de sexos" (We
want sexual equality), pero deliberadamente doblada para que solo pudiera
leerse: "Queremos sexo".
Desmontando
el mito del "dinero para el bolsillo"
Las trabajadoras no solo se enfrentaron a
la corporación y a la prensa, sino también al machismo cotidiano de sus propios
compañeros de clase. Décadas más tarde, la huelguista Eileen Pullen recordaba
para el diario The Guardian la hostilidad de aquellos días:
"Algunos de los hombres decían: 'Bien
por ti, chica', pero otros decían: 'Vuelve a trabajar, solo lo haces por dinero
para el bolsillo'... Pero nuestros salarios no eran por dinero de bolsillo;
eran para ayudar con el costo de la vida, para pagar la hipoteca y ayudar a
pagar todas las facturas. No era dinero de bolsillo. Ninguna mujer saldría a
trabajar solo por dinero de bolsillo, ¿verdad? No si tiene una familia".
El
legado: un triunfo a largo plazo
Tras tres semanas de resistencia y en un
escenario económico complejo, las huelguistas aceptaron volver a sus puestos
mediante un acuerdo negociado por el gobierno laborista británico. Consiguieron
aumentar sus ingresos del 85% al 92% del salario masculino.
Aunque no alcanzaron el 100% de inmediato,
su determinación encendió la mecha legislativa: este movimiento fue el motor
principal para la aprobación de la Ley de Igualdad Salarial de 1970 en el Reino
Unido. La verdadera igualdad nominal en las plantas de Ford se resistiría un
poco más, consolidándose finalmente tras otra huelga histórica en 1984. Hoy, la
memoria de Dagenham nos recuerda que el trabajo de las mujeres nunca ha sido un
pasatiempo, sino el motor de la vida y de la justicia social.



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